Coartada

Siempre era de noche en la nave ciudad de Dakón. El frío del espacio se sentía en cada recoveco. Todo era lúgubre, los pasajes, los escondrijos, callejones y calles. El metal duro y frío envolvía todo a su paso dotando de una belleza singularmente oscura la naturaleza muerta de cada

rincón.

La atmósfera siempre era densa, opaca y callada. Algunas chispas alumbraban los andamios en los que la ciudad interior reposaba. Los monitores siempre encendidos daban una falsa sensación de vida y movimiento en los momentos de descanso, cuando la ciudad entera dormía, cuando los técnicos salían a hacer su trabajo de reparación diario dotando de amarillo y verde el cielo razo.

En las capas superiores, donde vivían los Puros asignados a la nave-ciudad. Los colores eran otros y las luces eran más iluminadas. Los monitores tenían colores vívidos y las puertas se abrían sintiendo la cercanía de un cuerpo.

En una de las salas de reuniones principales de la capa superior estaba Darkón.

Se reunió con su hijo Gladius con el General Supremo del Diamante, Vladdi y con su médico de cabecera Carantos.

Estaban sentados en la mesa principal de planeación que era de madera de roble marrón oscuro y sobre ella se proyectaba un holograma.

Los tres discutían acerca del asesinato de Galarik y sus implicaciones.

Carantos dijo: — Sabemos la causa de la neurodivergencia del Sporo Gene. Es una mutación genética del par veintisiete. No nació así. Fue incluída en su ADN a partir del quinto ciclo de vida. Lo extraño es que… —

Vladdi hacía una mueca parecida a una sonrisa malévola mostrando sus torcidos dientes.

— La guanina del par veintisiete encaja a la perfección con nuestra seta Paradius-K. — Decía Carantos apuntando el holograma: — En nuestros laboratorios investigamos junto con Vladdi y el viejo del cuadrado y descubrimos que hay un alto porcentaje de que la guanina enviada de nuestra sangre mediante la seta se adhiera a este par mutado del Sporo. Esto le podría causar alucinaciones. No podemos predecir con exactitud todavía lo que podría producir en su conciencia. —

— ¿Qué piensas Gladius? — Interrumpió Darkón mirando a su hijo: — Pienso que debemos matarlo, padre. —

— Tan impulsivo como siempre — Pensó Darkón y dijo: — Si lo matamos, se acaban nuestros experimentos, hijo. No podemos permitirnos aquello — Y le sonrió de manera cómplice: —

Gladius le dijo: — Ya mató a diez hombres, hagamos otro Sporo mutado, ¿No es así de simple?... Mejor hagamos un Puro mutado, ¿No? —

— Cuantos ciclos tiene este estúpido y no ha entendido nada aún — Pensó Darkón mirando a su hijo: — Este Sporo lo cree, pero no pensaba crearlo, es producto de mi seta mutada —

— ¿Qué piensas Vladdi del cuadrado? — Dijo Darkón mirándolo.

Vladdi trastabilló y dijo: — D… D… Debemos hacerle experimentos, s.. s… señor —

— Bien, bien… entonces dime ¿Crees que esta mutación genética se ha expresado debido a nuestra seta? —

Vladdi respondió: — N.. n… no lo sabemos con certeza mi señor. Pero es altamente probable que haya sido el causante de la mutación. Ya revisamos los informes de las setas enviadas al planeta Brieff donde vivía el Sporo. No hay anomalía alguna. — Vladdi hablaba mirando el holograma o la mesa y nunca cruzó mirada ni con Darkón ni con Gladius.

. — ¿Entonces tú descartas una seta mutada? — preguntó Gladius. —

— Darkón lo miró disimulando una cara de ira. Pero Gladius conocía muy bien ese rostro, pero quería demostrar un punto a su padre.

— Sí mi señor Gladius, n... no… no podría ser una seta mutada. Debemos analizar el planeta p.. pa… para saber más… tener más indicios — Y Gladius miró con cara de cómplice a Darkón.

— Bien… bien… no lo sabe, no sabe nada de mi querida seta. —

Vladdi siguió hablando: — S… su madre sufre de Calindra mi señor. Su padre ha muerto en el s… secu… secues… en la extracción mi señor. — Y Vladdi soltó una carcajada burlona como un alarido de hiena: — jaaaaaaa. Y lo mató su… su instructor Ghilian. Dicen que es un genio entrenando Sporos, por cierto. —

— Exelente — Replicó Darkón: — ¿La tienen aquí? —

— S.. sí.. sí mi señor, está aquí en esta misma nave. Su nombre es Moira —- Replicó Vladdi extendiendo sus delgadas y pálidas manos tatuadas en dirección al holograma.

Los tres vieron el rostro apacible de la durmiente madre de Gene. — Lleva durmiendo veinte ciclos, permanecía sobre un Klavra de contrabando — Y Vladdi siguió describiendo cada detalle con precisión mirando a la mesa.

Darkón le dijo a Gladius — Preparala, la quiero ver para mañana. — Gladius asintió.

— También Gladius, hijo mío, necesito tu ayuda para los preparativos de la Krasia — y Darkón comenzó a exasperarse con la voz chillona y tartamuda de Vladdi, quien no dejaba de hablar dando datos del entrenamiento de Gene. Entonces, en ese mismo momento, utilizando la segunda

destreza del Khandú, la de ver el futuro unos segundos antes, a Vladdi se le expandieron las pupilas y vió como Darkón le gritaba en la cara un gran — ¡CALLATE! — Mirándolo directo a los ojos.

Luego de la visión, Vladdi quedó en silencio para evitar que ese futuro observado se cumpliera y miró fijamente a una pared en silencio.

Darkón luego de cerrar los ojos en señal de hastío por la voz chillona de Vladdi, cuando éste hubo hecho silencio, continuó diciendo: — ¿Puedo contar contigo, Gladius? —

— Sabes que sí padre —

— Bien — dijo Darkón y continuaron hablando.

Vladdi por su parte meditaba en lo recién vivido: — ¿Él lo ha visto también? Claro que lo ha visto… claro que lo ha visto. ¿Me ha perdonado entonces? Claro… sí, me ha perdonado ¿Gladius también lo ha visto? pues claro... si… ambos lo vieron. Los tres lo vimos. — Y miró a Caranto — Todos aquí ocupamos el Khandú siempre, todo el día, sin excepción — Y pensaba que Darkón le hubiese gritado de seguir hablando unos segundos más.

En el momento en que los cuatro estuvieron de pie y organizados en sus tareas posteriores a la reunión, entró a la sala Oefus.

— consejero mío. ¿Dónde estabas? Justo estaba pensando en tí. Ven, acércate, quiero hacerte algunas preguntas. —

Oefus caminó cerca de Darkón.

Darkón le dijo a Vladdi. — Muchas gracias chico, lo has hecho bien. —

Pero la cara de Darkón no tenía expresiones, era sombría, casi bélica. Y pensaba: — Maldita rata retorcida. ¿Lo has visto, no? Estuve a punto de perder los estribos. Eres tan raro como excepcional, por eso perteneces a nuestras filas. Tu mente es fácil de seducir. De seducir y de asustar. Y tus dotes para el Khandú. Extraordinarios. ¿Ya te estás acercando a los cinco segundos ¿No es así pequeña rata miserable? —

Vladdi le quitó la vista de inmediato y disimuló su obvio nerviosismo con el saludo militar levantando la mano derecha hasta la altura del hombro con la mano empuñada. En seguida se dió media vuelta y salió de la sala.

Gladius caminó hasta la mesa y apagó los hologramas. También presionó una serie de botones luminosos para asegurarse de que la puerta estuviera bien cerrada.

— ¿Cuál será la coartada Shidorl mío? ¿Qué diremos que ocurrió aquí? ¿Acaso vamos a decir que son los Kantorianos de nuevo que dejaron al Pondaror en coma? Hay que decir algo respecto a este ataque, Obnet está gravemente herido —

El Shidorl cerró los ojos, respiró profundo y se concentró. Levantó las manos y comenzó a moverlas como si estuviera separando unas grandes cortinas.

De pronto abrió los ojos y los tenía blancos. Entonces dijo mientras seguía moviendo las manos: — Diremos que lo estamos investigando. Ha sobrevivido todo el segundo pelotón, pero del primero, sólo Obnet y su Primer General, el que tenía la bomba. —

— Y dime Shidorl mío. ¿Cómo es que sigue con vida este guardia personal? — Dijo Darkón hincando la mirada sobre los ojos blancos del shidorl. —

— Debes mantenerlo con vida mi señor. — Dijo el Shidorl volviendo en sí y mirando a Gladius: — No puedo decir nada más en este momento. —

— Él será emperador algún día — Dijo Darkón apuntando a Gladius.

— Lo sé mi señor. Pero aún no lo es, la norma dice yo solo debo hacer predicciones al supremo emperador Darkón señor. No puedo… —

Y Dakón le dijo a Gladius al oído: — ¿Quieres ver algo divertido? Utiliza el Khandú ¡Ahora!. —

Los altos instintos de Gladius aceleraban sus reacciones de manera desmedida, y, como usuario experto del Khandú, que lo utilizaba en todo momento de su vigilia, sin descanso alguno, las palabras de Darkón las escuchó aproximadamente cuatro segundos y medio antes de que fueran pronunciadas, así que cuando salieron de la boca de su padre, éste ya estaba preparado para desplegar su máximo de visión de hasta ocho segundos al futuro.

Entonces las pupilas de Gladius se dilataron de manera súbita, sus ojos se tornaron negros y la visión que se le mostró lo dejó perplejo: En menos de ocho segundos pudo ver como su padre presionaba tan sólo un botón de su antebrazo para que rezonara un pitido en toda la habitación.

Luego de los primeros tres segundos del pitido en los que todos cayeron de rodillas tapándose los oídos, Darkón sacó su daga, la empuñó para que se estirara y la metió en el pecho de su Shidorl Oefus dando una gran zancada.

Cuando Gladius salió de la visión y volvió su conciencia al presente, Darkón quien iba con las intenciones claras de presionar aquel botón que detonaría el pitido, cambió de dirección presionando un espacio vacío a su costado en el último segundo.

— ¿Lo has visto? — Le dijo el padre sonriendo al hijo.

Gladius quedó paralizado, sin respirar debido a la conmoción de lo que acababa de presenciar y pensaba: — ¿Qué ha sido eso, por qué mi padre me ha mostrado que mata a su Shidorl? ¿Acaso no sabe que eso significa la pena capital? —

Gladius seguía paralizado sin decir nada y pensaba: — ¿Qué me estás diciendo padre? ¿Acaso encontraste una forma de matar a Shidorl? ¿Por qué sonríes? Me estás diciendo acaso que… — Y Gladius volvió en sí y le miró atónito mientras deducía: — ¿Me estás diciendo que encontraste una forma de ser invisible al Oráculo Shidorl?