La Profecía del Karma
Cuando Obnet llegó a su cuarto, todo parecía tranquilo, pero el momento en que vió a su padre con el pecho desgarrado no lo dejaba en paz.
— ¿Acaso fue Darkón? — Se repetía una y otra vez agarrándose la cabeza como buscando una explicación. Corrió al baño para refrescarse.
Se miró en el espejo. Se vió una aura roja con tonos verdosos. Sus ojos estaban rojos, su ceño fruncido. Sus dientes, apretados.
— Malditos Kantorianos, cómo se atreven… aahhh!!! no puede ser, no puede ser… padre… —
Y gritó: — !NOOOOOO¡... padre… — y entre sollozos repetía: — padre… padre… —
Justo en el momento que su alma parecía respirar, como ese suspiro llegó un pitido entrecortado desde la puerta.
Alguien tocaba a la puerta.
Se sorbió los mocos y se limpió las lágrimas.
Se miró al espejo para limpiarse la cara.
Caminó hacia la puerta mientras se arreglaba las ropas y recuperaba su compostura altiva.
Modificó su rostro para no demostrar el desmoronamiento que sentía por dentro.
Miró la pantalla de la pared y vió que el Shidorl de su padre acompañado de Alarate, el Shidorl joven, lo llamaban desde afuera.
Ambos con ropas azules como el de los Pondaror.
Abrió la puerta y los encaró de frente. — ¿Acaso sabías lo de la muerte de mi padre? — dijo mirando al Shidorl más viejo.
Éste respondió con una calma que lo exasperó — Pués lo sabía — Dijo mostrando las palmas verdes de sus manos.
Obnet se tapó el rostro con la mano izquierda, como sacándose una mufa de la cara y los invitó a pasar.
El Shidorl viejo caminó primero, lo siguió Alarate, quien entró luego de ofrecerle una reverencia a Obnet.
— Claro que lo sabía. Se lo profeticé hace mucho, pero era un pacto que no podía romper, un pacto sagrado. Le juré a tu padre que no interferiría con sus deseos. El me comandó hace mucho tiempo encontrar un Shidorl para ti… para este momento. Todo fue consentido, planificado y arrastrado para estar aquí hablando esto. Esos fueron los deseos de tu padre. —
El Shidorl viejo extendió su mano izquierda apuntando al Shidorl más joven — Este es Alarate, Gobernador Obnet — Y la palabra GOBERNADOR resonó fuerte en la mente de Obnet.
Miró a Alarate con desprecio.
— ¿Cómo sé que no estabas de acuerdo con el asesino de mi padre? — Gritó de pronto Obnet agarrando al Shidorl viejo por el cuello y arrastrándolo a una pared. Ninguno de los dos Shidorl se alarmó.
El más viejo esperó un momento mirando de frente los ojos coléricos de Obnet, finalmente con la respiración entrecortada dijo: — Porque me dejarás ir. Este no es el momento de mi muerte a manos tuyas. Velaré por que el karma de tu padre reencarne en setenta y nueve días más. —
Obnet relajó la mano que agarraba el cuello del viejo Shidorl. Éste por fin pudo respirar con tranquilidad.
— Luego escogeré el exilio, más allá de las zonas de los planetas semilla. Esperaré mi muerte por inanición desde este día en treinta y dos ciclos. —
Obnet lo soltó del todo.
— Así está predicho. Nosotros los Shidorl no podemos, es decir, no queremos cambiar nuestros destinos —
El viejo Shidorl se acarició el cuello para aliviar el dolor, y entre carraspeos continuó: — Si esto implica un mejor futuro para los seres sintientes. —
El viejo miró a Obnet a los ojos y luego de un silencio absoluto dijo: — Renaceré como un Shidorl en ciento cincuenta ciclos. Cuando nos veamos de nuevo, ninguno de los dos se reconocerá, ninguno de los dos seremos como somos ahora. —
Y a Obnet se le reveló una verdad milenaria, que solo los líderes supremos de civilizaciones conocían.
Tragó saliva. El vértigo de lo eterno lo sacudió con un viento antiguo mientras pensaba en la clase de destino que era este, en donde las almas de los seres se entretejen con hilos invisibles a lo largo de los siglos.
El viejo continuó: — Seré el Shidorl del subsecuente próximo Gobernador de los Pondaror. El hijo de tu hijo Ziro, tu nieto. —
Y sobre la mente de Obnet cayó esta idea de que aquellos dos Shidorl que estaban ahí, habían acompañado a los Pondaror desde sus inicios.
Eran dos almas en cuerpo que habían dedicado incontables vidas a servirlos, a él, a su padre y a todos sus antepasados, los tentáculos que los entrelazaban era ya imposibles de separar.
Obnet los miró y pudo sentir por primera vez la pasión de la especie Shidorl.
Aquellos dos, uno viejo y otro joven, eran los polos exteriores que unían al núcleo Pondaror.
Obnet se imaginó a dos esferas girando alrededor de una fuente de luz.
Creyó en las palabras del viejo, miró a Alarate preguntándose si éste podría recordar algo de sus vidas pasadas.
Alarate rompió el silencio y dijo: — El proceso fúnebre del cuerpo de tu padre ya está arreglado. En unos pocos minutos saldrá una comitiva al planeta Pondaror. Tú debes abordarla. El cuerpo de tu padre irá con nosotros. Obnet, debes mantener la calma y mostrarte fuerte en estos momentos frente a tu nación. —