Neurodivergencia
Carantos, era un Koratak puro, altivo y de actitud orgullosa. Delgado. Su nariz era puntiaguda y curvada hacia abajo. Sus labios eran de un tinte purpúreo y su piel muy blanca. Usaba tela de Nihilo negro como cualquier Koratak, pero no de guerra, sino más cómoda, para moverse, sentarse y hacer experimentos.
Carantos le miraba directo a los ojos, escrutando sus facciones, saboreando cada reacción en ella.
— Es solamente una alteración… digamos una mutación genética menor en sus neuronas. Es un Soporo… nunca nos preocupamos por eso. Este examen no distingue entre neurodivergentes y neurotípicos. Es prácticamente una mutación erradicada de un universo primitivo. — Decía.
Carantos era uno de los pocos que se atrevían a mirar al emperador a los ojos sin ser un familiar directo. Pero Darkón lo asociaba siempre con sinceridad, por lo que no le molestaba del todo.
— ¿Viste lo que este Sporo les hizo a esos hombres? — Dijo Darkón apretando los dientes.
— Lo ví señor — respondió Carantos.
— ¿Entonces por qué me dices que es una mutación menor? Este Sporo mató a diez hombres… entre ellos un Comandante y un Teniente. —
Carantos respondió: — Los neurodivergente tienen una mutación a nivel cognitivo. Son, digamos, más abiertos a los estímulos externos… — comenzó a caminar. Subió unas escaleras delgadas a un estante que estaba casi en un segundo piso y sacó un libro de papel con la mano.
Bajó y se lo mostró a Darkón. Lo abrió y mostró un dibujo arcaico de lo que parecía ser una neurona.
— Hasta donde sé, este Sporo podría ser el primero de su tipo. Nunca alguien de su especie nació con esta mutación. De hecho esta información se remonta a la época de los Telikitas. Aquí.. Aquí lo dice —
— ¿Telikitas? — Se preguntó Darkón. Luego dijo: — Ha estado consumiendo la seta mutada ¿Tenemos su sangre? —
— Sí — respondió Carantos — Aquí está su análisis. —
El científico caminó a una de las mesas de cristal y tomó una pantalla táctil que mostró a Darkón.
Darkón leyó un resumen de la salud de Gene, tipo sanguíneo, enfermedades, tipo de cuerpo, estimación de vida útil y con letras rojas una pequeña alerta que indicaba una mutación genética en un segmento de las hélices de su ADN. — Necesitamos una muestra de su espina dorsal, mi señor —
— Envié a Gladius a ocuparse del asunto.
Ya lo está buscando. Haz pruebas con la sangre que tenemos y la seta mutada a ver qué encuentras —
— Sí señor — Exclamó Carantos llevándose ambas manos al pecho.
En ese momento entró otro de traje de Nihilo del tipo militar.
— Lo espera señor. En su salón personal —
Darkón se giró para mirarlo y asintió.
El Shidorl de Darkón quien permaneció oculto hasta el último momento entre las sombras, apareció desde la oscuridad y siguió al emperador.
Los tres salieron caminando del laboratorio hacia la habitación personal de Darkón.
Caminaron un rato por los pasillos de la nave. Su ropa negra muchas veces se confundía con las sombras de los pilares o de algún recobeco, exteriorizando la oscuridad que habitaba en ellos.
Llegaron a un salón con luces tenues y muchos monitores de vidrio. Estaba todo apagado, se veía desolado. El militar que los acompañaba se quedó en la puerta, Darkón entró y su Shidorl lo siguió, pero lo interrumpió con una mano en el pecho.
— Tú te quedas — Le dijo mirándolo de reojo.
El Shidorl se detuvo de sopetón y quedó ahí erguido inmóvil.
Darkón avanzó por entre los mesones de cristal transparente y madera llegando a una puerta trasera al otro lado de la habitación.
Entró en una pequeña sala iluminada tenuemente, el que lo esperaba estaba sentado en un sillón de cuero de grammer marrón.
Cuando vió a Darkón se paró de inmediato y lo saludó: — Saludos Darkón —
Hizo una reverencia propia de los Shidorl.
— ¿Qué tal Jaden, viejo amigo y miembro del Gran Consejo. ¿Qué te trae por aquí ahora? — Dijo Darkón en tono de burla.
— Sabes por qué vengo. Tengo noticias — Dijo el Shidorl mientras caminaba hacia una pequeña ventana de vidrio. Se concentró en mirar afuera: — Noticias sobre el futuro, Emperador. Pero primero necesito — Dijo volteando para mirar a los ojos a Darkón — Que me asegures de que sólo tú vas a escuchar lo que voy a decir. —
— Pero por favor Jaden, ¿Cuando te he fallado?. Te doy mi palabra. Oefus, mi Shidorl, se ha quedado afuera. —
— Bien — Replicó Jaden volviendo su mirada hacia el negro azulado profundo.
— Es Obnet. Está enfurecido por la muerte de su padre. — Y nuevamente lo miró: — Los Kantorianos atacaron la nave en dónde iba su esposa. Está en un estado de shock ahora mismo. Pasará así un tiempo. Perdió a su padre y su esposa en manos de los Kantorianos. —
Darkón dijo: — ¿Iba su esposa? ¿Cómo se llamaba? —
— Darayana —
Darkón dijio: — Claro… Darayana se llamaba. — mientras pensaba: — ¿Acaso Jaden no sabe que nosotros provocamos ese ataque y que las pruebas en contra de los Kantorianos las plantamos nosotros? ¿O lo sabe y solo juega conmigo? ¿Si no lo sabe significa que en el futuro esta será la versión oficial?.—
Jaden por su parte seguía hablando: — La mataron y mataron a toda su tripulación. Era una nave autorizada sin fines bélicos, ni de exploración y extracción. ¿Sabes cuál era el motivo de su viaje? —
Darkón levantó las cejas y los hombros — Emmm.. pues no lo sé —
— Analizaron el robot Kantoriano que mató a Greonet y a Triana, tu Generala Suprema. Finalmente lograron rastrear un pedazo del silicio hasta su cúmulo, cerca del planeta Kantor.—
Darkón lograba disimular una cara de sorpresa por lo que escuchaba.
— Fueron ellos Darkón. Los Kantorianos mataron a Triana — Darkón cerró los ojos conteniendo una sonrisa.
Se giró para que su rostro no le delatase.
Suspiró profundamente y dijo — Así que fueron ellos. Malditos Kantorianos. Esta la pagarán — mientras pensaba — Maldito Jaden. Aún no puedo decidir si está jugando conmigo o no. ¿Por qué él no sabría lo de nuestro ataque? ¿O acaso solamente está siendo políticamente correcto? —
Darkón se giró nuevamente con facciones sombrías sobre su rostro y le dijo: — Me pondré en contacto con él si es lo que quieres. Esos malditos Kantorianos me la pagarán. —
Los ojos de Darkón se situaron en la misma ventanilla que daba al negro espacio exterior, pero su mente divaga mucho más lejos… En la razones del actuar del shidorl.
— ¿Pero acaso crees que soy un estúpido? ¿Acaso crees que no sé que estás detrás de todo esto? Darkón. Recuerda quien soy — Y Darkón vió la altivez y el portento del Shidorl incluso en su baja estatura.
Darkón apretó los dientes. — ¿Cómo se atreve? — pensó.
— Tu actuar lo ví hace muchos ciclos ya. — Indicó Jaden levantando el dedo índice de la mano derecha: — No debes dejar que Obnet se entere. Debes traerlo acá. No puede ir en tu contra. Si se entera, todo el plan se arruina. Se aliará con los Kantorianos y será tu final. Aún así, Darkón, no debes matarlo. Si lo matas, no habrá camino para tu en los hilos del destino. Creeme, haz lo que te digo y los planetas que ganes después de la guerra, asegurarán la supremacía koratak en ambos supercúmulos. Marcando el inicio de una una nueva era. —
Siguió diciendo:— Y este será el destino de mi predicción. Obnet no debe morir en manos tuyas Emperador. Grimmor, emperador Kantoriano, lo hará. Ha sido engañado. Cuando lo tenga y lo mate, comenzará el inicio del fin. —
Darkón miró a Jaden directamente a los ojos conteniendo su ira: — No deberá morir a manos tuyas — le decía el Shidorl.
Darkón tensó aún más la mandíbula.
— No deberás desobedecer este presagio. Darkón. Como ustedes dicen: Un futuro visto, es un futuro que no se puede cumplir, ¿no? Si no lo haces, tu futuro no se cumplirá y morirás sin haber conquistado nada. —
Darkón suspiró
— ¿Cómo se atreve? ¿Quién se atreve a darle órdenes al Emperador Darkón? — Pensaba.
— También hay otra cosa. — Dijo Jaden.
Darkón, en un segundo unió cabos sueltos, su conciencia se estremeció.
Sintió que algo emergía desde la parte trasera de su mente, llevándolo a un estado en el que se sentía pequeño. Se sentía pequeño y encerrado en una caja. Sentía que todo su plan podía estar comprometido.
— Hay un Sporo — le dijo el Shidorl.
Darkón pensó. — Maldito Shidorl, ¿Cómo lo sabes? ¿Acaso este Sporo será alguien que conocerá a Jaden?. La mayoría de los Sporos jamás han visto a un Shidorl. — Y miraba a Jaden escrutando sus facciones — Pero este Sporo es mío. Es MI experimento. Yo lo creé. Tiene en su sangre MI seta. Mi querida seta. —
— No se de quien me hablas — Replicó entonces Darkón, midiendo cada uno de los sonidos que salían de su boca. Y se encogió de hombros.
— Gene es su nombre — le dijo incisivamente el Shidorl. — ¿Sabes Darkón? Hay muchas cosas prohibidas en este mundo. Volver de la muerte, viajar al pasado y mentirle a un miembro del Gran Consejo. ¿Lo entiendes verdad?
Darkón se puso de pie: — ¿Cómo se atreve? Maldito. —
— ¿Qué gano yo con mentirle a un ser que puede ver el futuro? — Y lo miró a los ojos — De seguro también sabes que otra de las cosas prohibidas en este universo es hablarle así a un emperador de mundos ¿No, miembro del Gran Consejo?. — Jaden se irguió.
— Pero más allá de eso, ¿Dudar de la palabra de uno? — finalizó Darkón.
Jaden entonces se inclinó hacia adelante e hizo una reverencia al emperador marcando el fin de la conversación.
Darkón le dijo: — ¿Quién ha engañado a Grimmor? ¿Has sido tú? ¿Cómo sé que ese maldito Kantoriano no ha puesto imágenes en tu cabeza? —
Jaden se levantó y lo miró sin pestañear. Escrutando cada facción del rostro del Emperador.
Darkón observó uno y otra vez la respuesta futura del Shidorl con su Khandú, encadenando en cada segundo una visión:
— No he sido yo — respondió el viejo.
Darkón lo miró por última vez en el presente y con un gesto de hastío levantó la mano derecha en dirección a la salida: — Mentira!!! Me está mintiendo este maldito Shidorl —
Cuando Darkón quedó solo, luego de un rato, miró por la pequeña ventanilla al negro espacio profundo.
— ¿Cómo se atreve este maldito anciano a darme órdenes? Maldito Shidorl. —
— Hazlo —
Silencio.
Darkón se quedó quieto escrutando sus recuerdos. Miró atrás y no vió a nadie.
Miró de nuevo en todas direcciones. Estaba solo.
Suspiró.
— ¿Quién me ha hablado? —