Todo es una elección

Obnet salió de la ducha completamente desnudo.

Caminó al otro lado de la habitación para sacar una toalla.

Las brillantes curvas de sus músculos se apagaban tras secarse con aquel trozo de tela. Las miraba frente al espejo. Se miraba el rostro. Endurecido y triste. Sus ojos brillaban con un destello rojizo. Su aura era roja muy profunda. Dejó caer la toalla y así, desnudo se rasuró frente al espejo

Se enfundó en su ropa interior negra y delgada, ajustada al cuerpo, luego se puso sus pantalones azules. La primera capa arriba de su torso, su chaquetón azul atravesado en diagonal por un cierre metálico. El cinturón de su pecho, la insignia del cohete apuntando a la diagonal izquierda.

Se acomodó también su hombrera derecha, lugar del compartimiento para sus lentes inhibidores, también sus botas, cinturones de armas, documentos digitales y su pantalla táctil.

Se miró a los ojos frente al espejo como siempre lo hacía.

Se detuvo un buen rato, viendo su rostro sin ninguna pregunta en su mente, solo respirando y existiendo.

— Está todo listo, señor — Sonó por el intercomunicador personal. Obnet respondió presionando el hueso detrás de la oreja saliendo del transe: — Bien, bien. Voy a mi habitación—

Entonces se aclaró la garganta. se miró por última vez al espejo y se dijo en un suspiro: — Esto es lo que soy —

Salió del cuarto de baño y entró en su habitación dormitorio. Estaba ordenada y limpia.

Tenía una estética minimalista coloreada solo por el marrón oscuro de los muebles que contrastaba con las blancas paredes. Solamente destacaba entre todas las cosas, una cómoda de mármol de color plateado con ribetes blancos, dónde Darayana acostumbraba peinarse. Obnet pasó caminando cerca y la acarició.

Sonó un pitido desde la puerta.

Caminó hasta ella y vió por el monitor de la pared que era Alarate, su Shidorl con Ziro, su hijo.

Obet abrió la puerta con una sonrisa y enseguida el pequeño Ziro abrió los brazos y comenzó a correr al encuentro de su padre.

Ziro tenía también la tez morena y el pelo corto pero un tanto más rizado. Sus facciones eran duras pero endulzadas por los pocos ciclos que tenía. Aquella vez, vestía el traje tradicional de cadete de los Pondaror, de un azul profundo y una pequeña alianza negra en lugar del cinturón del pecho.

— Padre — dijo Ziro llorando mientras abrazaba a Obnet.

Obnet, en cuclillas, lo apretó contra su pecho y también lloró.

Luego de un largo rato, cuando los tres se habían relajado, Alarate le dijo a Obnet: — Tengo que hablar contigo Obnet, tiene que ser a solas, tengo una pred… — Y se calló cuando vió que entraba Ziro bebiendo un vaso de agua.

Obnet lo miró con desdén — Ahora no. Necesito tiempo con mi hijo. —

Alarate asintió y retrocedió.

Ziró entró caminando dando grandes sorbos al vaso de agua. Ni siquiera paraba de respirar para beber.

Obnet lo miraba atentamente. Ambos sonrieron mirándose el uno al otro.

Más tarde en la mesa, ambos estaban sentados armando un antiguo rompecabezas de Cuarzo gris. Éste dibujaba el cúmulo de Vanataris y marcaba con gran precisión los asentamientos de los Pondaror.

— ¿Por qué te vas papá? — Dijo Ziro mirando a Obnet cuando calzó una pieza del rompecabezas —

— Es necesario pequeño Ziro. Aún no entiendes la importancia de las decisiones. Tu tendrás que tomar las mismas cuando seas adulto. — Y lo miró. — Algún día serás Gobernador de todo lo marcado con azul, aquí mira… en el mapa. — Señaló Obnet apuntando el rompecabezas.

— Cuando yo sea grande, nunca dejaré a mi familia — Y estas palabras sonaron como un puñal en el corazón de Obnet, pero comprendió que no reflejaban otra cosa que un niño enojado con su destino.

— Aunque seas pequeño, Ziro. Tus decisiones te llevarán a donde estarás en el futuro. Creeme, todo lo que decidas ahora, te acompañará por siempre. Dime ¿Acaso vas a decidir estar enojado o triste en este momento? ¿O acaso feliz por nuestro encuentro? —

Ziro lo miró y sonrió, a sus doce ciclos aún tenía una sonrisa dulce y las margaritas de los niños.

— Feliz – dijo.

— ¿Lo ves? — Respondió Obnet — Entonces ¿Acaso la felicidad es una decisión? ¿O algo que pasa espontáneamente? —

— No lo sé padre — replicó Ziro pensativo: — Me falta mi madre. ¿Cómo puedo ser feliz así?

Obnet lo miró y tras un pestañeo, le dijo a su hijo mientras calzaba otra pieza:

— ¿Sabes qué significa el karma de los Shidorl, hijo? —

De pronto unas pequeñas gotas comenzaron a brotar por los costados de los ojos del pequeño Ziró quien se esforzó en escuchar a su padre, tratando de contenerlas.

— Es acción-reacción. Es un hecho sucesivo de otros hechos. Así como armamos este rompecabezas — Dijo Obnet acomodando la pieza — Así como una pieza lleva a la otra. La acción de un pensamiento responde a las acciones de los otros. Ten un pensamiento malo y verás como los demás lo siguen, como ganado al pastor. Uno a uno van armando el gran puzle de nuestro carácter. Que no se te olvide esto hijo: Un pensamiento feliz, te llevará a la felicidad, así como los pensamientos anteriores te llevaron a éste. La felicidad es una decisión, hijo… y algo que pasa espontáneamente también cuando todas tus decisiones te llevan a ello. —

— He escuchado a los hombres decir que van a la guerra — Dijo Ziro secándose las lágrimas y encajando la siguiente pieza. —

— Es lo más probable, hijo. El gran consejo Shidorl ha dictaminado la extradición del gobernador Kantoriano, por la muerte de tu madre y de tu abuelo. —

— ¿Extradición? — preguntó el pequeño.

— Es cuando lo traen para juzgarlo —

—¿Y crees que vendrá? —

— No lo sé hijo. No lo sé. Grimor, el Gobernador Kantoriano es un gran enigma para mi en este momento. Nunca olvides esto, hijo, cuando seas gobernador, tú deberás tomar las decisiones. — Ziro pensativo, calló y siguió armando el rompecabezas en silencio.

Más tarde, esa noche, Obnet dejó a Ziro dormido. Se despidió de él con un beso en la frente y lo arropó antes de salir.

Afuera se encontró con Alarate que lo esperaba de pie. Obnet no lo miró, caminó hacia la derecha y el Shidorl lo siguió.

Ambos salieron del pasillo de alfombras rojas que llevaba a los aposentos mayores y se dirigieron en la banda transportadora hacia las salas de reuniones estratégicas.

Entraron en silencio.

Obnet caminó hacia la cocina y buscó una máquina expendedora de líquidos. Presionó algunos botones lumínicos. – Habla ya… — dijo Y se puso a buscar una serie de artilugios en los cajones contiguos.

El Shidorl que permanecía con ambas manos agarradas en frente por debajo de sus mangas comenzó a hablar con su voz gutural — Todo está preparado. Saldrás mañana en la segunda hora con tu guardia principal. Serás escoltado y llegarás sin novedad a destino. Una vez llegado, Obnet, deberás hacer que tu escolta entre en primer lugar, luego deberás entrar tú. Este será el primero de

cinco pasos importantes que debes seguir al pie de la letra para coordinar los eventos futuros. He hablado con Jaden hace algunas semanas y me habló del círculo de traición en el que participaste con Rayken y Combu. Me enseñó cuál es el propósito de esta guerra. Darkón se ha pasado de los límites. Debe ser destruído. —

— ¿Por qué no me dijiste nada de Darayana? ¿Por qué no me dijiste que moriría? — Interrumpió Obnet mirándolo a los ojos.

El Shidorl luego de un par de segundos de silencio dijo: — Ya te lo he dicho, mi señor — he hizo una reverencia — Nuestra misión es la suprema paz entre los reinos, gobiernos, facciones y especies. No podemos… —

— ¿No podemos qué, Shidorl? — Interrumpió Obnet — ¿No podemos detenernos en nimiedades como la muerte de mi esposa? —

— No es lo que quiero decir, sino qué… —

— Sino qué, sino que… Está bastante claro que la muerte de mi Darayana era parte de su plan. —

El Shidorl bajó la mirada y no respondió.

Obnet caminó al otro costado de la habitación y bebió de su vaso: — Todo luego de ese maldito círculo de traición han sido penas y malos augurios. Las auras de todos están raras desde hace tiempo. Incluso la tuya. La muerte de mi padre fué un golpe para el cual no estaba preparado y ahora mi esposa. Le han denegado la oportunidad a Ziro de vivir con su madre… —

— Ziro será un gran Gobernante, mi señor — Replicó Alarate con su gastada voz.

— Tss… pero no estará exento de sufrimientos ¿No es así, consejero? ¿Qué le dirás cuando ocurra alguna dificultad, que era su destino? —

Alarate escuchó: — A veces pienso si todo esto es necesario. Estoy amarrado, como mi padre sin saberlo, a la voluntad de tu especie. Y ese maldito Grimmor. Los Kantorianos… ¿Por qué nos atacarían? no tiene sentido… —

— Nosotros solo aconsejamos mi señor, no somos capaces de hacer que las personas obedezcan nuestros designios —

— ¿Pero a qué costo? ¿Acaso no dices que el universo será destruído por completo? Crees que somos tontos… ¿Acaso algún hombre tiene esa capacidad y ese poder? Lamento que mi padre haya sido tan creyente en el oráculo Shidorl. A su memoria le pido la tolerancia suficiente para seguir escuchándote. —

Luego de un par de segundos de silencio, Alarate habló: — Estarás solo desde que llegues hasta la cuenta de ocho meses regulares de cuatro semanas. Yo tendré permitido acompañarte, pero nos veremos solamente en tres oportunidades, en las cuales te adelantaré partes del plan. Esto debe hacerse de esta forma, así regularemos las líneas temporales. Este es el segundo designio.

Además de los dos primeros, hay otros tres que deberás seguir al pie de la letra y que son trascendentales. Tus lentes inhibidores deberán permanecer siempre puestos en presencia de Darkón. Obnet no debes romper esta regla, veo muchas líneas temporales que acaban en tu trágica muerte. —

Obnet se enfureció y gritó: — ¡AAAHHH! Maldicicón ¡Pero qué es esto!. No puedo creer que ya esté hasta el fondo en esto. —

Su Shidorl lo miró y guardó silencio por algunos segundos mientras seguía a Obnet con la mirada quien caminaba inquieto.

A veces podía identificar cómo la mente de Obnet se negaba a lo que estaba pasando.

De pronto la mente del Shidorl se fijó en una línea temporal que se cruzó por su campo, vió que debía seguir hablando y continuó: — Veo que verás con Rayken, Gobernante de los Toulka. ¿Qué hace Rayken aquí? —

Obnet lo miró extrañado. Alarate volvió los ojos a la normalidad y miró a Obnet diciéndole: — Obnet, debes actuar como te digo. No debes desobedecer estos designios, veo sin duda que aquello terminaría por acabar la civilización Pondaror entera. —

— Y por último Obnet, no debes desobedecer esta quinta predicción tampoco. Darkón no debe morir a manos tuyas… A pesar de que puedas hacerlo, esto no acabará con la guerra y Gladius se encargará del resto y se coronará él en vez del padre. Está todo preparado ya. La guerra, los otros dos gobernadores de mundos participantes en el círculo de traición, todo tiene su propósito. —

Luego de algunos minutos en los cuales ambos permanecieron en silencio y Obnet terminó su bebida caliente, Alarate dijo: — Tendremos una última charla. Antes de bajar a la nodriza Koratak, en la que te haré una última predicción antes de que todo comience para nosotros en este juego. Debe ser de esta forma Obnet, a veces nosotros debemos actuar como si no estuviéramos en este universo y dejar que las cosas avancen y caigan por su propio peso. —