Recordatorio de sangre
Primero pasó Dummur. Ya recuperado de las heridas de la pelea con Darkón. Demeter le hizo una reverencia esperando a que cruzara el umbral.
Luego pasó Demetter.
Adentro un niño con la piel arrugada enfundado en su traje de robot los esperaba.
Dammeter pasó a una sala blanca, especialmente preparada para el encuentro. Muy lejos del gris oscuro poco iluminado que acostumbraban los Kantorianos.
Vió a Karkrauft parado al lado de Grimmor.
— Mi hijo me dijo que has atacado mi nave — dijo Demetter mirando a Grimmor.
— Pues parece que sí… — respondió Grimmor estrechando la mano alzada de Demetter.
— El plan ha salido perfecto. Todo se ha cumplido, palabra por palabra — dijo Grimmor mirando a Dummur. El Shidorl asintió.
— Queda poco para que finalice el plan. La Krasia está cerca. Tu padre viene por fin. — Dijo Dummur a Demetter.
— Mi padre. Vendrá — pensó Demetter y un destello de excitación brilló en sus ojos.
— ¿Estamos listos para la segunda fase entonces? — Dijo una voz desde un recoveco. Carantos entró en escena.
— Ahh Carantos. Mi querido médico — dijo Demmetter.: — Pasa… pasa… —
Carantos avanzó haciendo una reverencia.
— No ha salido todo, palabra por palabra. — mencionó Carantos con cierta excitación.
Todos lo miraron extrañados. Luego miraron a Dummur, artífice de la profecía.
Carantos se acercó a Demetter y le dijo algo al oído.
Demmetter levantó las cejas en señal de hastío, luego dijo: — El Sporo, ¿Lo tienen, no? —
Grimmor miró a Krarkrauft. Karkrauft mostró las palmas de la mano en señal de no tener nada: — No lo tenemos, se ha escapado. Una koratak lo ayudó. —
— ¿Una koratak? — preguntó Demeter.
— Una Generala Suprema — dijo Karkrauft. La del triángulo en la cabeza.
— Gya — dijo Demmetter. Luego indicó: — Además el Sporo no ha hablado. ¿Acaso no dijiste Dummur que esto pasaría? —
Dummur enseguida puso los ojos blancos e hizo gestos con la mano como separando las cortinas del tiempo.
— El plan sigue como está planeado. Solo hay pequeñas bifurcaciones —
Demeter lo miró con desagrado. Hizo un gesto de asco con la boca.
Le dijo a Carantos: — Y el chip de rastreo, ¿Se lo implantaste? —
— Sí, mi Emperador. Cuando estaba desmayado. El regenerador celular no dejó cicatrices —
— Bien. ¿Y la hipnosis? —
— Todo está hecho, mi señor. Le implanté los catalizadores en un recuerdo falso de su infancia. Uno con su madre. Jamás se dará cuenta. —
— bien — dijo Demetter y caminó hacia los Kantorianos.
— Lo he hecho. Soy invisible al oráculo de los Shidorl. —
Grimmor comenzó a sonreir mientras Demetter le explicaba su hazaña con Jaden.
— Aquella vez. Cuando mi padre me creó. En esa solitaria habitación de piedra. ¿Lo recuerdas Carantos?- —
Carantos asintió.
— Creó más que una simple disociación. Me creó a mí. Un dios que navega en las cortinas del destino de tu oráculo, Shidorl. Ya no está más con nosotros en este mundo. Jaden. Yo mismo he puesto fin a su vida. —
Grimmor rujía de la risa.
— Lo has conseguido… Tu padre lo ha conseguido — dijo Grimmor
Dummur no decía nada. Sólo lo miraba atentamente. Cuando escuchó lo que dijo puso los ojos blancos y un suspiro se apoderó de su alma.
Demmetter se acercó a él y le habló mirándolo directamente a esos ojos blancos y muy de cerca.
— El plan de mi padre debe cumplirse. No aceptaré más variaciones. No esperes tu destino, Shidorl. No vaya a ser que se corte a la mitad. Cuando llegue la Krasia no deben haber más cambios, ¿Me oyes? Tu vida depende de mí ahora. —