La segunda fase
Gene estaba sentado mirando la luz de la luna, en el borde rocoso de una colina, disfrutando de la brisa de Breef, su planeta natal.
El viento revoloteaba en sus vellos faciales, retrayendo el cansancio. Disminuyendo la tensión de sus músculos. Relajándolo.
El entrenamiento de hoy había sido duro. En particular para su mente. Los oscuros sueños sin sentido no lo habían abandonado aún y le seguían cada noche luego de dormirse.
Respiraba profundo y despacio con las manos hacia atrás apoyándose en la roca.
No podía evitar pensar en su madre, tenía que luchar por ella, tenía que llegar lejos lo más pronto posible y solo se conseguiría entrenando su mente, no vislumbra otro camino.
— Necesito despertar el Khandú. —
Suspiró al ver una estrella fugaz que se perdía en el negro y estrellado firmamento.
Buscó en su bolso de lino su pipa y su tabaco y elr oce suave de las yemas de los dedos con algo viscoso le llamó la atención.
Miró adentro y encontró un trozo de la seta Paradius-k del entrenamiento, seguramente un trozo quedó enganchado en algún recoveco.
— ¿De cuándo es? —
Miró al cielo agradeciendo al destino.
Faltaba poco para la hora de dormir, por lo que se subió la manga del brazo izquierdo, se presionó la piel al costado de la placa metálica embutida y abrió el fagocitador para introducir lo que quedaba de la seta.
Cuando se selló la cúpula, agregó tabaco a su pipa de madera y la prendió.
Daba lentas pero intensas caladas al tabaco mientras permanecía con sus ojos cerrados analizando lo que la seta le hacía a su mente.
Primero sintió una especie de mareo muy leve.
A pesar de que podía tocar la tierra con sus piernas, sintió que caía de pronto. Pasó las manos por el césped.
Luego sintió que la tierra debajo de sus piernas se movía, lo acompañó un bienestar duradero y profundo y los malos pensamientos se hicieron humo y desaparecieron por un segundo.
Algo se frenó en ese momento. Aquel sentimiento parecía ser duradero al mismo tiempo que se apagaba. Ese momento tocó realmente su corazón y quedó guardado en él. Porque aunque parecía eterno, no era más pasajero que un suspiro, y, así se dio cuenta que su dolor también, aunque parecía duradero, como aquella improvisada ráfaga de felicidad, era efímero.
— ¿Acaso el dolor se terminá en algún momento así como esta sensación? —
Sintió como todo, incluso él tenía un fin. Todo lo tenía
— ¿Entonces por qué estoy haciendo esto? — Se preguntó.
— Por mi madre, por su puesto… pero ¿por ella? ¿O por mi? — Pensaba y se escrutaba así mismo.
— No quiero verla sufrir —
— ¿No quiero verla sufrir? ¿Es por eso? — Respiró profundo.
— ¿Yo no quiero? — Y se introdujo en aquella idea.
— ¿Estoy haciendo esto por mi entonces? Yo sufro al verla sufrir. ¿Acaso la razón de mi lucha es mi propio sufrimiento? —
Dejó la pipa humeante a un lado, se cruzó de piernas y se tomó de las manos por encima del regazo.
Su mente soltó aquel pensamiento y se fué lejos. Entró en una profunda meditación.
— Si estoy haciendo esto por mi y estoy dispuesto a llegar tan lejos… ¿Es sólo para evitar el dolor? ¿O es por que lo necesito? —
— ¿Por qué lo necesito? ¿Porque me desconcentra o porque no me deja ser feliz? ¿Qué cosas necesito para ser feliz? ¿Se necesitan cosas para ser feliz? —
— Aquella enfermedad detestable… La Calindra; enfermedad maldita… —
— Ese es mi propósito… —
— ¿Entonces mi propósito viene de mi necesidad? —
— Pero ¿Por qué lo necesito? —
— Ahhh… lo olvidaba, para evitar el sufrimiento. ¿Acaso la única forma de evitar el sufrimiento es suplir las necesidades? —
— Sufrir, si no es esto, sería otra cosa —
Y su mente observó el sufrimiento de todos los demás seres en sus diferentes niveles.
— ¿Acaso el sufrimiento es algo universal? —
— Nada externo puede traer felicidad entonces — pensó.
Su mente se abrió y se liberó de las ataduras.
Comprendió que no tenía que hacer nada.
— Aquel que busca las respuestas es el mismo que las tiene —
Experimentó por primera vez en su vida un silencio tal que cesó aquella eterna conversación que siempre había tenido con sigo mismo. Aquella voz en su interior que siempre lo acompañó se desvaneció en una nada tan absoluta que no pudo expresarla.
Fue un momento acogedor y único que jamás se le borraría de la memoria.
Tenía que buscar una forma para mantener aquel estado tan reconfortante por más tiempo.
Su conciencia se acariciaba a si misma, se sentía pleno y lleno de una gracia divina incalculable.
Luego en la oscuridad de sus ojos cerrados, frente a él apareció una secuencia numérica que bajó como lluvia luminiscente. Veía los números tres, seis y nueve repetirse eternamente en un juego circular que le envolvía.
De pronto el sonido repentino de un insecto que le pareció enorme, le resonó en el oído.
Iba y venía, le rodeaba la cabeza. Finalmente el zumbido se unión en el centro, se encogió y se condensó en un pequeño punto que se posó en su nariz.
Movió el brazo izquierdo casi por instinto para sacudirlo. Pero el insecto seguía ahí.
Al tratar de golpearse la nariz, abrió sus ojos y vió algo que le dejó perplejo.
Vió algo que le hizo pensar que estaba en un sueño y no en la realidad.
Dejó pasar varios segundos para dirimir si lo que veía estaba ahí frente a sus ojos o era producto de la seta.
Se vió a sí mismo de frente, meditando sentado con las piernas cruzadas en medio de la más absoluta oscuridad. Se veía tan nítidamente que parecía que su piel destellaba algún tipo de luz brillante un tanto amarillenta.
— Yo no soy el que está sentado ¿O si? No… Yo soy este… El que está parado ahora —
Se miró sus propios brazos y manos, parecían reales, pero imbuídos de una luz que las hacía brillar.
Todo era muy confuso y todavía tenía esa sensación extraña que le picaba en la punta de la nariz.
Pero a pesar de que se pellizcaba no lograba desprenderse de aquel picor.
Y se dió cuenta, que en su cuerpo que aun meditaba, había una pequeña luz de color amarillento más brillante en la punta de la nariz.
— ¿Un desdoblamiento? — pensó: — ¿Me acabo de salir de mi cuerpo? —
Luego se dió cuenta de lo inevitable y se dijo: — ¡Estoy utilizando mi mente de nuevo! ¿Qué es esto? ¿Acaso estoy soñando? no… esto es real… recuerdo cómo llegué aquí, ¿Acaso me he quedado dormido meditando? —
Recordó la pipa y buscó al costado y entre sombras creyó dilucidar algo que se parecía a su pipa, pero no lograba verla con claridad… se le nublaba la vista… trató de alcanzarla pero no pudo.
Todo el entorno parecía ser de una sustancia gaseosa que se dispersaba cuando él intentaba tocarla, incluso el Gene que permanecía meditando parecía hecho de humo,
Y ahí estaba de nuevo… el comezón en la nariz y recordó al insecto. Se acercó a la cara de su yo meditativo y vió al insecto como si estuviera iluminado desde dentro. Observó con claridad como apretaba sus pequeñas patitas en su nariz.
Era una picazón insoportable.
Se miró el brazo como buscando alguna explicación y comenzó a mover sus dedos… podía sentirlos y los acariciaba unos con otros lentamente, pero cuando lo levantó sintió algo diferente…
Era como si su brazo estuviera muy pesado… pero prosiguió, hizo más fuerza y logró levantarlo por completo a la altura de su hombro.
Observó para su sorpresa que el brazo del Gene meditativo también se movía y que incluso espejaba los movimientos de los dedos.
Comandó su brazo para llevar sus dedos cerca de su nariz y con un rápido movimiento de su pulgar empujó al bicho lejos de su rostro.
En ese momento creyó alcanzar a ver como los ojos del Gene midatativo se abrían y algo explotó en su interior.
Se sintió empujado hacia adentro y su visión se borró y fue reemplazada por la de siempre.
La luna en lo alto del negruzco firmamento tal cual el momento antes de su desdoblamiento.
Se agitó, pestañeó rápido para despabilar.
El efecto de la seta ya se había ido, movió los hombros para relajarse…
Todo parecía estar en orden, miró a un lado y vió que desde la pipa aún salía algo de humo, miró al cielo desconcertado. Se miró las manos con los ojos bien abiertos.
— ¿Pero que es lo que acaba de pasar —