El plan perfecto
Darkón estaba sentado en su trono como de costumbre mirando el negro profundo del espacio a travez del cristal. Sorbía su viscoso rojizo desde un pequeño vaso de vidrio. Abría su boca estirando su mandíbula inferior hacia adelante y dejaba que un trozo de la jalea-miel se deslizara por debajo de la lengua.
Cerraba los ojos y emitía un leve suspiro en cada sorbo.
Vió por el rabillo de su ojo que se prendía una pequeña luz verde a su derecha. La miró y cerrando los ojos con hastío pensó: — Y ahora quien viene…—
Gladius entró por la puerta principal.
Darkón lo miró por el reflejo del cristal.
Gladius pasó sin hacer ruido pero de forma pausada. Sintió un ambiente lúgubre, normal en prescencia del Emperador. Todo le parecía menos luminoso y el espacio más pequeño. Aquella sensación de claustrofobia le parecía ya, normal.
Quedó en silencio detrás del trono. A pesar de estar tres peldaños arriba del piso, Darkón parecía estar mucho más alto.
— Necesito que te reunas con Gya. Ella está viendo los asuntos con los Pondaror. — Darkón le dijo a Gladius sin inmutarse. Seguía sentado mirando al frente: — Las noticias deben haberse esparcido ya. Todos los Pondaror sabrán acerca de Dummur, el Shidorl del Consejo del otro supercúmulo y lo que dijo en el juicio. —
— ¿Qué harás padre? —
Darkón apretó los dientes y se negó a responder.
— Yo soy el que hace las preguntas, mocoso — pensó. Y dijo. —¿Y el neurodivergente? lo encontraste —
— Precisamente vengo a esto, padre. Lo hemos localizado en un planeta llamado Caiobos cercano al incidente, donde murió Galarik. Rastreamos su rostro en un mercado de comida en los suburbios. —
— Bien — Dijo Darkón y sorbió otro poco del viscoso.
— Lo raro es que detectamos que sus condiciones físicas no son las de un perseguido o las de un fugitivo furtivo. También está lo del chip azulado de reconocimiento. Lo perdimos y lo recuperamos en un planeta muy lejano, casi en el otro super cúmulo. Lo tenía un… — Y Gladius titubeó: — Un guerrero experto —
— Lo sé… ¿Un regenerador celular te salvó la vida, no? — Y Darkón lo miró por el reflejo del vidrio.
— Una vergüenza — pensó.
— Era un Youkai nohito. — Y Gladius hizo una pausa.
Darkón detuvo sus pensamientos con aquellas palabras — ¿Un Youkai Nohito? — Pensó.
Luego le dijo: — ¿tenía la marca? —
— Sí, padre. —
Ambos guardaron silencio.
— Mi padre los exterminó — Dijo Darkón y se giró para ver a su hijo: — Averigua qué es esto. ¿Tienes el cadáver? —
— Lo tenemos. El análisis genético concuerda. —
— ¿Y qué hay del chip del Sporo? — preguntó Darkón.
— Los Sporos no tienen cómo enterarse de esto. No tenía cómo saber del chip. Es muy raro. —
— Traelo — Interrumpió Darkón. Y agregó con un tono seco y contundente: — ¡Y Ahora! —
Darkón vió por el reflejo del cristal como Gladius asintió con una reverencia y dijo: — Enviaré inmediatamente a Vladdi a buscarlo, padre. —
— Ah! Una cosa más, Gladius. El Pondaror despertó. Dile que vaya con él. — Darkón vió como Gladdius se daba media vuelta para salir y cerró los ojos para seguir sorbiendo su viscoso rojizo.
— ¡Hey! — Darkón creyó que era la voz de Gladius que lo interrumpiá.
Comenzó a sentir rabia inmediatamente — ¿Cómo se atreve a llamarme así? —
Miró el cristal y no vió a nadie en su reflejo.
Miró al lado izquierdo y no vió a nadie atrás de su trono.
— ¿Quién me llamó? — Y se acomodó para girar la cabeza por un costado.
— ¿Estoy solo? —
Pensativo, miró nuevamente al espacio, perdido en su propia mente.
Su vista se centró en una pequeña nave de exploración que salía a toda velocidad perdiéndose en la espesura del universo. Y pensó que su vida, como la estela amarilla que dejaba aquella nave, podía ser efímera.
— Maldita Krasia… vino tan de pronto. El tiempo cada vez pasa más rápido —
Su vista se centró de nuevo en la luz verde del sensor de proximidad. Alguien venía.
— ¡Pasa ya! — Exclamó endureciendo su cuerpo y tomando compostura. — Querido Carantos —
El Emperador se pasó la mano por la cabeza como para limpiarse los malos pensamientos.
Debía mantener el temple de siempre.
Se puso de pie y bajó los tres peldaños para encontrarse con su médico de cabecera.
— No podía pedirle esta misión sino a ti, mi fiel amigo Carantos. Cuéntame ¿Has podido rastrear los pasos de Oefus mi Shidorl? —
— Para mi es un placer, usted lo sabe muy bien Emperador. — Respondió Carantos con una reverencia luego de acercarse.
— Lo he conseguido. —
Se acercó y comenzó a hablar un poco más bajo: — Realmente es difícil capturar a un Shidorl. Incluso en esta nave-ciudad que no es de las más grandes. Es un problema que puedan ver en las líneas del tiempo. —
Y se acercó un poco más.
— Haaa… Pero tú… — Levantó las manos hacia la cabeza de Darkón diciendo — Pero tú… querido Darkón… tú… eres el único que puede navegar en esas aguas del destino sin ser visto. —
Darkón dejaba que su hedonismo se complaciera de las caricias que recibía de Carantos en su cabeza. Sintiéndose dueño del destino. Sintiéndose inmortal, casi un dios.
Carantos dió un gran suspiro y se alejó sobándose los dedos.
Darkón sorbió lo último del vaso y con los ojos cerrados, también suspiró.
Carantos dijo — Lo vimos saliendo del hangar principal. Supusimos que estaba preparando una nave para su huída. Lo seguimos a su escondite. Cada catorce días, mi señor, el Shidorl pasa por un puente de servicios. Y se dirige al mercado, dónde puede encontrar comida. Es muy habilidoso, señor. muy habilidoso — y se tocaba la barbilla.
— Roba sin ser visto, mi señor. Si.. Ah…. Es lamentable que tenga que morir… Aunque supongo que el destino de un traidor es inevitable. —
— Maldito Shidorl, jamás perdonaré lo que me hizo. — Dijo Darkón: — Yo me encargaré del resto. Tráemelo. —
— Sí, mi señor — Asintió Carantos con una reverencia.
— Bien hecho. Necesitamos otra sesión. Prepara las agujas. —
— S… Sí mi señor — Dijo Carantos retrocediendo.