EL Karma de Jaden

Darkón quedó absorto. Hundido en sus pensamientos. Con la mirada perdida en aquella pequeña venta que aputaba al negro universo.

En su mente recordaba las miradas punitivas de Jaden. Las órdenes que le dió y lo que le dijo que pasaría si no las obedecía.

Sentía que no era dueño de su destino. Sentía una larga carcajada en las ondas del universo con la voz de los Shidorl. Era como si quisieran reirse de él.

Jaden sabía su plan, lo sabía perfectamente y ahora estaba detrás de uno de sus experimentos: — Nunca se ha interesado por uno — pensaba.

Miró a la derecha a través del umbral que quedó abierto y vió algunas siluetas hablando afuera.

Se paró y caminó a la salida. Ahí encontró a Jaden hablando con Oefus, su Shidorl, quien levantaba enérgicamente las manos y negaba con la cabeza.

Darkón pensó: — ¿Quieres que mantenga a Obnet cautivo para que no averigüe la verdad, no, Jaden? — Y entrecerró los ojos: — Vamos a mantener todo secreto entonces —

Llegó Carantos por la entrada principal. Miró a ambos Shidorl sin darles importancia.

En ese momento, Jaden hizo callar a Oefus acercándole la palma de la mano a la boca para escuchar lo que Carantos le decía a Darkón: — Tengo más información sobre la neurodivergencia del Sporo, señor —

Darkón miró a Jaden. Jaden lo miró de vuelta.

— ¿Neurodivergencia? — dijo Jaden mientras se acercaba a Carantos.

Carantos miró al Emperador, quien no cabía en sus casillas. — ¿Acaso dije algo que no debía? — Los ojos de Darkón apuñalaban la psiquis de Carantos.

Darkón le levantó las cejas a Carantos para que respondiera: — Es una extraña mutación genética. Una muy leve, es solamente un caso de estudio, nada importante —

— Pero si no fuera tan importante no llegaría a oídos de un Emperador de mundos, ¿No es así? — Decía Jaden mientras se acercaba. Miró a Darkón.

— Ah, si… ese Sporo. El neurodivergente — dijo Darkón sonriendo amablemente a Jaden. — Lo olvidé por completo. Ven entremos de nuevo. Carantos, transfiere la información a la sala contigua, estaré con Jaden. — Entonces Darkón le tomó la mano a Carantos y le dió tres golpecitos con el dedo índice en la palma.

Carantos abrió los ojos y miró al emperador. Un segundo fue suficiente. Darkón le extendió la mano amablemente a Jaden para que entrara con él mientras Carantos evacuaba la sala.

Darkón encendió el holograma del mesón principal y leyó: — Gene-Shaitca, conocido coloquialmente como Gene-sha o Gene. Oriundo del planeta Brieff. Padre: Brahm-Shaitca, Madre: Moira-Shaitca, Portadora de Calindra… — Ambos vieron una tabla que indicaba los datos corpóreos de Gene.

Jaden sintió de pronto un escalofrío. Una brisa helada le recorrió la espalda.

Se sintió incómodo: — Algo no anda bien — pensó. Enseguida usó su visión del futuro para comprender qué era lo que sentía. Pero veía un futuro borroso.

Miró a Darkón y lo vió sonriendo: — ¿Quieres saber más sobre los Sporos neurodivergentes? —

Darkón caminó hasta Jaden y le dijo al oído: — Yo los creé — Jaden se alarmó mientras Darkón pronunciaba: — Y no voy a dejar que nadie se interponga en mi camino. —

Jaden se asustó y dió un paso atrás y le dijo: — Sabes que los neurodivergentes se extinguieron hace mucho tiempo. Lo que estás haciendo son experimentos prohibidos —

— Lo sé — replicó Darkón: — Y haremos más… crearé más neurodivergentes — Y su sonrisa se intensificó: — He creado una nueva seta —

— ¿Una nueva seta? — preguntó Jaden haciendo un gesto de asco. — Sabes que esto está prohibido, sabes que hay entes reguladores para todos los potenciadores de todas las especies. —

— Si… Claro que lo sé — Respondio Darkón con una calma abrumadora: — Pero ¿Acaso crees que eso me detendrá?. —

Darkón caminaba por detrás de Jaden mientras hablaba — Sabes que el emperador Darkón no le rinde cuentas a nadie. ¿Por qué razón crees que le pediría permiso a alguien para hacer lo que él quiere hacer? ¿Acaso todas las razas y especies de este gran universo no hacen lo que les place hacer? aah… lo olvidaba, no pueden ¿No es así? Está el Gran Consejo Shidorl, capaz de coartar las libertades de las facciones. —

Darkón se acercó a una consola que había cerca a una pared negra. y presionó un botón mientras le preguntaba a Jaden: — ¿Sabes lo que es la hipnosis? —

— Claro que lo sé… es de cultura general. — Respondió Jaden con una marcada incomodidad. — Es una práctica de guerra antigua. — Y escuchó un cerrojo en la puerta de la habitación. Miró hacia la puerta rápidamente, igual que un roedor convirtiéndose en presa de un ave cazadora y miró a Darkón nuevamente. Este apretó otra serie de botones para bloquear los sonidos de la sala y dijo: ¿Y sabes lo que es la auto hipnosis? —

— ¿Auto hipnosis? — Dijo Jaden mientras caía presa del pánico. Su visión se cerraba en negro y solo veía los ojos de Darkón.

Miró hacia arriba hacia el techo oscuro mientras se llevaba su mano derecha a la boca preso de sus predicciones.

En su mente se fragmentaban las visiones. En varias veía su propia muerte. En otras se veía escapando.

Pestañeaba rápido para, de alguna forma, soportar el peso que recaía en su mente y que le hacían tener un rostro de pavor.

Las visiones se complicaban. Tomaban caminos intrincados. Su muerte se propagaba a cada una de ellas.

Darkón siguió hablando. — ¿Sabes? Recuerdo haber leído, hace mucho tiempo un texto muy antiguo. — Y camino hacia el centro de la sala para mirar mejor a Jaden, a quien le tiritaba el mentón del asombro por sus visiones.

— Un texto que fue encontrado en una de las tantas expediciones buscando un lugar próspero para nuestra nueva seta. En una cueva sellada con tecnología antigua. Nos costó mucho traducirlo…. ¿Sabes por qué? —

Aunque Jaden no respondió pudo escuchar todo lo que Darkón decía: — Porque era un idioma olvidado. Era un libro de piedra fosilizada, muy delgado. Cortado en láminas muy finas. Enterrado en las profundidades de un planeta olvidado. ¿Conoces a la civilización Sumerik? —

Y Darkón veía como Jaden jadeaba mirando en diagonal hacia arriba. Sus ojos parecían querer voltearse hacia atrás: — Pues yo tampoco la conocía. Y gracias a nuestras máquinas pensantes pudimos restaurar el idioma. Costó muchos ciclos traducirla, finalmente comprendimos que hablaba sobre otra especie olvidada ¿Has oído hablar de ellos, viejo Shidorl? —

Y Darkón se posicionó de frente al Shidorl a una distancia de unos seis pasos largos y entre abrió las piernas diciendo: — ¿Has oído hablar de los Telikitas? —

En ese momento a Jaden se le fueron los ojos completamente hacia atrás y sus pupilas desaparecieron de sus cuencas. Suspiró fuertemente mientras llevaba sus manos adelante y hacía gestos confusos, como separando unas grandes cortinas.

En su interior pasaban miles de imágenes inconexas de varios futuros posibles. Eran como líneas o cuerdas que colgaban de algo infinito y cada cuerda tenía en su interior una película de un futuro por cumplirse.

Poco a poco todas las cuerdas se fueron tornando oscuras… casi negras, de un color lúgubre parecido al gris oscuro de las paredes de la habitación.

Jaden intentaba, cada vez más infructuosamente, buscar la cuerda que necesitaba.

Darkón lo miró sin expresiones en su rostro y le dijo: — Eso es lo que recuerdo por ahora. ¿Pero sabes lo que no recuerdo? ¿He? ¿viejo amigo?. La autohipnosis tiene muchas características y una de ellas es precisamente poder jugar con nuestra mente. — Y Darkón se acercó al Shidorl que movía sus manos como separando algo y se inclinó para quedar frente a él.

Vió como sus pupilas iban y venían, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo del fondo de sus cuencas.

— Interesante — dijo Darkón — ¿Qué es lo que estás viendo? Si de algo me ha servido la hipnosis es ver el futuro como tú, viejo… Veo muy claramente lo que pasará ahora… ja ja ja ja ja… veo que pasará algo que no recuerdo. ¿Y sabes cómo lo haré? ¿Quieres saber cómo lo haré? ¿He Shidorl? ¿Quieres saber o no? Yo creo que si… Mira —

Entonces Darkón caminó hacia atrás a los mismos seis pasos del momento anterior. — La hipnosis me enseñó que nuestra mente tiene capas, algunas más simples y otras complejas y profundas. —

Darkón respiró profundamente mientras abría sus manos a sus costados, las llevaba arriba y las juntaba en medio bajándolas juntando ambas palmas y diciendo: — No recuerdo lo que no recuerdo. Pero si recuerdo algo. Recuerdo algo muy simple, recuerdo un sonido, un pitido. Que se reproducirá si presiono este botón de mi antebrazo: — Y Darkón extendió su brazo izquierdo mostrando un panel negro con tan solo un botón iluminado de rojo. —

En seguida lo presionó y comenzó a sonar un pitido muy fuerte.

Para el Shidorl este pitido fue un estruendo mayor, uno que nunca había oído y lo paralizó del dolor.

Solo atinó a ponerse las manos en los oídos mientras caía de rodillas jadeando.

Darkón también cayó de rodillas ahogando un grito de dolor mientras se agarraba la cabeza con ambas manos. Finalmente recordó que estaba en una sala gris recostado desnudo sobre una camilla. También estaba Carantos, científico y doctor. Quien le daba un brebaje amargo y lo dejaba solo.

Entonces Darkón recordó lo que no recordaba, el contenido de su auto hipnosis, el recuerdo de la convicción de hacer algo, algo que estaría fuera del recuento del tiempo.

También estaba ahí lo que se había obligado a olvidar en otras sesiones. Fue como si sus recuerdos se abrieran ante él.

También recordó cuando un pensamiento se le vino a la cabeza hacía ya mucho tiempo: — Los Shidorl no pueden leer la mente —

Jaden ahora, paralizado, veía su muerte, pero no la vió hasta que fue tarde, hasta que sus visiones ya no tenían otra salida y todas la mostraron. Hasta que estuvo encerrado y sin salida.

Darkón, en su mente, recordó su plan y cómo se fraguó.

Debía comprobar su teoría.

Entonces se irguió recordando todo su plan malévolo y recordando también que olvidaría todo cuando el pitido desapareciera. — Si no está en mi mente ni antes ni después, no podrán ver nada. Si todo sale bien, mis acciones estarán en el punto ciego de su oráculo. —

Jaden por su parte a pesar de sus esfuerzos para buscar la línea temporal en la que no moría, sentía un agudo dolor en su pecho que se colaba desde el futuro. Cada vez más punzante. Cada vez más real, hasta que se quedó sin respiración. Sus movimientos se paralizaron cuando sintió que una lanza le atravesaba el pecho.

Darkón había utilizado el Khandú en su máxima expresión e hizo sentir el dolor de la muerte a Jaden exactamente cinco segundos antes de que sucediera realmente, por lo que su agonía se sintió eterna.

Mientras Darkón sacaba la daga cónica del pecho del shidorl, Jaden pronunció de manera débil, moribunda e imperceptible: — ¿Pero quien? ¿Quién ha movido los controles?.

Darkón lo tomó en su brazos mientras caía y lo dejó suavemente en el suelo. Moría haciendo gestos con sus manos y murmurando: — ¿Quien ha estado modificando los controles? —

Al mismo tiempo del último suspiro de Jaden dejó de sonar el pitido. Entonces Darkón comprendió que tendría solo unos pocos segundos antes de olvidar todo.

Se enfundó el arma, caminó hacia la puerta principal, presionó unos botones de la consola y la puerta se abrió.

Salió a la primera habitación de prisa borrándose su memoria en los tres siguientes pasos.

La puerta se cerró tras él dejando al Shidorl muerto tras ella. Miró a Carantos quien aún esperaba muy tranquilo de pie mirándolo: — ¿Mi Shidorl? —

— Está afuera, mi señor —

Carantos caminó rápido a la habitación interior.

Darkón se arregló sus ropas y salió encontrándose con su consejero real: — Sígueme Shidorl, tenemos muchas cosas que planear. —