El reclutamiento de Gene
Había pasado ya algún tiempo desde que Gene dejó su casa en el planeta Brief.
Desde el lente polarizado de su casco con oxígeno veía pasar rayos y chispas.
Veía luces que le indicaban temperatura, proximidad de los objetos, movimientos, y un detallado espectro calórico de lo que tenía en frente.
Recordaba a su padre mientras corría por una nave en ruinas.
Recordaba la amabilidad en los ojos del anciano, las nulas palabras que le salían de la boca, pero añoraba aquellos gestos de amabilidad que le hacían sentir el amor tan reconfortante de la familia.
Mientras corría y se agitaba, recordaba a su madre.
Presa de la Calindra.
Enfermedad mortal que genera un escozor en los pulmones y que los portadores deben dormir químicamente para permanecer vivos.
Recordaba cuando era pequeño y su madre lo llamaba a comer y lo recibía con los brazos abiertos llenándolo de dulzura y calor luego de un entrenamiento con Ghilian.
Recordaba también a Ghilian, su tutor, su gran maestro, engañado, puesto que Gene (ahora lo sabía muy bien) no había despertado la segunda destreza del Khandú, sino muy por el contrario gozaba de una rareza única, una especie de desdoblamiento del cuerpo, que con los ciclos en su haber ya podía manejar de una manera aceptable.
Se cubrió tras una pared, pero un disparo le llamó la atención.
— ¿Un disparo rojizo? – pensó mientras corría con la cabeza agachada para esquivar el fuego de las municiones infinitas que se cernían en aquella jornada.
Se apegó a una pared de acero negro, se concentró en recobrar el foco y poco a poco calmó su agitada respiración hasta que prestó suma atención a los detalles.
Miró a su izquierda: vacío… miró a su derecha: vacío, así que tomó ese camino acompañando a su amigo Randel que corría en la misma dirección en el pasillo adjunto.
Los agujeros de los impactos en las paredes de la nave hacían unas especies de ventanas por las cuales se comunicaban a través de señas.
Gene lo miró, éste le hizo un gesto para avanzar.
Llegaron a una puerta que crujía intentando cerrarse chisporroteando chispas blancas.
Un cuerpo se lo impedía, era un koratak muerto. Gene lo miró y sintió pena por él, pero ahora no podía hacer nada, su objetivo era claro, se lo había señalado su comandante: — Los Kantorianos se están metiendo en nuestras rutas, debemos asaltar la nave y destrozarla. La ley nos ampara —
Gene sin pensarlo mucho, sin analizar si estaba o no de acuerdo con la misión aceptó sin titubear, la lucha con la Calindra que dormía en su pecho no lo iba a dejar descansar, tomaría cada misión para demostrar su calidad de soldado.
Antes de cruzar la puerta tomó su arma y miró por el metal reflectante para ver si veía algún movimiento y… nada.. no veía nada, se atrevió a asomar la cabeza, nuevamente no vió nada, estaba despejado.
Miró a Randel y e hizo un gesto con la cabeza.
Ambos se adentraron en lo que parecían ser las ruinas de una cabina, estaba todo muy oscuro, apenas algunas luces y chispas alumbraban el entorno.
Caminaron en sigilo, estaba todo quemado… habían llegado tarde.
Ambos se miraron y comprendieron su error.
Habían tomado el camino equivocado cuando se separaron antes de entrar. Seguramente el grupo anterior llegó ahí antes, derritiendo todo con granadas de sulfuro.
— Hemos llegado tarde — dijo Randel, el compañero de Gene por el intercomunicador, ahora que estaba todo despejado sintió la seguridad de utilizarlo.
— Lo sé — dijo Gene.
— Tomemos la vanguardia, avancemos hasta el final, los amboscaremos en la popa —
Ambos salieron a paso rápido de la caverna de metal humeante.
— Iré primero — Dijo Randel y se dirigió allá, al túnel más oscuro en la cortada del camino.
Gene se giró y apuntó hacia atrás, cuidando la retaguardia y dijo: — Siempre tomas los riesgos, nunca me dejas la diversión a mi, maldito soldado —
Randel respondió: — Esta no es una misión para un pequeño Sporo, lo siento amigo. — al mismo tiempo que se escuchó un minúsculo corte en seco del transmisor. Había apagado la comunicación, ahora ambos estaban por su cuenta.
Cuando Gene avanzó, se encontró con un pasillo iluminado, pensó que sería un blanco muy fácil de ver entre tanta luz.
Estaba todo prístino.
— El combate no ha sido por aquí — pensaba: — Debo esconderme, entre tanta luz soy un blanco fácil. Quizas hay un Kantoriano escondido por aquí —
Sintió miedo, algo se acercaba.
En aquel momento de desesperación agradeció el duro entrenamiento de Ghilian y haber soportado todo ese cansancio por tantos ciclos.
Avanzó utilizando la primera destreza de Khandú.
Los sonidos de sus pasos desaparecieron como un fantasma, solo se escuchaba el silbar del viento mientras caminaba.
Encontró una puerta abierta y entró al pequeño habitáculo.
Lo inspeccionó a fondo, era muy pequeño y poco iluminado, solo los rayos que se colaban por una rendija, dejaban ver una pequeña repisa y un par de utensilios de limpieza.
— Un armario de limpieza — Pensó y cerró la puerta por dentro.
Se quedó inmovil, alguien venía.
Se sentó tranquilamente para hacer el menos ruido posible
— Si dominara la primera destreza a un cien por ciento podría sentarme sin hacer ningún ruido — se dijo para sí mismo.
— Alguien viene — lo alertaron sus sentidos.
Se relajó, se cruzó de piernas y abrió los ojos. Pero lo que vió no fue la puerta. Sino una especie de humo gris.
— Me he desdoblado, lo he hecho de nuevo. —
Todos los colores fueron reemplazados por el gris y el negro.
Todas las formas se convirtieron en algo parecido al humo. La realidad se formaba en cada instante. Pero también volvía a su estado original
Vio su cuerpo sentado, meditando frente a él.
Inspiró profundamente, sintió su pecho pesado, pero debido a su entrenamiento logró hacer que el movimiento fuera un poco más natural.
Ambos, el Gene meditativo y el Gene desdoblado inflaron su pecho al unísono.
El gene desdoblado, puso sus manos sobre la puerta convertida en humo, parecía tangible, pero al momento de presionarla logró traspasarla.
Dió un paso, se inclinó y bajó su cabeza para mirar el exterior.
Atravesó el humo con la cabeza y miró a la izquierda y vió claramente una luz amarillenta.
— Es quien presentí — se dijo para sí mismo.
— Es el general Gladius en persona.. que… ¿Qué hace aquí? — De pronto una luz lo atravesó desde la nuca y lo hizo encandilarse por un segundo.
Cuando recobró la mirada vió la espalda de su compañero Randel que había pasado a través de la proyección astral de Gene
— ¿Randel qué haces aquí? ¿No ibas adelante?. — Pensó.
Randel se acercó a Gladius y lo espero en posición de formación y saludo.
— Que alivio, es nuestro General supremo Gladius, no hay peligro. Debo salir a saludarlo también — Pensó Gene.
Se irgió y atravesó el humo de vuelta al armario, se vió a sí mismo sentado meditando. Quiso entrar nuevamente en su cuerpo pero una sensación extraña lo invadió.
Se sintió observado, como si unos ojos invisibles e inmensos estuvieran sobre su espalda, su nuca y sus hombros.
Sintió como si una gran presencia adimensional que podía penetrar capa tras capa de la realidad lo estuviera mirando.
Se giró en dirección a la intuición y en su mente vió unos ojos grises que lo miraban atentamente.
Quedó inmovil. Paralizado. Con los ojos abiertos.
Frente a sus ojos, la rendija de la puerta. En su mente ese rostro gris.
— ¿Qué significaba esto?. Parecen unos ojos de anciano.
— pestañeó — pensó Gene — Estos ojos acaban de pestañear — y no pudo evitar fijarse en el color gris de la piel de los párpados.
— ¿Quién es este ser? — pensó Gene mientras luchaba infructuosamente por recobrar la movilidad.
Mientras tanto, al otro lado del universo, en una galaxia muy lejana.
Kúrus, el científico, se sintió atraído por una onda electromagnética extraña mientras dejaba caer su regadera.
— ¿Qué es esto? — y miró en dirección a la onda.
— ¿Hace cuanto pasa esto? ¡Maldición! Debí entrar antes. Esto está mal.. muy mal... —
Miró incipientemente en la dirección de la onda y vió claramente la espalda de un joven quien se giró inmediatamente para mirarlo. Esto le sorprendió
— ¿Acaso él me siente? ¿Qué es esto? — Se repetía Kurus incesantemente mientras estaba preso de la mirada de aquel joven quien lo escudriñaba cual niño escudriña la cara de sus padres o algún juguete muy deseado.
— Gene — dijo Kúrus al otro lado del universo.
Gene preso de la conmoción, miraba aquellos ojos grises sin poder moverse, como si una fuerza magnética lo obligara a permanecer así.
Era un poder más allá de lo imaginado.
— ¿Quién es? ¿A qué facción pertenece? — Pensaba sin poder moverse.
Sintió que no era dueño de su forma astral.
Se puso nervioso y sintió miedo.
De pronto por lo espacios de la rendija de la puerta, vió una luz amarillenta acercarse por la izquierda.
Retrocediendo pasó Randel lentamente.
Gene distinguió que Gladius caminaba hacia el frente a un paso de distancia.
Gladius se detuvo frente a Gene, solo se separaban por la puerta con apariencia de humo gris.
Por entre los pequeños surcos, Gene vio con total claridad.
No pudo escucharlo, pero le leyó los labios.
Esto se grabó en su mente por el resto de su vida.
Gladius dijo: — Haz visto mucho — y Gene vio como una pequeña gota de líquido forrado de una luz amarillenta pasaba por entre las rendijas del humo y se pegaban a una pared tras él.
Gene solo podía pestañear, no pudo mover ningún músculo más, pero vio con claridad, lo que interpretó como “una gota de sangre de Randel muriendo”.
Aquella gota perdía su luz a medida que avanzaba por el aire.
Ahí estaba Gene, preso en su propio cuerpo, viendo en su mente aquel ser que lo escudriñaba y viendo ante sus ojos como Gladius el general supremo de la facción a la cual pertenecía, mataba a un aliado suyo, de las mismas tropas que comandaba, subyugado a él mismo frente a sus narices y solo aquellas palabras salieron de la boca de Gladius: — Haz visto mucho —
— ¿Qué significa? ¿Qué es esto? ¿qué me está pasando? —
En aquel momento, Kurus al otro lado del universo, en su hogar-laboratorio, soltó a Gene de su trance y exclamó — ¿Cómo ha sido posible esto? ¿Quién es Gene? ¿Acaso es un neurodivergente? ¿Por qué está fuera del planeta semilla? —
Y se dirigió rápidamente al interior central del domo a consultar con sus libros.
En ese preciso instante, Gene recobró la movilidad de su cuerpo, haciendo que se tambalease.
Cuando recobró el equilibrio, se miró así mismo y cerró los ojos.
Sintió como fué propulsado hacia el cuerpo del Gene meditativo quien estaba muy tranquilo sentado en el suelo.
Fué como si el universo lo vomitara al interior de su cuerpo real.
Abrió los ojos y pestañeó pero obligó a su cuerpo a no reaccionar, a permanecer tan inmovil como una roca de Brieff.
No desajustó su respiración. No movió los hombros, ni siquiera un músculo de la cara.
Sabía que si su Comandante supremo Gladius lo encontraba, ahí terminaría su historia y al mismo tiempo luchaba con esta conmoción mental que le quedó de observar esos ojos grises de anciano al interior de su mente.
Recordarlo le dolía.
Sus manos acusaban el miedo que tenía porque a pesar de que permaneció quieto como un robot Kantoriano sin portador, no podía ocultar el temblor de sus manos.
Tenía una gota de saliva en la garganta que no se atrevió a tragar y sus esfínteres estaban tan apretados como sus músculos.
Sintió como lentamente, su general supremo, se daba media vuelta enfundando su puñal cónico y abandonaba el lugar.
— Esto no puede estar pasando… ¿Qué hago ahora? Si salgo me matará… no vi lo que pasó entre ellos, pero vi a mi General Gladius matar a Randel a sangre fría. Maldición ¡Qué está pasando! ¿Qué es lo que vió Randel? —
Gene temiendo por su vida esperó unos minutos para salir del armario de limpieza.
Utilizó la primera destreza del khandú, la de caminar en silencio.
Nunca antes había temido así por su vida, por lo que cuando salió al pasillo, no se escuchó absolutamente ningún sonido. Avanzó. Tenía que juntarse con el resto. Su única oportunidad, pensó, de sobrevivir yacía en la fortuna de mezclarse con los demás del pelotón y pasar desapercibido.
— ¿Qué fué la visión que me dejó preso por un segundo? ¿Acaso fue obra del destino? Maldito destino… — Pensaba Gene
— Si hubiera vuelto a mi cuerpo en ese instante, Gladius me hubiera sentido y… y.. hubiera… muerto —
Estos pensamientos lo estremecían y lo hacían más silencioso que nunca.
¿Por donde ir? Y decidió en un segundo.
Siguió por el camino por el que se fue Gladius
— Debo saber qué ocurre — pensó Gene, pero luego tastabilleó
— ¿Qué estoy haciendo? Si mi General Gladius me encuentra aquí, me matará sin dudarlo y quedó preso de una inmovilización inmediata con la imagen que se cernía a sus pies y con la cual tropezó.
Un moreno de gran musculatura, pelo corto, sin vellos faciales con una insignia por encima de un cinturón que le cruzaba el pecho que parecía un cohete intergaláctico y de traje azul profundo.
— ¿Un Pondaror? ¿Qué hace un Pondaror en una nave Kantoriana? —
Luego recordó los rayos de color rojizo que vió en la entrada, antes que llegara la bomba de sulfuro derritiendo todo a su paso,
— Es una nave Kantoriana, ¿no? — y se estremeció.
No parecía una nave Kantoriana en lo absoluto.
Los Kantorianos eran metalúrgicos duros, dentro de sus trajes tenían acomodada quizás la mejor visión de infrarrojo en las cercanías galácticas.
Las naves Kantorianas tenían, por consiguiente, una luz tenue.
El viento silbó nuevamente cuando Gene cambió de dirección y retrocedió hacia el armario en el que momentos atrás se escondió.
Cuando llegó, sintió la misma sensación que las dos veces anteriores y su cerebro se paralizó por un segundo.
Frente a él, estampada en la puerta se encontraba la insignia puntiaguda como una flecha de lanza apuntando hacia el diagonal izquierdo superior: el símbolo Pondaror.
El universo crujió de pronto, su cerebro hizo conexiones inexistentes y desde su centro nació un pensamiento que luego se conectó con otro y este otro nuevamente y así formaron una estrafalaria idea.
Un plan perfecto.
Un plan en el que él era solo un peón, solamente una pieza dispensable y altamente reemplazable.
Caminó rápido de vuelta.
Ya no le interesaba seguir a su general Gladius, ya sabía la razón de la muerte de su compañero Randel, ya sabía qué hacía ahí, ya sabía todo el plan.
Ahora le tocaba solamente tratar de sobrevivir.
Cuando llegó de vuelta a la Cabina derretida por la bomba de sulfuro pensó: — Somos unos bestias. Sin duda… es innegable la genialidad del plan. Randel, amigo mío, estuvimos en el momento y lugar equivocados. Si tan solo hubiéramos seguido a los demás. Si tan solo pudieramos ver el futuro más allá de una milésima de segundo, quizás lo hubiéramos presentido. —
Y avanzó por la cabina. — Esta nave es una nave Pondaror. Nosotros somos fuerza de ataque, no de defensa. Por más que en este sector no están permitidas las naves de los Kantorianos, los Pondaror pueden utilizarlo. —
Sin llegar a ser sádico, Gene se deleitaba con la frialdad de sus superiores mientras se apoyaba contra la pared de la entrada de la cabina. Inspeccionó los alrededores. Cuando estuvo seguro de estar solo, avanzó mientras se imaginaba el plan del cual era parte involuntariamente.
Gene sentía que sus dotes de pensador le ayudaban a trazar planes, siempre trataba de escoger la mejor ruta.
— ¿Cómo me fuí a meter en esto? Madre… sobreviviré por ti. —
El constante pavor de ser asesinado hizo que cada vez acelerara el paso, llegando por primera vez a trotar utilizando la primera destreza del Khandú.
— Randel vió al Pondaror, por eso mi General Gladius lo mató —
Gene se repetía — ¿Mi General? —
Llegó a la entrada principal aún con chispas y destellos — ¿Ahora que falta? —
Gene exploró una idea que hasta el momento presente había permanecido oculta tras varias capas en su mente.
— Plantar una prueba. Nosotros somos solamente el cebo, el chivo expiatorio. Los Kantorianos serán culpados por este ataque. Entonces o fueron los Kantorianos que mataron a Greonet, fuimos nosotros, hace seis meses en la reunión decacemal. —
Gene recordó que hace tiempo mientras entrenaba en el planeta central Ktropo, en un momento de descanso en una zona pantanosa, oír de un compañero de entrenamiento que el Gobernador de los Pondaror fué asesinado por un Kantoriano en la reunión decacemal.
El compañero aquella vez dijo: — Yo estuve ahí. Detrás de un recobeco. Fuí asignado tras la puerta principal, eramos tres: Katadriel, Zomos y yo.
También habían Pondaror y Galihitas. La puerta debía permanecer abierta en todo momento, era una audiencia pública. Recuerdo mirar adentro, porque un sonido, un pitido muy fuerte que nos hizo bajar la guardia a todos chilló de pronto cuando el robot Kantoriano salió de adentro, por un pasillo interior que hasta donde supe permanecía cerrado. Destrozó la puerta, saltó sobre la mesa principal. Nuestro Gran Emperador Darkón estaba ahí, con la cara de una roca, desplegando toda su valentía. Bueno, el robot Kanotoriano fue directo al viejo Pondaror, fué todo muy rápido. El pitido fue ensordecedor, y estremecedor a la vez —
Otro soldado le interrumpió — ¿Estás diciendo que ese pitido hizo que nuestra generala bajara la guardia? — Yo no digo eso, ellos son usuarios expertos del Khandú — Replicó Robert — Pero todo pasó muy rápido, fue directo al viejo y le abrió el pecho de arriba hacia abajo... hasta el estómago
— Que hambre siento ahora — bromeó otro conscripto.
Algunos, los más morbosos, hicieron los ademanes de una sonrisa burlona
— Si hubieras estado ahí, no estarías bromeando… te reto… no podrías haber hecho nada. Nuestra Generala Triana saltó sobre el robot y mientras iba en el aire el robot giró de pronto y destrozó el cuerpo de Triana, que sin duda renacerá en nuestras filas de nuevo para cumplir su propósito —
Gene solo escuchaba mientras limpiaba su arma.
— Un disparo de nuestro Gran Emperador Darkón dió en una válvula expuesta en el cuello. El robot perdió la movilidad de su cabeza. Nuestro General Supremo Vladdi saltó a una de sus piernas. la sostuvo con todo su cuerpo y la rompió. cuando el robót cayó, nosotros y los Pondaror nos abalanzamos encima del Kantoriano despojándolo de su arma cortante y el resto ya es historia. Un guardia moreno muy corpulento tomó al robot con ambas manos desnudas… yo no sé… quizás preso de la adrenalina y le rompió la columna con su rodilla. Lo lanzó lejos al pasillo interior.
— ¿Acaso los robots tienen espalda? nadie cree tus mentiras Robert no exageres ¿Quieres? — interrumpió otro soldado que también como Gene limpiaba su arma con un trapo.
Y ahora en este preciso momento le calzaba todo a Gene.
Por esa razón no había ningún Kantoriano adentro del robot:
— Porque no fueron los Kantorianos, fuimos nosotros.
Ahora pasará lo mismo, una prueba en contra de los Kantorianos. ¿Acaso ellos son el enemigo? —
Y Gene trotó sigilosamente por fuera de la entrada, ya en el último cubículo que lo separaba antes del espacio exterior.
Dobló hacia la derecha, en dirección a donde habían ido los primeros que entraron
— Esta es mi única oportunidad — pensaba mientras hacía silvar el viento a su alrededor — Entró por una puerta que parecía de crema derritiéndose
— Otra bomba de sulfuro —
Entró y no vió nada, solamente restos de cuerpos calcinados, consolas derretidas y vidrios rotos.
Habían cables cortados tirando chispas de colores por todas partes.
Siguió adentrándose en la cabina, pasó por un pasillo interior el cual desembocó en otro pasillo impoluto y blanco
— Maldición por aquí no es — y retrocedió.
Pero antes de entrar nuevamente a la cabina derretida, escuchó ruidos a su norte.
Se escondió detrás de una pared de metal y observó sigiloso.
Logró ver una sombra moviéndose fuera de la cabina por el pasillo por donde entró y vió un destello en el hombro de un cuerpo con ropa negra que pasó lento.
El símbolo Koratak. — Uffff — Suspiró Gene — Al fin, somos nosotros. —
Entonces Gene casi corrió en absoluto sigilo hacia la entrada, dejó que pasara aproximadamente la mitad de hombres y se incorporó en silencio entre las filas
— Heee Gene… aquí estabas muchacho. No te me pierdas, tuvimos varias bajas. Malditos Kantorianos… no vimos ninguno, todos los primeros que entraron murieron derretidos… Espero no toparme con uno en mucho mucho tiempo. dime ¿Dónde estabas? —