Una petición del destino

Entre el tumulto de las razas y especies, luego de la incómoda mirada de Darkón y las preguntas que flotaban en el aire, Obnet buscó la mirada de su padre.

— ¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué no estamos en nuestros aposentos? —

— Esperando una señal… — respondió el viejo Greonet. Su cabeza se balanceaba levemente, escrutando la estancia como si buscara algo en el tejido de la realidad.

De pronto, se tensó. Sus ojos cansados se clavaron en el ala este, donde una pequeña luz azul titiló tres veces. El viejo soltó un suspiro que pareció congelar el aire a su alrededor. — Así que proviene del ala este — murmuró para sí mismo.

Obnet, que estaba a punto de interpelarlo, se detuvo. Vio a su padre perderse en un pensamiento profundo, recobrando de pronto un vigor impropio de su edad. Greonet comenzó a caminar con una seguridad que obligó a Obnet a apartarse. Aquel cuerpo, aunque demacrado por los ciclos, seguía irradiando la autoridad de un Gobernador.

A lo lejos, por encima de las cabezas de los invitados, una mano de piel verdosa se alzó en respuesta. Greonet correspondió el gesto.

— Ven, quiero presentarte a alguien — dijo, sin detener su marcha.

Obnet lo siguió, flanqueado por el Shidorl de su padre y sus cuatro guardaespaldas. Al alcanzarlo, le tomó del brazo:

— ¿Quién es ese Shidorl al que saludas?

— Ya lo verás… será fundamental para tu carrera. Es sabio, Obnet. Escúchalo siempre —

Llegaron a una sala amplia, tallada en ese cuarzo frío que dominaba la nave. Las luces incidían sobre la roca blanquecina, dispersándose en una luminiscencia homogénea que no dejaba lugar a las sombras.

Desde la entrada este se acercaba una comitiva de cuatro Shidorl. Vestían túnicas idénticas pero de colores distintos. El líder, con sus ropas de color ocre, evocó en Obnet el recuerdo de Jaden y el Círculo de Traición. Pero fue el Shidorl a su derecha el que más llamó su atención: era joven. Sus facciones no habían sido reclamadas aún por las arrugas que caracterizaban a su casta.

Ambos grupos se detuvieron en el centro de la sala. Greonet hizo una reverencia solemne.

— ¿Cómo estás, viejo amigo? — la voz gutural del Shidorl anciano rompió el silencio. Extendió su mano derecha.

— Ya sabes cómo estoy, viejo Taga ¿No es así? — respondió Greonet, estrechando el antebrazo del Shidorl con una sonrisa.

Taga miró a Obnet, quien inclinó la cabeza con respeto.

— ¿Es él? —preguntó Greonet, señalando al Shidorl más joven.

— Así es —dijo Taga—. Este es Alarate.

Obnet observó las túnicas de Alarate. Eran del azul característico de los Pondaror. Un pensamiento helado le recorrió la espalda. Estaba frente a su futuro consejero. Su propio Shidorl.

— ¿Acaso mi padre está enfermo? — pensó, con el corazón en la mano —

Greonet leyó el miedo en los ojos de su hijo.

— Este es Alarate, Obnet. Él será tu Shidorl cuando seas Gobernador.

— ¿Te pasa algo, padre? ¿Estás ocultándome una enfermedad?

— ¡Ja! Ni se te ocurra — Greonet miró a Taga— Ninguna debilidad biológica le arrebatará la vida a este viejo. Anda, salúdalo.

Obnet y Alarate intercambiaron una reverencia. Taga puso una mano sobre el hombro de Greonet y lo invitó a caminar.

— Ven, querido Obnet, tenemos mucho que hablar — dijo Taga.

— Vayan — indicó Greonet — Los alcanzaré en un momento.

Mientras el grupo avanzaba, Greonet se acercó al oído de Obnet y lo retuvo un segundo. Sus palabras fueron un susurro cargado de urgencia.

— Debes ir a tus aposentos ahora, hijo. Escúchame bien: esto me lo ha dicho mi Shidorl. Todo debía ocurrir así, en este preciso instante —

Greonet lo miró a los ojos, despojándose de su máscara de gobernante para mostrar sólo al padre. Un anciano con los ojos llenos de algo profundo.

— Cuando suenen las grandes campanas que anunciarán el fin de la reunión Decacemal, tendrás exactamente diez segundos. En ese lapso, debes usar tus lentes inhibidores. Hazlo por mí, Obnet. Si no, te arrepentirás el resto de tu vida —

Antes de que Obnet pudiera articular una pregunta, su padre se alejó, dejándolo perplejo. Con la mente a punto de estallar.

Entonces Obnet caminó hacia sus aposentos. Consultó su reloj: faltaba una hora para la reunión.

Mientras tanto, en el ala este, Greonet y Taga caminaban alejados de los curiosos. En una habitación que parecía encoger los oídos, llena de un zumbido incesante. Especial para la privacidad de los asistentes.

— Tu litio — dijo Taga sin preámbulos. Su voz parecía apagarse al mismo tiempo que salía de su boca — Lo quieren por todas partes —

— Mi litio pertenece a mi gente y a mis antepasados — sentenció Greonet con una voz apagada — Y Honrar sus acuerdos es nuestra única señal de respeto —

— Habrá preguntas, Greonet. La Generala de los Koratak, Triana… ella será… — Taga se interrumpió, midiendo sus palabras.

— No te preocupes, Taga. Mi Shidorl ya me ha mostrado el camino. Esa luz azul que titiló hace un rato marcó mi destino. Triana será culpada por la baja de litio. Será expuesta ante todos en esta reunión —

— Amigo Greonet… sabes menos de lo que crees — pensó Taga para sí mismo.

— Ustedes no pueden leer la mente, ¿verdad? — continuó Greonet — Tenemos planes para nuestro litio. No hemos hablado con los Kantorianos, ellos no tienen nuestro mineral. Los planetas se agotan, es una ley física que incluso Darkón debería entender —

— Sabes que será acusado hoy. Darkón cree que le traicionas. La trampa está puesta — replicó Taga.

— Lo sé. Pero también sé que saldrá absuelto. No tendrá consecuencias —

Taga lo miró con un brillo en los ojos y le dijo: — No es así viejo amigo. Todo tiene consecuencias. Si sale absuelto, muchos verán el poder infinito de Darkón o quizás piensen que se le ataca sin pruebas. Pero otros verán el comienzo de su fin. Todo está dispuesto, es parte de la línea temporal escogida, lo sabes. El Consejo Shidorl es incorruptible, es el único eje que puede hacer algo y quienes sostienen este juego. Sin nuestra neutralidad, todo caería.

— ¿Neutralidad? — Greonet escupió la palabra con asco — Ja!!! — Ustedes permiten los ataques de este demente. Hablan de paz en la reunión Decacemal, pero saben que es una mentira. Cada ser de esta nave sabe que es mentira. Y lo que hace con sus prisioneros ¡Las imágenes están por todas partes! —

Greonet comenzó a toser, presa de la exasperación. Alarate lo sostuvo del brazo con suavidad hasta que el viejo recuperó el aliento.

— ¿Los has visto? —susurró Greonet con los ojos desorbitados — Hace aparearse a sus prisioneros… y lo que hace con las crías… es asqueroso. Alarmante —

Taga mantuvo la calma sepulcral de suespecie.

— Las inspecciones no muestran nada, ya te lo he dicho, Greonet. Solo espacio vacío en las coordenadas informadas. O el Shidorl de Darkón es corrupto — lo cual desmoronaría nuestra orden — o los informantes son efectivos desinformantes. No te alarmes, viejo amigo. No ahora —

Taga le palmeó la espalda con una melancolía oculta.

— Habrá otro juicio, mi amigo. Pero me temo que para esa fecha, tú estarás muy lejos de aquí. Tu mente debe ocuparse de lo que viene ahora. Muchos cambios se avecinan —

Ambos se sumergieron de nuevo en la multitud, mientras el zumbido quedó atrás dando paso al bullicio de la gente y al estrepitoso canto del destino cuando está a punto de ocurrir un cambio de era.