El sueño de Kúrus
Kúras entró caminando rápido a su laboratorio.
Vió como las luces blancas desbordaban su luz mientras se abría la puerta.
Apretó los libros y papeles que traía bajo el brazo. Sacó su pantalla táctil y caminó adentro.
En la sala los esperaba su equipo: Flavia, Lorca, Dugmu y uno nuevo.
— Buena tardes — dijo Kúrus al entrar sin mirar a nadie. Rodeó la mesa y extendió los papeles en ellas. Todos le ayudaron a ordenarlos.
Kúrus miró al nuevo y le dijo: — ¿Eres Yoi, no es así? —
— S… Sí señor. A su servicio. — Dijo Yoi — Me han trasladado como aprendiz bajo su tutela señor. Y mediante su petición. —
Kúrus entonces dijo: — ¿cuánto tiempo tenemos? —
Flavia respondió: — Cuando se descarguen los logs de auditoría de la simulación. ummm.. unas dos semanas —
— Bien, tiempo suficiente. Tenemos que hacer una inspección exhaustiva. Tienes los logs desde el inicio ¿No? —
— Sí mi señor — dijo Flavia.
— Envíamelos por favor y ponlos en la pantalla —
Entonces Flavia tocó unos botones de su pantalla táctil y puso la información para que todos pudieran verla.
Kúrus apuntó a una línea verde que se dibujó en la parte de abajo.: — Aquí… ¿Qué es esto, por que hay una línea amarilla que cruza esta línea verde? Agrándalo. Hazle zoom —
Entonces en la pantalla principal se abrieron los colores y el foco navegó hasta la intersección de las líneas.
— Esta.. Esta línea amarilla de donde viene? —
Después de un momento de silencio. Todos se miraron extrañados cuando flavia dijo: — Del sector nueve, señor —
— ¿El sector nueve? Pero qué… ¿Pero qué es esto? —
Yoi preguntó levantando un dedo: — ¿El sector nueve? ¿Quienes son? —
Kúrus se puso una mano en los ojos y dijo: — Qué alguien le explique por favor —
Lorca dijo: — El sector nueve es un sector prohibido en nuestra sociedad. Te vas a enterar de muchas cosas trabajando con nosotros. —
Dugmu dijo: — Son enfermos. Son un cáncer. Un vicio. Los del sector nueve viven en las simulaciones. Han abandonado toda fé y esperanza en su propia especie. Incluso se dice — y Dugmu se acercó a Yoi por encima de la mesa y le susurró: — Que tienen relaciones sexuales con los seres de las simulaciones —
— ¡Yaik! — Exclamó Yoi con un gesto de asco.
— Y es más — dijo Lorca. — Como pueden cambiar la realidad a su antojo, se dice que se pierden en orgías eternas dentro de las simulaciones. Es realmente asqueroso. —
— Si y otros consumen sustancias allá adentro, comen, viven y duermen como un ser simulado. Hay edificios completos, llenos… Los tienes que ver algún día, de Telikitas postrados, alimentados por tubos, con la piel ulserada, enfermos y desnutridos. Prefieren morir a vivir con nosotros. — mencionó Dugmu que volvía sobre su silla.
— Hay ya.. basta — dijo Kúrus: — Flavia, por favor averigua en qué parte de la simulación están los del sector nueve por favor. Ahora todos vamos a descansar un poco. —
Luego de un rato, Flavia volvía con los resultados de la investigación.
Todos se reunieron en la mesa para ver la pantalla.
— En resumen, no es nada… — dijo Flavia desanimada: — Entran a divertirse solamente. Algunos se quedan drogados casi toda su vida, sentados en una posición incómoda. No he podido llegar a sus imágenes. Solo logré ver sus firmas calóricas. La mayoría va a un planeta errante que vaga por varios cúmulos, nada importante. Otros van a un planeta marcado como planeta semilla —
Kúrus se encendió: — Q… ¿Qué? —
Golpeó la mesa con las manos y miró a Flavia: — Muestrame flavia, muéstrame qué planeta. —
— Claro — dijo la chica buscando los datos en su pantalla. Luego dijo: — Aquí está.. está cerca de Andrómeda —
Kúrus ya no podía más. Sabía el nombre de aquel planeta antes de que Flavia lo nombrara.
— Se llama planeta TI-369. Más conocido como Tiamat. —
Kúrus se agarró la cabeza con ambas manos. — No puede ser… — exclamó: — Mi planeta semilla… no… —
Lorca le explicó a Yoi: — Es su planeta preferido. Ahí hace crecer a los neuro divergentes. Es el experimento más importante de nuestra división. Por eso podemos ver y entrar a todas las granjas de simulaciones. Por eso podemos acceder a los datos del sector nueve —
Yoi asintió mirando a la pantalla con los ojos de un niño viendo un juguete nuevo y dijo: — Terrícolas —
Dugmu dijo: — Es el gentilicio de la gente de ese planeta —
— guuuoooaaa… — exclamó Yoi con fascinación.
Kúrus dijo: — No… mi tan preciado planeta. Debo entrar ahí, hace mucho no voy. ¿Cómo estarán? — y se lamentaba.
Luego golpeó la mesa. Los demás ya no se inmutaban.
— Hay un neurodivergente que es nuestra prioridad. ¿Lo recuerdan? —
Entonces Lorca y Dugmu explicaron a Yoi quien era Gene y por qué era importante.
— Exacto — exclamó Kúrus. — Ese neurodivergente no lo programé yo… Hasta el momento y con nuestro gran nivel de acceso no sabemos cómo, ni quien lo hizo… es… fascinante. — Decía Kúrus cambiando su expresión.
Luego, desde una esquina de la pantalla comenzó a titilar una pequeña alerta en rojo. Y unas letras que decían “Acceso no autorizado. Desde sector 9”
Entonces Flavia apretó unos botones y el zoom de la pantallas fue a la intersección y se perdió en un punto negro. Luego emergieron letras de color verdoso y iban y venían en todas direcciones como rayos de una tormenta. Poco a poco se dibujó el espacio.
La vista era controlada por la pantalla táctil de Flavia. Se paró. Avanzó rápidamente hasta quedan frente a un sistema solar visto desde arriba: — Entramos — dijo mirando a Kúrus.
— Síguelo.. sigue la señal, ¡Rápido! — exclamó Kúrus.
Flavia presionó otros botones y la pantalla navegó a velocidades superlumínicas por el espacio llegando a un planeta.
La cámara se internó en él. Bajó por su atmósfera gris y apagada. Llegó a unas nubes que cubrían todo. Fué a un cordón montañoso y se metió en una cueva.
Los Telikitas se asombraron cuando vieron que en el espacio vacío de la cueva, donde no había nada, el espacio comenzó a replegarse sobre sí mismo.
— Ahí… ahí va a aparecer — Dijo Kúrus apuntando a la pantalla.
Luego desde el centro emergió un gusano de luz que distorsionaba la realidad doblando todo hacia su centro. Luego salieron más gusanos que caminaban por el aire. Poco a poco comenzaron a formar una figura humanoide y se fueron apagando.
Cuando desaparecieron, dieron el paso a un cuerpo humano que se formaba desde sus entrañas. Primero las venas y arterias, luego músculos y huesos. Su piel y terminaba con su ropa.
La realidad volvía a ser la misma una vez el ser se había formado.
El ser se golpeó la cabeza con las manos y se puso de pie. Salió corriendo de la montaña. La cámara lo siguió
— ¿Estamos en vivo? — preguntó Kúrus.
— Sí señor — respondió Flavia: — Completamente en vivo. Los tiempos se han igualado, mientras estemos viendo esta pantalla, ambos tiempos avanzan en paralelo. —
— Bien dijo Kúrus sin dejar de ver la pantalla.
El Telikita del sector nueve al salir de la cueva miró el cielo y vió una nave cayendo desde el cielo. Cruzando las negras nubes hasta el suelo.
Luego hizo un salto imposible. Todos se extrañaron.
— ¿Cuánto fue? ¿Unos diez, quince metros? — Todos asintieron asombrados.
Siguieron viendo.
EL Telikita dentro de la simulación era atlético, parecía que no se iba a cansar. Saltaba por entre los cerros y protuberancias subiendo varios metros en muy poco tiempo.
Luego de unos minutos llegó a la nave. Se había estrellado en el pico más alto de las montañas. Donde la nieve blanca es más copiosa.
La cámara lo siguió y se puso en la espalda. para que todos vieran lo que sus ojos veían.
Salieron dos personas de la nave. El Telikita corrió tras ellos con una velocidad sobrenatural y golpeó al primero dejándolo inconciente.
Luego saltó a la espalda del segundo y también lo golpeó para dejarlos tirados en la nieve.
Kúrus no respiraba. Sus ojos estaba tan abiertos y su rostro estaba tan descuadrado que Flavia hizo una pausa en el video.
— Re… retrocede por favor — dijo Kúrus. — Ahí.. no, no más, más… eso.. un poco más.. ahí… —
El video quedó en la espalda del Telikita cuando vió que ambas personas de bajaban de la nave.
— Amplifícalo — dijo Kúrus: — Ahí.. ahí.. acércate a él. —
Entonces Flavia hizo zoom al primero.
Kúrus golpeó la mesa de nuevo, se desabrochó los botones de su traje para que su cuello respirara y dijo:
— No… no puede ser… ¿Gene? —
Todos lo miraron, sin comprender.
Flavia bajó lentamente la pantalla. Nadie habló.
En el silencio eléctrico del laboratorio, los pensamientos flotaban como partículas cargadas.
Kúrus se dejó caer en la silla más cercana. Su rostro estaba pálido.
— Es él. El neurodivergente no programado. El que jamás debió existir…
Y entonces, como si hablara consigo mismo, murmuró: — Ahhh.. ¿Quién eres Sporo?. —
El video siguió. La cámara mostró a Gene, inconsciente sobre la nieve, mientras el Telikita del sector nueve se giraba y miraba hacia la pantalla, como si supiera que lo estaban observando.
Sus ojos, dorados y sin parpadeo, atravesaron el espacio entre dimensiones.
Flavia miraba atentamente los tres pares de puntos que bajaba por su frente.
Dugmu miró su cuerpo atlético y bien formado, sus ropajes de color marrón encajaban a la perfección. No parecía un drogadicto.
Kúrus, por primera vez en siglos, tuvo miedo.
Luego de unos minutos de introspección. Ordenaron todo.
La sesión había sido contundente.
— El sector nueve se trama algo — dijo Kúrus mientras guardaba sus papeles: — ¿Pero que será? ¿Y por qué Gene está con ellos? Debemos rescatarlo. —
Todos quedaron en pausa. Kúrus sonrió y dijo: — Sí… sí.. que buena idea… hay que sacarlo. debemos traerlo aquí —
— Sí… — dijo Flavia. — Enseguida haré los preparativos —
Dugmu dijo: — Si Mikal se entera de lo del sector nueve, mandará a borrar la simulación completa —
— ¿Comprendes ahora por qué es un buen plan traer a Gene aquí? —
Dugmu sonrió con exaltación y dijo: — Sí mi señor, acompañaré a Flavia con los preparativos. —
— Muy bien — dijo Kúrus: — Lorca. Necesito averiguar en qué está Tailcod-Jair. Por favor revisa sus logs —
— Sí señor. — Respondió Lorca.
Yoi lo miraba inquisitivo.
— Tú Yoi — le dijo Kúrus. — ¿Sabes por qué te han asignado a esta investigación? —
— Me dijeron que usted necesitaba alguien con mis características, señor —
Kúrus dió una gran carcajada y dió un gran aplauso que resonó en toda la sala.
— Con qué eres neurodivergente, ¿no? —
— Sí mi señor. —
— Perfecto — exclamó Kúrus. Ven, te contaré todo. —
Kúrus lo sentó en una silla y comenzó a contarle todo desde el principio:
— Aquellos cuatro estaban en un domo construido del característico blanco cremoso del cuarzo frío. La iluminación era tenue y deliberadamente escasa, especial para conspirar. —