El gran escape

Ya no como un aprendiz, aunque tampoco como un maestro, sino más bien uno que va por un buen camino, Gene utilizaba su desdoblamiento a su antojo. — Luego de estos ocho meses, he avanzado. Lo he logrado — Se decía para sí mismo mientras comanda a su cuerpo real, desde su forma astral, a hacer malabares con tres piedras que recogió del suelo.

El viento movía y ondulaba sus finos vellos faciales y jugueteaba con sus largas pestañas. Era viento cálido que bajaba de las montañas de lava hasta los pastizales verdes del valle.

Gene estaba tan conectado con su cuerpo físico que parecía que un rayo de luz se colaba por su vista desde su cuerpo real.

Podía jurar que veía las sombras de las hojas tapando los rayos del sol. Brillantes. Tibios. Creía que sentía la brisa del viento en su proyección astral, podía asegurar que olfateaba el olor a humo proveniente de la chimenea de la cabaña.

Comenzó a sentir deleite por lo que hacía y por lo que se estaba volviendo experto.

— Preparé té — Dijo una voz de mujer que salía desde la cabaña.

Gene no se inmutó.

Ella caminó para encontrarse con Gene que hacía malabares con unas piedras con los ojos cerrados. Estaba erguido con las piernas separadas y flectadas.

Caminó por detrás rodeándolo. Quedó frente al Gene desdoblado.

Gene vió una silueta delgada de mujer de color amarillo entrando en foco. Destacaba por su proximidad de todas las otras pequeñas lucecitas de los insectos y animales que pasaban.

Enseguida la proyección astral fue escupida al cuerpo de Gene quien abrió los ojos y se irgió. Las piedras cayeron al suelo.

Se giró.

— Preparé té. Necesitamos hablar. —

Gene observó a una mujer esbelta y de musculatura fina.

Sus negras ropas ajustadas al cuerpo le quedaban perfectas.

Tenía cabellera corta y lisa con un tatuaje negro en forma de punta que nacía desde atrás de su cabellera y apuntaba justo en medio de sus cejas.

Sus pies de metal hundían el pasto.

Gene esbozó una sonrisa. — ¡He Gya! — y levantó la mano en señal de saludo.

Se acercó a ella y le preguntó — ¿Cuánto ha pasado. Cómo está todo? —

Gýa parecía del doble del tamaño del Sporo. — Necesitamos hablar. — Y caminaron juntos a la cabaña.

Ya dentro, prepararon té, lo sirvieron en vasos de piedra y se sentaron a la mesa.

— Darkón ha declarado la guerra. — Dijo Gya con voz compungida.

Gene sorbió un poco de té.

— Me ha costado mucho ocultarte. Se ha mandado a Gladius a buscarte. He movido progresivamente todos los archivos para poder bloquear su búsqueda. Ese maldito me la pagará. —

Gene tomaba el té mientras la escuchaba y una imagen comenzó a formarse en su mente.

Aunque el ambiente era cálido, pudo sentir el frío de aquel día. y su atención se fue al recuerdo del momento en que la conoció.

Recordó aquella vez que escapaba de los Khorakat que intentaban matarlo.

Le acechaban en el planeta nombre_planeta.

Cuando, luego de haber escapado del bunker e inyectarse el regenerador celular que le salvó la vida, corrió montaña adentro para internarse en el frío profundo de la cordillera.

Caminó por varios días, se alimentó de insectos y animales invernales que logró cazar.

Finalmente encontró algo de estabilidad en una cueva al interior de la pared montañosa.

Aquella vez dormía dentro de una oscura cueva cuando el frío filo de una espada lo despertó.

Abrió los ojos y vió los grandes ojos verdes y la blanca piel de Gya.

— No te muevas o te mataré — Gene permaneció en silencio e inmóbil.

— ¿Eres el Sporo que llaman Gene? — Gene asintió.

— Tienes sólo una oportunidad. Tu vida depende de ello. Respóndeme bien. Sabré decir si me mientes. ¿Randel, sabes qué pasó con él? —

Gene la miró por un segundo. No podía tragar saliva. No podía hacer nada. El Filo de la daga le cortaba la piel. Si decía algo mal perdería la vida.

Finalmente dijo: — Gla… Gladius lo mató —

Los ojos de Gya se llenaron de lágrimas. Apretó los dientes y en un grito de rabia apartó el filo del cuello del Sporo y cayó sentada en el suelo.

Gene por fin respiró y se agarró el cuello con ambas manos para sopesar la herida. Era poco profunda.

Quedaron en silencio. Gene no sabía qué hacer.

Estaba tapado con la sábana negra para dormir. Podía empuñar la daga que ocultaba y en un segundo saltarle encima.

Gene observó su vestimenta y su tatuaje negro de la frente: — Una Generala Suprema — Y sintió miedo. Sin duda no tendría la menor oportunidad contra ella.

De pronto Gya dijo: — Randel… era mi hermano. — Gene resbaló de la sorpresa.

— Gladius. Yo lo ví. Lo ví en frente de mi. Randel vio algo y entonces… —

Gene vió como las lágrimas caían por la cara de Gya — Y entonces lo mató — concluyó mirando al suelo.

— Gladius. Te maldigo. — y Gya se cortó la palma de la mano y la empuñó.

— Cuéntame Sporo. Cuéntame todo. —

Gene abandonó toda idea de atacar cuando supo el rango de Gya. Seguramente ella miraba unos cuatro segundos al futuro sin mayor esfuerzo. No tenía sentido resistirse.

Gene vaciló pero vió honestidad en la mirada de la Generala. Luego de un momento de silencio se acomodó y mientras guardaba su sábana ultra delgada le contó con detalle cómo pasaron las cosas. Desde la entrada a la nave, hasta los asesinatos que tuvo que cometer para salvar su vida.

Cuando terminó la historia guardó silencio y miró a Gya.

— No pienso matarte, Gene. — Te llevaré con los Shidorl. Ellos querrán escuchar esto, pero llevará tiempo.

Gene le creyó y se relajó.

Gya se levantó y se acercó a Gene agarrándole la pierna derecha y empuñando el cuchillo — Dame tu pierna — Gene titubeó y se alejó.

— No pienso matarte. Ya te dije. Ven. Dame tu pierna. — Gene dubitativo, finalmente cedió.

— Jamás ibas a escapar — Gya Rasgó la ropa de Gene a la altura del muslo y la abrió. Agarró firmemente la pierna velluda del Sporo y dijo mientras hundía el cuchillo — ¡Aguanta! — Lo

sacó y metió su dedo índice en la herida. Gene ahogó un grito de dolor tapándose la boca con ambas manos.

Se retorció del dolor.

Gya extrajo, raspando la musculatura del Sporo un pequeño chip de color azul.

Lo tiró al suelo y lo aplastó con una piedra.

— ¿Cómo? ¿Cómo ha llegado eso ahí? —

— Te lo implantan cuando eres un bebé, no lo recuerdas por que te duermen. — Respondió la Generala: — Logré modificar la fuente de datos. Gladius ha estado siguiendo a uno de mis contactos de los Youkai Nohito, pero me temo que no tardará en darse cuenta. —

Gya sacó de un diminuto bolsillo trasero un pequeño frasco de regenerador celular. Lo encendió y clavó sus agujas en la piel de Gene. Enseguida este se sintió aliviado del dolor y del hambre.

Poco a poco las heridas de su muslo y de su cuello comenzaron a sanar.

Gene no pudo quitar la mirada de los ojos aturquezados de Gya mientras ella le decía: — Debes moverte de sitio. Volveré a venir cuando pueda. Toma, ten esto siempre contigo. — Gya le pasó un pequeño intercomunicador a Gene. Éste lo guardó en uno de sus bolsillos.

Así pasaron ocho soles.

Tiempo después, una mañana muy nevada, Gene escuchó por el intercomunicador a Gya.

Le respondió y le transmitió las coordenadas.

Cuando se encontraron, el saludo fue algo más afectivo.

— Te he conseguido un planeta. Tuve que pagar mucho por él. Estarás a salvo ahí mientras consigo una audiencia con el gran Consejo. Lamento decirte que esto llevará más tiempo del que pensé. Pero al menos estarás a salvo y no tendrás que esconderte —

Dijo Gya agarrando a Gene del brazo y llevándolo por un camino entre las rocas nevadas.

— Esto tengo que hacerlo en secreto. En cada movimiento me juego la vida. La vida y la honra viendo a ese maldito asesino de Gladius. Las cosas se están tensando en el centro del cúmulo. Hay movimientos y augurios de guerra. —

Gene la miraba mientras caminaba a su lado.

Finalmente llegaron a una pequeña nave para dos personas. Ambos subieron en silencio.

Gene recordaba aquella vez cuando Gya lo dejó en aquel planeta donde ahora tomaban el té.

Sintió alivio de saber que Gya lo protegía. Pensar en esto le ayudaba a dormir por las noches. Gya terminó de hablar y sorbió un poco de té. Ambos guardaron silencio.

— Es cosa de tiempo que se enteren de mi engaño. Han encontrado a mi contacto para nuestra desgracia. Su muerte casi acabó con Gladius. Quedó mal herido. Ya saben que no eras tú el del chip. Debo recuperar su contraseña personal, tiene más acceso que yo al sistema, debo borrar de su bitácora los cambios que hice. — Gene notaba la inseguridad en las palabras de Gya mientras la veía tomar té. Un constante tintineo de su rodilla derecha acusaba su nerviosismo.

Gene preguntó: — ¿Dejó mal herido a Gladius? eso.. eso es.. imposible. — Gya no dejó de tomar té.

— ¿Cómo es posible? Gladius debe ser la persona más fuerte que he visto en mi vida, su sola presencia me da pavor. — Pensaba Gene en cómo debía ser la fuerza de los contactos de Gya y que el mundo que conocía era muy pequeño.

— Te llaman neurodivergente — dijo Gya mirando a Gene por arriba del vaso de piedra del que sorbía té. —¿neuro qué? — Neurodivergente — Recalcó Gya. — Tus exámenes sanguíenos resultaron alterados. Nadie le prestó importancia. Como eres un Sporo nadie lo atendió — Y Gya sintió vergüenza.

Gene sorbía té mirando al suelo.

— Lo siento… no quise decir que… — Gya se carraspeó la garganta: — Tienes una mutación que te hace neurodivergente. Una mutación genética. — Gya volvió a capturar la atención de Gene.

Lo observaba con detallada atención, escrutándolo.

— Hay un par de cromosomas de tus hélices que no debieran tener la forma que tienen. Dime. ¿Te sientes diferente? —

Gene la miró y negó con la cabeza.

— Me quedaré tres días de este planeta. Tengo que pedirte un favor. Un favor que te costará mucho aceptar llegado su momento.

— Si díme. Lo haré — Respondió Gene gentilmente.

— Necesitamos repasar la historia. He conseguido una fecha para que te escuche el gran consejo Shidorl. Uff.. han pasado tantas cosas —

Claro… lo haremos. ¿Cuál es el problema? No veo que repasar la historia, una vez más, me costaría mucho. ¿O hay algo que no estoy entendiendo? —

Gya lo miró fijamente. Sus facciones se relajaron y su rostro quedó sin expresión: — Tengo que decirte algo. En mi juventud. Como soldado, fui implacable al imperio y al emperador Darkón. Siempre estuve en la lista destinada a ser una Generala Suprema. Era tratada como un especimen

por los laboratoristas y medidores clínicos. Nunca me molestó. Lo hacía por el imperio. Pero luego de saber de lo que son capaces. Estos malditos animales. Me arrepiento de haber quitado tantas vidas en su nombre. Ahora siento un vacío por dentro que nunca se va a llenar. Randel, mi hermano… Jamás podré perdonar a ese malnacido de Gladdius. Siento que mi vacío se haga tuyo ahora Gene. — Y Gene la miró con atención.

Sus ojos se humedecieron lentamente mientras Gya le hablaba: — Fueron por tu madre. Darkón lo pidió. Quería hacerle algunas mediciones de sangre. Tu padre Brahm. Gene. Él era viejo. Según el informe, sus movimientos fueron el resultado de sus ganas de estar con tu madre. Desde que te fuiste del planeta, había estado decayendo de forma abrupta. Tu padre se opuso a su traslado. Hay un apartado entero de cómo intentó atacar a los transportistas. Finalmente cayó muerto dentro de la casa. Sabes que las palabras de Darkón no se pueden cuestionar. No encontraron mejor idea que dejarlo muerto ahí mismo. Esos seres despreciables. — Y Gya se dió cuenta que las facciones de Gene había cambiado. Había dejado su taza de té en la mesa de centro y se pasaba la mano por el rostro.

— ¿Qué? ¿Qué me has dicho? —

— Lo siento Gene yo… creo que fuí muy rápido —

— No lo puedo creer. ¿Mi padre? ¿Quien? ¡Dime! quien lo ha matado! — dijo finalmente Gene en un grito de furia.

Gya no se inmutó.

Gene pensó que ella ya había visto su reacción utilizando el Khandú. Seguramente lo utilizaba de forma permanente.

Era un un bello y letal monstruo.

Gene sintió un calambre en la espalda por haberle gritado a Gya. Le dió vergüenza.

Se sentó subiendo los pies a la silla; abrazando sus rodillas. Encorbándose como un niño asustado: — Maldito Darkón. ¿Por qué ha hecho esto? —

Gya respondió — Es por tu mutación. Es lo único que sé. —

Gene sintió como el mundo se le venía encima. Nunca esperó sentirse así tan desesperado tan rápido.

Era como si una roca le estuviera presionando el pecho.

No aguantó más y hundiendo su cabeza entre las rodillas lloró.

Gya solo se limitaba a mirarlo desde su silla.

Un rato largo después. Cuando Gene se cansó de llorar y quedó en silencio mirando a Gya se acomodó en su asiento y dijo: — Pon tus manos atrás y haz un número levantando tus dedos. —

Gene se acomodó en el respaldo y cayó como si se hubiera dormido repentinamente.

Enseguida se irguió y permaneció con los ojos cerrados.

Gya puso su mano derecha atrás algo incrédula.

De pronto Gene comenzó a mover las manos y dibujó el símbolo del número tres levantando tres dedos de la mano. Luego levantó dos más. — Cinco — Pensó.

Luego tres. Luego cuatro.

Gya se llevó ambas manos atrás. Gene imitó sus movimientos a la perfección puesto que luego de desdoblarse, caminó con su forma astral por detrás de Gya y le veía las manos perfectamente.

Gya sorprendida le preguntó. — ¿Qué es esto? ¿Acaso me estás leyendo la mente? —

Gene observó que la silueta luminosa y amarillenta de Gya movía los labios y enseguida fue expulsado al interior de su cuerpo físico.

Gene abrió los ojos.

— ¿Cómo lo haces? — preguntó Gya.

— Creo que es mi neurodivergencia. —

Gya no pudo contener la emoción y abrió los ojos y levantó las cejas. — Cuéntame Sporo. Dímelo todo. —

Gene de forma impulsiva gobernado por el dolor de la muerte, confió en Gya y le contó todo.

Le contó lo que podía hacer, cómo podía ver y como podía controlar su cuerpo. También le contó que así fue como sobrevivió.

Luego le dijo: — Quiero entrar. Quiero ayudarte. Mataré al maldito que mató a mi padre. —

Gya viendo la oportunidad, no titubeó en manipular las emociones de Gene para su conveniencia.

— Esta rabia que sientes, debes dirigirla a Gladius. Él te busca. Tenemos que parar con esta masacre. Ellos son capaces de matar a su propio pueblo para sus fines políticos. Tú mismo lo has visto. —

Gene respiraba agitado.

Gya disimuló con gran precisión la muletilla que siempre tenía al mentir y su rostro no se movió en lo más mínimo: — Gladius fue el que dió la orden de matar a quien se opusiera al traslado de tu madre. Él es el responsable. —

Gene la miraba cambiando su pena por ira.

— Sí… podré observarlo para conocer alguna debilidad. —

— Bien… excelente… — Pensaba Gya: — Lo creyó… es mío — Y Gya dijo: — Será arriesgado. —

Los ojos de Gene se iluminaron.

— Pero estoy segura de que podrás conseguirlo. Eres el espía perfecto. Serás mi chivo expiatorio. ¿Pero cómo haré la coartada?. ¿Sabemos que esto no cambia los planes, no? Yo te dije que el favor que te pediría te costaría mucho realizarlo. Aún debemos ir con el Gran Consejo Shidorl. Ellos deben saber tu versión de los hechos. —

Gene la miró con rabia. Luego asintió.

— Lo haré — dijo.

Gya siguió: — Lo de la coartada, ya pensaré en algo. Hay que decir que escapaste a un planeta cercano… — Y lo miró con ojos inquisitivos. Sus pupilas se dilataron solo un poco para ver las reacciones de Gene en el futuro: — Yo sé el nombre del asesino de tu padre. — y pensó: — Lo tengo, lo tengo. —

Gene no pudo creer lo que escuchó.

Su menté se revolvió de nuevo y se agarró la cabeza cuando Gya dijo: — Tu tutor. Él estará ahí, en la capitanía. Viajó con tu madre a la central. Darkón quería entrevistarlo. Si… Si Darkón te cree interesante no te matará, te mantendrá vivo mientras le sigas pareciendo interesante. Esto te dará tiempo para buscar tu venganza. Se llama Ghillian. Ghillian Musri. Tu tutor. Él fué quien mató a tu padre. Ven. Vamos a fumar algo, tenemos un gran plan por hacer. ¿Qué alcance tiene tu desdoblamiento? —