Un paso en falso

Obnet nuevamente estaba frente al espejo. Su rostro estaba tranquilo. Sentía que éste, otro embate de la vida más, le daba fuerzas, lo enfurecía.

Ahora más que nunca quería cobrar venganza por su padre y su esposa.

Se detenía especialmente en sus ojos de color cobricio, los miraba sin decir nada en su mente. Se miraba su nariz gruesa y perfilada. Sus labios negros. La forma de su mandíbula y se concentraba en su respiración.

— No tengo tiempo. Darkón lo ha creído, pero no tardará mucho en saber la verdad. Debo escapar. —

Trató de recordar el camino correcto hasta los hangares de las naves de reconocimiento. Son las más ligeras y además su reducido tamaño las hacen ideales para escapar.

Con dificultad pudo recrear un camino en su mente.

No lo tenía muy claro, pero no tenía tiempo para más.

Presionó un botón en la loza y un chorro de agua salió por la llave.

Se mojó la cara. Se miró una vez más en el espejo y salió del cuarto de baño.

Se dirigió rápidamente a la salida de la habitación, abrió la puerta y se encontró frente a frente con Alarate. Su Shidorl. Sólo le tomó dos segundos a Obnet reaccionar. Se apartó para que el Shidorl pasara. La puerta hermetizó el bullicio que se comenzaba a sentir afuera.

Alarate dijo mientras pasaba: — Cuando somos jóvenes somos impulsados a creer en el destino. Luego descubrimos que podemos cambiarlo, asegurando consigo, la paz. La paz es la conexión que nos une Obnet. Es el sustento de toda existencia. No somos más que hojas cayendo sin rumbo del arbol de la vida. Muchas veces, como tú y yo, sin un destino propio, más bien estamos a merced del viento que nos mece y nos enseña el camino. Escaparás en una nave de reconocimiento. Ya está preparada para el abordaje. Escúchame muy bien. Este es el plan. — Y Alarate le explicó el plan de escape a Obnet. También le indicó que no se preocupara por él porque no era el momento de su muerte.

— Debes utilizar este cristal. He dejado un mensaje para tí. Lamento que sea de esta forma y por esta vez, lo entenderás después, te explicaré el real motivo arriesgando rasgar el velo del Oraculo Shidorl. Obnet, debe ser de esta forma, porque en todas las líneas del tiempo que se me presentaron, esta es la única en la que podías aceptar tu destino. De otra forma, todo el plan ya trazado, dibujado en las líneas del tiempo que podemos ver, no se cumpliría — Esto fue una gran revelación para Obnet quien no cabía en su incredulidad. — ¿Entonces lo confirmas? – pensó. — Si… claro que si.. esto confirma que no somos más que piezas del tablero, carentes de emociones. Estos malditos Shidorl nos manipulan. Siempre lo supe. Ellos ya tienen un plan. Lo ha dicho… y este es el plan que todos los reyes de mundos seguirán sin importancia. Pero ¿Por qué me lo dice? y

¿Por qué me lo dice ahora? ¿Acaso en verdad no podré negarme a mi destino aunque sepa esta revelación? — La mente de Obnet parecía estar mareada con esta información. Alarate dijo: — Ziro. Ziro será un gran Gobernante. Así como te digo esto, yo te aseguro que Ziro está contemplado para reinar en paz por mucho tiempo. Esto, Obnet, es por nuestra gente. Por la gente que dejamos y que amamos… — Y Obnet ahora comprendió el mensaje de fondo que su Shidorl intentaba darle. quería salvar a su gente, los Pondaror. — Obnet estrechó la mano de Alarate al tiempo que recibía el cristal. Enseguida fué a la puerta, presionó el botón de la pared y esta se abrió. Obnet salió raudo corriendo hacia la derecha.

Dobló por pasillos y entró por puertas. Repasaba la órdenes de su Shidorl en la mente mientras se dibujaba una ruta de escape. Muy pronto vió la estancia abandonada donde tenía que esperar algunas horas para continuar huyendo.

Llegó, se sentó a la sombra como se le fue aconsejado y esperó. Descansó y puso sus pensamientos en orden. — Ziro… — Se repetía para si mismo. Trataba de respirar profundo esperando la hora para seguir su viaje.

Luego, cuando las luces se tornaron más tenues miró por un espacio entre las rendijas hacia afuera y esperó la señal.

Una luz amarilla se prendió a lo lejos en una antena de señales electromagnéticas. Era el momento.

Se apresuró para salir por la puerta trasera como se le había dicho. Corrió sin descansar. Sigiloso como el viento. Daba grandes zancadas y trepaba muros y rejas con gran habilidad. Pronto llegó al hangar de naves. Una protuberancia metálica gigante con una gran entrada de puertas dobles muy grandes capaces de recibir varias naves al mismo tiempo. Contó las puertas de servicio hacia la derecha. — Una.. dos y tres… — Y vió lo predicho. Dos guardias armados en la última. Uno Puro y un Sporo.

Corrió ocultándose entre las sombras con gran habilidad. Se pegó a la pared del hangar escondido tras las protuberancias del metal del armazón. Antes de llegar donde ambos guardias, trepó por una escalera de servicio que sobresalía de un pequeño balcón, un piso más arriba. De un gran salto y con un grácil movimiento logró tomarse con ambas manos. Se dió impulso con las piernas y giró en el aire para quedar agarrado de la base del balcón del segundo piso. Utilizó sus grandes brazos para subir lentamente y acomodarse justo arriba del Sporo.

De un bolsillo trasero sacó sus Kanahiki. Sus cuchillas circulares que se acomodó en las manos dejando libres las palmas para el agarre y el filo en sus puños. Eran armas letales en manos de los Pondaror.

Saltó sobre el Sporo y en un sonido sordo, le cortó la garganta en la parte anterior y posterior al mismo tiempo pasando sus Kanahiki de forma rápida por el cuello velludo del Sporo. Este cayó muerto al instante. Obnet retrocedió para embutirse en las sombras que dejaban los recovecos. Caminó detrás del segundo koratak, el Puro. Alto y de tez blanca. Corrió en silencio tras él. Lanzó un corte a la pierna con su Kanahiki de la mano derecha, pero el koratak lo esquivó en el último segundo. — Un usuario experto del Khandú — pensó Obnet y enseguida el destello rojizo se prendió en sus ojos. El koratak dió media vuelta y quizo a puntarlo con su arma. Obnet vió que parte del aura del brazo se tornaba roja. — El brazo derecho — pensó. Enseguida se movió rápidamente para detener el movimiento del koratak. Éste, quien ya había visto un segundo antes el movimiento de Obnet soltó el arma para sacar un cuchillo de su costado. Obnet vió un aura roja en su brazo. — El brazo derecho nuevamente — pensó y abrió la palma derecha para agarrar del brazo al koratak y su puño izquierdo pasó tan rápidamente por el muslo de su atacante, que el Kanahaki le hizo una herida profunda, pero indolora.

El koratak lo miró y forcejeó con Obnet por sacar el cuchillo, hasta que el dolor de la herida recién abierta lo hizo trastabillar. Éste se quejó y golpeó la cabeza de Obnet con su puño izquierdo, soltando el cuchillo. — Obnet vió como se iluminaba de rojo el aura de aquel brazo.

Recibió el golpe con querer, solamente para acertar un tajo que le partió la mandíbula en dos, éste cayó de rodillas y, finalmente, Obnet girando ambas cuchillas alrededor del cuello de su víctima, le arrancó la cabeza. — No puedes ver que te hice una herida si no te duele, ¿No? — Dijo y corrió hangar adentro.

— Sinceramente espero no tener que matar más el día de hoy. —

Permaneció en silencio oculto tras las sombras de los pilares grandes y Macizos que contenían toda la estructura. Miró arriba buscando algo. Vió andamios y escaleras de metal que iban y venían a un segundo piso. Los cables caían por todos lados y varios trabajadores, todos Sporos, iban y venían sin rumbo aparente ocupados en sus propias cosas.

Esperó por unos minutos y una luz verde, de un gran tablero de comando en la esquina superior, se encendió. — La señal. — Se preparó para correr. Miró hacia ambos lados, todos parecían ocupados. De pronto las luces se encendieron.

Titubeó.

Se contuvo, Esto no le había sido predicho. Logró contar mentalmente un ciento de Sporos y aún estaban los otros cuatro koratak Puros en las primeras dos puertas. Debía hacerlo rápido, puesto que la apertura de los portones principales comenzaba.

Los Sporos de los andamios que daban al segundo piso comenzaron a correr y a bajar. Un frío intenso se apoderó del lugar cuando una ráfaga de viento acusaba la salida del aire caliente del hangar. El techo se replegó y se partió por la mitad dejando ver un tubo del diámetro de toda la estructura que conectaba directamente con la capa externa de la nave-ciudad. Donde se encontraba desde hace mucho tiempo.

— Estuve en coma por ocho meses… — Se repetía mentalmente mientras iba de sombra en sombra, buscando la mejor posición: — He perdido a mi padre — y se acomodaba: — He perdido a mi esposa. No voy a perder nada más. — Debía aprovechar esa oportunidad para tomar la nave que le fue preparada y colarse en el despegue de otra. — No tardarán en encontrar los muertos de la tercera entrada. mmm… ¿a ver? — Y Obnet contó aproximadamente los segundos que le tomaría a los guardias avanzar hasta el centro del hangar y efectuar un disparo asertivo. — Uno… dos… tres.. si tres segundos — Se Irguió y comenzó a caminar rápido, pero no mucho, debía permanecer el mayor tiempo posible desapercibido. Miraba a todos los Sporos caminar. Ellos no le miraban aunque parecía muy diferente y alto entre todos. Debía cruzar toda la estancia en diagonal. Tenía que tomar la ruta más corta desde donde se encontraba. Las compuertas del techo solamente duraban un par de segundos luego de que la nave autorizada despegara.

Escuchó un motor encenderse. — Diez segundos — dijo. Y una alarma comenzó a sonar. Las luces se tornaron rojas. Obnet miró en dirección hacia unos gritos que comenzaron a propagarse. Se giró para ver sobre sus hombros y un koratak puro levantaba las manos y gritaba despavorido. — HEEEE Aquí aquí… Aquí hay dos muertos — Y Obnet abrió los ojos. Notó que todos los Sporos se fijaron en él, no podía ser nadie más que él. Un moreno gigante de traje azul profundo con las Armas de los Pondaror embutidas en las manos. Algunos se alejaron del miedo. Otros comenzaron a acercásele levantando las manos. — ¡Deténganlo! — Gritó el koratak de la entrada. Obnet recordó

que tenía tres segundos para resguardarse. El sonido del motor de la nave comenzó a acelerar y las sirenas emitían un sonido perturbadoramente potente.

Entonces la parte blanca de sus ojos se tornó de un rojo fuerte, era como si estuvieran llenos de sangre. Sus pupilas se dilataron. Comenzó a ver el aura de todos con una nitidez absoluta. Decidió correr. Tenía que doblar la esquina en los próximos tres segundos.

Corrió con fuerza. su vida dependía de ello, pero había más en juego: Su venganza.

Miró atrás y vió como el aura roja del guardia de la primera puerta, abarcaba el espacio que el koratak usaría en su próximo paso. Podía leer en su aura como sería su trayectoria. Faltaban un par de segundos todavía cuando escuchó los impactos de los lasers dando en la pared frente suyo.

Giró rápido derrapando con los pies. Corrió a pesar de los resbaladizo que se volvía el piso a esas velocidades. Dobló la esquina, entró en una segunda estancia gigantesca que almacenaba todo tipos de naves y la vió.

Una nave de escape con una luz verde encendida entre todas. Con el cuerpo de la cabina de color plateado y las alas amarillas.

Se apresuró a correr. El camino estaba despejado, los Sporos del lugar ya se habían ido.

De pronto dos siluetas envueltas en un aura roja aparecieron al fondo. — Aquí hay dos más — pensó.

Aquellos dos comenzaron a disparar, pero Obnet era muy habilidoso Y saltó girando en el aire, agarrandose los pies. Aterrizó corriendo en dirección a la nave

Obnet miraba atentamente a sus atacantes, sus auras producían una señal conocida por él. Al momento de apretar el gatillo. Era como si le señalaran donde apuntan.

Obnet saltó hacia el frente como una flecha para esquivar el próximo ataque, puso sus manos en el costado y esquivó ambos láseres. Cayó encorbándose con su espalda. Se encogió y rodó una vuelta antes de ergirse y seguir corriendo.

Así, esquivó otro ataque. subió por la nave anterior a la seleccionada. Saltó dando giros en el aire y aterrizando de forma majestuosa sobre la cúpula de vidrio endurecido.

Bajó por el costado y metió el cristal que le dió su Shidorl y la cúpula se abrió. Entró y sacó el cristal. Los rayos láseres impactaban de forma tupida en el armasón. Enseguida Obnet presionó la secuencia de despegue.

La nave aún estaba fría, aún no calentaba, pero debía hacerlo. Rogó por que los motores respondieran. Apretó los aceleradores a fondo a fin de calentar los propulsores y vió como la nave autorizada al despegue salía por la cúpula — Es ahora o nunca — Se dijo y subió ambas palancas para iniciar la levitación. Los láseres seguían chocando contra el armazón. Los koratak cambiaron a armas de fuego. Esta vez las balas se incrustaron efectivamente.

Voló hacia la cúpula que se cerraba, una de las alas chocó con el canto de de la cúpula superior, su nave se desestabilizó, pero los conocimientos impartidos desde pequeño lo salvaron y logró controlarla.

Presionó una vez más los aceleradores y pasó rozando las puertas al interior del tubo antes que se cerrasen. — Lo he conseguido — Dijo mirando atrás.

Aceleró. Todavía quedaba la otra puerta.

Vió la nave anterior salir volando rápidamente en dirección al vacío.

Esta vez todo fue más tranquilo. Logró salir antes de que las puertas exteriores se cerraran.

Suspiró largo y profundo. Se echó en la silla y cerró sus ojos. — Estuvo cerca — Dijo.

Respiró. Su pecho subía y bajaba con violencia.

Se permitió un instante de calma. Solo uno.

Su vista comenzó a nublarse. Estaba muy fatigado, pero antes de sucumbir frente al cansancio, la imagen de su esposa pasó por su mente.

Fué como un shock eléctrico que atravesó cada fibra de su cuerpo, como si su alma gritara desde las entrañas.

Sus ojos se tiñeron de rojo, como si la sangre misma quisiera ver más allá. En ese instante, sus pupilas se dilataron tanto que el aura de un planeta se manifestó ante él: inmenso, vivo, palpitante. Pero fué solo un segundo, su cabeza estaba rodeada de imágenes que le propiciaban dolor. Dolor y rabia.

Miró hacia atrás.

La nave-ciudad de los koratak se alejaba, pero su mirada se fijó en la estructura más alta:

La cabina del Emperador.

Creyó ver un punto violeta en la parte central.

Apretó su mandíbula en señal de rabia.

— Maldito Darkón… En esta o en la otra vida, me la pagarás —