Aprendiz del destino

La mañana en Breef trajo consigo una duda punzante. Mientras desayunaba, Gene sentía su mente fragmentada, oscilando entre el recuerdo y la incredulidad. ¿Había sido real lo de la noche anterior o solo un espejismo inducido por la neuroquímica de la seta y el cansancio?

— ¡Hey! ¿En qué mundo estás? — la voz de Ghilian lo sacó de sus pensamientos, señalando su plato intacto.

— ¿Tú sabes quién eres, Ghilian? — soltó Gene, sin apartar la vista del plato.

— ¿Pero qué clase de pregunta es esa? Claro que lo sé: soy tu maldito tutor. Ahora termina el café; hoy el día será un infierno —

Gene sonrió de soslayo hacia su padre, quien los acompañaba en un silencio cómplice, levantando las cejas con un gesto juguetón.

Gene tomó un sorbo, aceptando el reto.

Tras una jornada física agotadora que dejó sus músculos al borde del colapso, se retiraron a las profundidades de las cuevas. Gene buscó la vertiente oculta tras los mantos rocosos, bebiendo el agua pura con una urgencia animal. Necesitaba ese frío para despertar.

Al volver al centro de la estancia, Ghilian lo esperaba. La manta de Nihilo estaba extendida en el suelo: negra, aterciopelada, devorando la escasa luz de los hológrafos que ahora vibraban en una intensidad mínima.

— Entrenamiento mental — sentenció Ghilian.

Gene se situó en el centro de la alfombra oscura. Cruzó las piernas, entrelazó las manos sobre el regazo y cerró los ojos.

— ¿Qué es lo que buscas? — la pauta de Ghilian dio inicio al rito.

Gene recordó su epifanía en la colina.

"Lo que es buscado, es la misma cosa que busca".

Sacudió la cabeza para alejar la distracción. Ghilian comenzó a rodearlo, activando la primera destreza del Khandú: el caminar en silencio. Cuando el sonido de las pisadas desapareció, Gene supo que el juego había comenzado.

— Sabes lo que busco — dijo Gene en voz alta: — Seré Capitán de tropas.

— Ningún Sporo ha alcanzado ese rango jamás. Los pocos que subieron eran Dones, diseñados genéticamente en tiempos de crisis. ¿¡Qué quieres!?— el tono de Ghilian se volvió mordaz.

— Quiero acabar con la Calindra. No permitiré que esa plaga muera en vida a nadie más. Nunca más. —

— Tiómane, el Sporo, despertó la segunda destreza antes de ser hombre — presionó Ghilian — Tú ya vas tarde.

— Mi tesón le ganará el talento de Tiómane. Trabajaré el doble. Mucho más duro —

— ¿Cómo? —

— De la única forma que un Koratak sabe. —

Gene comenzó a recitar el Credo Koratak, una letanía de acero: — Siendo más fuerte cada día, controlando mis pensamientos, manipulando mis emociones, encontrando el camino del futuro ahora en el presen…

¡Clack! Un guijarro impactó de lleno en su frente. Gene no abrió los ojos. — ...presente. Siendo implacable, obedeciendo los designios del destino, dando la vida con honor, expandiendo mi con…

¡Clack! Otro impacto. — ...conciencia, siendo el arma más letal de la facción, siendo un Koratak hasta después de mi último suspiro.

— ¿Cómo pretendes ser fuerte si un simple guijarro te distrae del destino? —preguntó la voz de Ghilian, ahora desde un ángulo imposible. — Abstrayéndome de la carne. Soy un arma. —

— Es hora de la segunda seta — dijo Ghilian.

Gene abrió los ojos, tomó la sustancia y la introdujo en su Fagocitador.

Un pitido interrumpió la sesión. Ghilian presionó el sensor táctil detrás de su oreja. — Espera aquí — ordenó antes de alejarse hacia la entrada de la cueva.

Solo en la penumbra, con la seta en la sangre, Gene decidió arriesgarse. Buscó el estado de la noche anterior. "El ser que busca las respuestas, es el mismo que las tiene". Repitió la frase como un mantra hasta que su mente se replegó sobre sí misma.

El mundo se invirtió. Frente a él, vio su propio cuerpo meditativo envuelto en una luz amarillenta. El rocoso áspero gris de las rocas se aterciopeló y comenzó a bailar como humo. Todo parecía una sombra. Una pintura de carbón.

Estaba desdoblado.

— Lo hice de nuevo — dijo.

Caminó alrededor de su "yo" de carne, maravillado. No era un sueño.

De pronto, una silueta luminosa apareció a lo lejos. Era Ghilian. En este estado, el tutor irradiaba una energía que iluminaba el suelo gris y humeante.

Gene lo siguió a distancia. Tratándo de mirar su cara. Lograba distinguir las facciones de Ghilian. Vio cómo se acercaba al Gene físico, sacaba guijarros de su bolsillo y apuntaba con un ojo cerrado, como si disparara una bala.

El Gene desdoblado vio el proyectil salir. Por puro instinto, movió la cabeza hacia un lado. Sintió una pesadez extraña, pero el movimiento se replicó en su cuerpo físico. El guijarro pasó de largo.

En un segundo, el Genne desdoblado analizó sus niveles. Su corazón, su pulso, su respiración… y no estaban.

Un desfile de siluetas numéricas se repetían en la superficie de las rocas pintando y repitiendo un patrón con los números tres, seis y nueve.

Ghilian frunció el ceño. Se desplazó con velocidad fantasmal a otro flanco. Gene vió una estela de luz amarilla y la siguió. Ghilian lanzó un segundo ataque. El Gene astral, atento a cada fibra de luz de su tutor, volvió a esquivar.

El asombro de Ghilian fue tal que abrió las manos, dejando caer el resto de las piedras. El sonido metálico de los guijarros chocando contra el suelo rompió el vínculo. Gene fue succionado violentamente hacia su cuerpo ante la figura gigante de un mandala gris y marrón dibujado con la secuencia numérica.

Entonces la figura luminosa de Ghilian se diseminó de su vista y apareció frente a él la roca virgen, sólida y quieta de las cuevas de entrenamiento.

Había sido impulsado a su cuerpo real quien abrió los ojos y se puso de pie de inmediato mirando a Ghilian sin decir nada.

Así ambos se miraron por un momento.

— No puedo creerlo, ¿Acaso has utilizado la segunda técnica del Kandú? ¿Acaso estás… listo? —

Gene sonrió de emoción, pero pensaba — ¿Es esto el Kandú? ¿Acaso debo decírselo? —

Ghilian se acercó y lo palmeó en el hombro izquierdo: — Bien hecho muchacho… —

Se giró, sacó una pantalla de cristal táctil del bolsillo de su costado, presionó algunas luces que se desprendieron del aparato, se presionó el hueso detrás de la oreja izquierda y habló despacio, pero Gene logró oírlo:

— ¿Hola? sí.. si, soy Ghilian P95. Si mi pupilo Gene, si… Está listo. Debo hacerle un par de pruebas más — y se giró para mirar a Gene quien lo observaba con un rostro extrañamente inquisitivo — Pero está listo, saldrá en el próximo vuelo a la central —