Sombra del pasado
Primera parte: Controles alterados
Aquellos cuatro estaban en un domo construido del característico blanco cremoso del cuarzo frío.
La iluminación era tenue y deliberadamente escasa, especial para conspirar.
La única puerta permanecía custodiada por fuera, cerrada herméticamente. La cúpula tampoco tenía ventanas. Nada podía salir de ahí, ni siquiera el sonido, que se apagaba rápidamente en medio de un zumbido muy extraño que presionaba los oídos hacia adentro.
Los difusores PEM estaban encendidos. Sus luces verdosas apagarían cualquier implante electrónico, dejando sólo a la memoría guardar registro de la traición que allí se gestó.
— Está hecho — dijo Jaden, el Shidorl, rompiendo el círculo. Sus ropas ocre se levantaron levemente.
Se giró caminando en dirección a la puerta.
Los otros tres se miraron, pero sólo uno alzó la voz: —¿Y qué ganas tú con todo esto? —
Jaden frenó en seco y se giró levemente.
Era Obnet, el futuro Gobernante de los Pondaror. Tenía la voz fuerte y grave y un leve destello rojizo en sus ojos.
— Imprudente jovencito… — pensó Jaden, sonriendo por dentro — Los ojos Iyuwe ¿no?, ¿Acaso podrás ver algo? —
Entonces Jaden se volvió desafiante, se giró por completo, levantó la vista y le dijo: —¿Acaso crees que todos se mueven por oro y perlas, Pondaror? —
Las mandíbulas de Obnet se apretaron.
Respiró profundo. Pestañeó.
—¿Por qué mis ojos Iyuwe no funcionan con este viejo? He visto tantas veces el aura en el Shidorl de mi padre. ¿Qué truco ha usado? —
Obnet luchaba por contener su frustración y por mantener su rostro quieto. Miraba al Shidorl de pies a cabeza rumiando sus pensamientos. El zumbido le incomodaba. Miró a la central PEM para buscar la fuente de su desconcentración.
Jaden viendo la oportunidad dijo — Ya te lo he dicho… Hay muchas líneas de tiempo que apuntan en dirección a la destrucción total… Sabes que Darkón debe ser destruído, así como toda su prole, si crees que tu mente de Pondaror podría entender nuestras intenciones, te estás equivocando jovencito. — Caminó un paso hacia obnet y levantando el dedo le dijo: — Con tus ojos Iyuwe no puedes ver mis pensamiento ¿No, Pondaror? —
— Maldito anciano — Pensó Obnet. — Sabe que no puedo ver su aura. Lo sabe. — Tensó aún más la mandíbula, pero no pudo contener una sonrisa de desafío.
Jaden continuó. Sus palabras se apagaban y se perdían en el zumbido mientras las decía: — Los Kantorianos son sólo el comienzo para Darkón y no se detendrá. Esparcirá su cizaña entre las mentes del consejo de todo el supercúmulo, habrá muerte… aunque pierda el juicio, sea condenado y sancionado, se llevará la mente de varios que lo seguirán… ya sea por admiración, miedo o codicia. Quienes lo conocen saben que el emperador Darkón no repara en gastos, ni de oro ni de sangre… — Se acomodó las ropas y suspiró. Luego de un segundo de silencio susurró: — Sus Shidorls los están esperando con más detalles y… tú…— Y volvió a apuntar a Obnet con el dedo.
— Vas a aprender mucho de tu Shidorl cuando seas Gobernante. — sentenció finalmente el viejo con su voz gastada y gutural.
— Sabes lo que arriesgamos todos con esto. — respondió Obnet: — Cuesta creer que haces esto solamente por el bien del “universo”. Suena más bien a un plan tras bambalinas. ¿Qué haces sino manipularnos ahora a nosotros tres? —
Y cambió su voz a un tono burlesco e irónico mientras se giraba y le daba la espalda: — ¿Y me dices que los Shidorl no quieren un trozo de espacio cuando esto termine? —
Lo miró de nuevo y apuntó al resto de traidores del círculo — Esto es, al menos descabellado. Los conoces… Lo conocen. Si Darkón se entera de algo… — Y miró a los otros dos. Tenían una cara calma. Pestañeaban con lentitud y respiraban relajados.
Su rostro no pudo contener a su entrecejo que le delató de la sorpresa.
— Así debe ser, muchacho — Pronunció una boca de barbas blancas. Era Rayken, el tercer miembro del círculo de traición y emperador de la civilización Toulka.
Obnet miró al Emperador Rayken con sus ojos Iyuwe y vió un aura azulada alrededor de su cuerpo: — No tiene malas intenciones — pensó.
Obnet vió en Rayken un rostro apaciguado y tranquilo, devastadoramente sereno. Como si supiera el contenido de lo que pasaría.
Rayken dijo: — Mi Shidorl me ha profetizado estos hechos. Debemos concluir el pacto. Darkón es una amenaza. —
— Debes perdonarlo, Jaden. Obnet es jóven y no tiene un Shidorl todavía. — dijo Combu, el último traidor del círculo y Emperador de la civilización Rumi, mirando a Jaden y rompiendo el silencio.
Su voz tenía una entonación muy grave, con frecuencias exageradamente bajas.
Obnet miró a Combu usando sus ojos Iyuwe y vio que no tenía malas intenciones. Luego dijo: — ¿Y el Shidorl de Darkón? ¿Acaso no le advertirá de nuestras intenciones? —
Jaden Respondió: — Por supuesto que lo hará. Está destinado a eso, pero a su debido tiempo… Eres joven aún… y hay muchas cosas que todavía no entiendes. Estás aquí porque es tu destino, Pondaror. No lo olvides —
Y una onda se propagó en la mente de Obnet, fue como si la palabra destino le abriera un camino nuevo: — ¿Acaso ellos dos sabían todo lo que pasaría aquí? — Y cayó en un pensamiento involuntario en el que se abría un horizonte lleno de una luz grisasea: — ¿Acaso esta es su decisión o acaso están haciendo lo que sus Shidorl les dijeron que hicieran? —
Raykhen y Combu miraron a Obnet sin alarmarse. Obnet los miraba atónito mientras se preguntaba cuánto de aquello era simplemente fingir que se tomaban decisiones.
Luego de un momento en el que todos callaron. Jaden quiso salir del domo y dijo mientras caminaba: — No somos dueños del destino muchacho, sólo lo vemos, los hombres son dueños de hacer lo que les plazca. Nosotros solo vemos sobre esas decisiones —
Rayken se apresuró y dijo: — El Supercúmulo de Shaka y el Supercúmulo de Álbaran estarán a salvo, así como los demás. No podemos permitir que el universo sea destruido por un solo hombre y, menos por Darkón, Gran Consejero Jaden. —
Jaden disimuló un suspiro entre sus anchas ropas: — Así que es este futuro. El futuro del Ghoj —
Obnet se mantenía en silencio, procesando la revelación que acababa de tener y sus implicaciones: — Por eso me trajo, si hubiera traído a mi padre, su Shidorl le habría advertido que no podría ver su aura con los ojos Iyuwe. Y Miró una vez más a Jaden, pero esta vez con desprecio.
Combu dijo con una entonación que parecía más bien una canción monoinstrumental que subía y bajaba de tono a medida que inspiraba y exhalaba: — Mi Shidorl me lo advirtió… sabes que debe hacerse Jaden —
Raykhen prosiguió: — Debemos realizar el ritual del Ghoj. Así, nos aseguraremos de que todos estamos comprometidos. —
— El ritual del Ghoj — susurró Jaden.
Jaden asintió lentamente, aceptando la inevitabilidad del ritual. Con una mirada seria se acercó a la central PEM, al fondo del domo.
Desde sus ropajes sacó un pequeño puñal oculto envuelto en mantas de color ocre. Lo desenvolvió y dejó caer las telas.
Estiró su esquelético brazo izquierdo por fuera de su túnica.
El puñal, de un escalofriante filo, pasó rasante con un gesto rápido pero firme sobre su verdosa piel.
Cayó sobre sus rodillas mientras hablaba en su lengua natal.
Obnet sintió por primera vez que no era dueño de su propio destino. Se sintió parte de una gran corriente que arrastraba al universo, llevado mucho más allá de sus decisiones. Con aquellas gotas de sangre verdosa y la voz gutural del viejo se sellaba su propio futuro.
Jaden repetía: — Alaarcan saitsu alaarcan. Tay Lomdá nomad aicu nomad hominidi — Mientras la sangre corría por su brazo.
— ¿Quién recogerá su sangre? — Pensó Obnet.
Combu, comprendiendo la pregunta en el rostro del Pondaror, tomó aire y lo expiró diciendo: — Raiken lo hará —
Esta vez, sus palabras sonaron desde un tono más agudo pero finalizaron con el mismo tono grabe casi imperceptible característico del acento Ruminita.
Raiken se dirigió al mesón principal y desactivó los difusores PEM. El zumbido dejó de sonar. Fue como si el espacio les diera un respiro.
Cuando las luces verdosas se tornaron púrpuras sacó un pequeño frasco de Electroglass de uno de sus bolsillos.
Apretó el botón principal arriba de la tapa para encenderlo.
Caminó hacia el Shidorl que aún estaba arrodillado y extrajo un poco de la sangre que le corría por el brazo.
Obnet y Combu sentían como, con esas gotas de sangre verde, el universo comenzaba a inclinarse.
Cuando Rayken por fin cerró y hermetisó el frasco de Electroglass miró al resto y dijo: — Está hecho.—