Quebrantando la realidad
Las rocosas montañas del planeta Caiobos cortaban el cielo gris con un tono sepia oscurecido en la punta. La baja irrigación aérea dentro de las paredes montañosas mantenían siempre una temperatura estable, siempre había una estación en la urbe.
Los escasos ropajes que Gene pudo conseguir fueron suficientes para pasar desapercibido entre la multitud y solamente un manto delgado, usado por los lugareños para cubrir sus rostros de la arenilla, lo separaban del resto.
Su rostro, debía permanecer oculto según el plan, pero debía dejarse ver un par de semanas después.
Los intrincados pasajes y callejones de los suburbios comerciales le ayudaban a conseguir protección de los militares.
Por las noches utilizaba su proyección astral para encontrar cámaras de vigilancia para dejarse ver de casualidad por alguna. Era parte del plan que hizo con Gya.
Aquella tarde, comía una ensalada verde en una casa abandonada.
— No podré darte más. Tienes que acomodarte con esto. Debes estar un tiempo aquí y luego dejarte ver por las cámaras. Así te encontrarán. — dijo Gya aquella vez cuando lo dejó en ese Caiobos. Gene masticaba sus vegetales verdes mirando una muralla, perdido en sus pensamientos mientras recordaba los ojos punzantes de Gya
— ¿Has visto que los koratak han declarado la guerra? — Dijo Nioro, interrumpiendo a Gene de su trance.
Nioro era un jóven de piel azul y ojos grises. Su cabeza era calva y su piel brillante, como la de un pez.
— Así supe — Dijo Gene masticando incesantemente.
Nioro lo miraba inquisitivo. Le preguntaba cosas para tratar de averiguar algo.
— ¿Hace cuánto tiempo estás aquí? —
— Sabes que no puedo decirte nada Nioro. Tampoco puedo decirte por qué estoy aquí… ¿Sabes? Es … mmm… clasificado. — Replicó Gene con la boca llena
— Si.. Pero un Sporo que no es militar de los koratak es muy raro. No podrás decirme que no es raro. ¿No? —
Gene se limitó a mirarlo. Luego siguió abriendo grandes bocanadas para tragar su ensalada. Comía con hambre.
— Lo averiguaré Sporo… Ya verás… —
— ¿Qué vas a averiguar tú? ja ja ja… A penas puedes caminar con ese bastón y esa pierna rota. Ni siquiera te alimentas bien como para poder pensar algo cuerdo. ja ja ja… —
— ¿De qué te escondes Sporo? — Dijo Nioro y un zumbido intenso inundó el ambiente.
El ruido se hacía cada vez más ensordecedor. La casa parecía estremecerse, el polvo del sedimento empezó a caer del techo
Gene miró a Nioro, cogió un último gran bocado de su ensalada y salió por la puerta trasera para ver la fuente del sonido.
Salió corriendo mirando arriba y la reconoció de inmediato. Cabina plateada con alas amarillas, la Nave que Gya.
Gene dijo extrañado — ¿Gya qué haces aquí? — Se cubrió los ojos para evitar el polvo en suspensión y esperó que la nave terminara su aterrizaje.
Corrió al encuentro del gran armatoste, pero nadie salió.
Gene utilizó las protuberancias de la nave para subir por ella viendo con sorpresa impactos de todo tipo, balas y rocas.
Miró adentro y distinguió una figura varonil y fornida.
— Esta no es Gya — dijo.
Subió arriba del cristal que tenía el polarizado activado y presionó los soportes externos para abrir la tapa de la cabina.
Una explosión de gas anunció el desprendimiento de los seguros.
Gene saltó al suelo para esperar que la cúpula se abriera completamente.
Se acercó y entre la nube de vapor que surgió de los cierres herméticos logró divisar un cuerpo fornido, de piel morena, con los ojos cerrados. Parecía desmayado.
Gene metió la mano derecha para accionar el apagado total de la máquina.
Obnet pestañeó y vió la cara de Gene de frente, borrosa y distorsionada.
Levantó su mano izquierda y agarró fuertemente las ropas del Sporo y se desplomó nuevamente.
Gene lo agarró con toda su fuerza. cruzó los brazos por el torso de Obnet y lo arrastro fuera de la nave.
Luego lo llevó adentro de la cabaña.
Nioro sólo repetía: ––¿Qué? ¿Qué haces? Es un Pondaror. ¿Qué haces Gene? No lo estarás llevando adentro de la cabaña. —
Gene no lo miraba y solo se dedicaba a arrastrar el cuerpo de Obnet.
Cuando llegaron adentro, Gene acomodó a Obnet en un sillón casi desarmado a un costado de la sala y se Irguió quejándose: — Es realmente pesado. — Y miró a Nioro. — Es la primera vez que veo a un Pondaror —
La cara de Gene estaba iluminada.
— ¿Y qué? ¿Qué hace aqui? —
— Pues no lo sé… lo único que sé es que la nave en la que vino, pertenecía a una antigua amiga mía. — Dijo Gene mientras se encogía de hombros.
De pronto alguien golpeó la puerta. Fueron tres golpes secos, como si no usara sus manos para golpetear la madera.
Gene miró extrañado.
Pensó que si Nioro no hubiera estado ahí, hubiera utilizado su desdoblamiento para ver quien tocaba de esa forma.
Gene llevó su mano derecha arriba indicándole a Nioro que él mismo abriría. Caminó con paso seguro y lento.
Sentía como si la puerta quedara mucho más lejos de lo que en verdad estaba.
Los pasos seguros se cambiaron a pasos dubitativos y vacilantes.
Cuando por fin llegó, tomó la manecillas de bronce y abrió la puerta.
Vió a un koratak muy flaco y alto. Sus pies metálicos también eran delgados, calzados a su figura.
Tenía los dientes chuecos y sus labios parecían juguetear completamente separados de su rostro.
Distinguía dentro de su piel blanca un tatuaje en forma de diamante en la sien izquierda.
— Un General Supremo. Vladdi. Vladdi del Diamante. — Pensó y se tensó.
Comenzó a sudar frío. Atrás de Vladdil había dos koratak completamente armados en posición fija mirándolo a través del visor de sus armas. Apuntándolo.
Quedó quieto. Como una estatua de mármol. No supo qué decir, ni qué hacer.
— ¿Tú eres Gene? — Preguntó Vladdi, sacando su pantalla táctil.
— S… Si… — Dijo Gene.
Vladdi parecía tranquilo, y, claro. Podía ver el futuro cercano. — Quizás más de un par de segundos — Pensó Gene, ignoraba en realidad cual era el poder del monstruo que tenía enfrente.
— amm… ¿Podemos pasar? — Dijo Vladdi mostrando sus dientes blancos y torcidos.
Gene no tuvo opción y respondió con una fingida sonrisa. Pero de inmediato pensó en el Pondaror que tenía desmayado en la sala. sintió miedo, pero ya no había nada que hacer. Después de todo, él no tenía nada que ver con el Pondaror desmayado en su sala.
De pronto recordó a Gya. — Es ahora… es ahora… Está pasando… — Se repetía mientras recordaba todas las conversaciones que había tenido con Gya:— Darkón te busca. No te matará. Te mantendrá con vida mientras le parezcas interesante. —
Cuando llegaron al centro de la habitación Gene dijo: — Nioro. Déjanos por favor.
—
El joven de piel azul brillante miró con ojos asustados a los tres que entraron y como pudo, se fue caminando apoyándose en su bastón hasta la puerta trasera.
Vladdi vió una especie de holograma purpúreo y azulado en la piel reflectante de Nioro.
Nioro se quedó escondido en la oscuridad escuchando. Le ponían muy nervioso aquellos dos Koratak que apuntaban a Gene con sus armas.
De inmediato la tensión se sintió en el aire.
Vladdi quedó paralizado.
Frente a él estaba el Gobernador de los Pondaror. Obnet en persona. Parecía dormido o desmayado.
Enseguida instruyó a una de sus subordinados a ir a la nave: — Ve a la nave, inicia una conexión de curvatura. Comunícame directamente con el emperador Darkón. Aquí algo no anda bien. Dile al resto que venga ahora mismo. —
El subordinado salió inmediatamente por la puerta delantera, tocandose el hueso detrás de la oreja y diciendo algo.
— Ammm Gene. — Dijo Vladdi sonriendo e inclinándose hacia adelante, acercándose al Sporo. — Gene, Gene, Gene… Te hemos buscado por mucho tiempo. Eres un ser realmente escurridizo. y… pequeño… — Sentenció Vladdi.
Se irguió nuevamente y dijo mirando al subordinado restante: — Al Pondaror. — Enseguida éste cambió el foco de su mirilla y apuntó directamente a Obnet.
Luego de un rato, Vladdi se tocó el hueso detrás de la oreja y dijo: — S… Sí,,, mi señor. Está aquí frente a mi. S… Sí mi señor. El Sporo. Pero hay algo que tiene que ver, señor. — Enseguida Vladdi presionó unos botones de su pantalla táctil y apuntó la cámara principal en dirección a Obnet.
Vladdi no escuchó nada. Sólo un rotundo silencio. Luego dijo: — S… Señor. Mi emperador Darkón. ¿Sigue ahí? —
Enseguida la cara de Darkón apareció en la pantalla táctil.
Era un rostro frío, sin la más mínima expresión.
Darkón dijo: — Despiértalo. Ahora —
En ese mismo momento, cinco militares koratak entraron por la puerta principal. Todos apuntaron a Gene.
Vladdi miró a tres. Eso fué suficiente para que ellos apuntaran a Obnet.
Todos quedaron en silencio.
Vladdi sacó de un bolsillo, un pequeño sobre de papel metálico, el que abrió sacando una diminuta toalla de algodón. La puso estirada sobre las fosas nasales de Obnet y este comenzó a pestañear y dió un gran suspiro.
Lo primero que vió Obnet fue a cuatro koratak enardecidos apuntándole.
Pestañeó tupido para ver si lo que estaba viendo era un sueño. Pero no. Todo el peso de la realidad cayó sobre él. Se puso de pie de un salto, pero Vladdi lo interrumpió levantando su mano izquierda.
— Ah, ah, ah… Sin moverse — dijo sonriendo.
Enseguida Vladdi presionó su pantalla táctil y la giró para que Obnet viera la cara del emperador a través de ella.
Darkón dijo: — ¿Cuánto tiempo crees que tomaría darme cuenta de tu engaño maldito Pondaror?. —
Nadie movía un músculo. Excepto Vladdi, quien parecía gozar completamente de la situación.
Darkón continuó: — He visto los videos de seguridad. Sé que mataste a Rayken, pero no hubo pelea, no hubo forcejeos. Esto me suena más a una conspiración de los Shidorl qué acciones propiciadas por el destino. ¿Acaso crees que ellos quieren lo mejor para nosotros, he Pondaror? No has causado, con tu traición, sino tu muerte, maldito Bastardo. ¿Sabes quién mató a tu padre? ¿Lo sabes verdad? —
En ese momento, una ira incontrolable surgió de los huesos de Obnet, sus ojos se pusieron rojos y tomó posición de pelea. Pero Vladdi, Diestro usuario del Khandú, estaba preparado y acertó un disparo láser que cruzó el vientre de Obnet de lado a lado.
Obnet cayó de rodillas al suelo, pero rehusandose a morir.
Aguantó un par de segundos antes de desplomarse.
El emperador Darkón lo miró hacia abajo con desprecio y odio.
Obnet recordó aquella mirada de la vez que se toparon en la Reunión Decacemal, el día que murió su padre.
Obnet se encogió del dolor.
Sus ojos Iyuwe dejaron de funcionar. Estaba fatigado, moribundo. Tenía hambre, sed y sueño.
Presionó su vientre para evitar que la sangre saliera de su cuerpo mientras ahogaba sus gritos de dolor.
Darkón dijo mirando a un costado. — Ahhhh… Gene, ¿No es así? —
Darkón cambió su semblante. Ya no era un rostro frío y despiadado, sino que parecía más paternal y simpático.
— Te he estado buscando por bastante tiempo —
Gene no sabía qué hacer. Un hombre estaba muriendo frente a él y lo apuntaban. Se sentía perdido, desesperado y le abrumaba la fría calma del Emperador.
Todos ahí eran autómatas, desprovistos de sentimientos. Gene podía notar en sus ojos la determinación, su amor por seguir las órdenes y el descontento por su presencia.
— Pero no te asustes. Yo sólo me comporto así con los traidores. ¿Tú no eres un traidor, no? — Y Gene instintivamente recordó el plan de Gya, diseñado y perfeccionado para traicionar a Darkón y a los koratak.
— Sé que estabas desesperado. Aquellos que murieron, no entendían tu verdadero potencial. fueron movidos por el odio y la sangre. —
Darkón miró abajo, como leyendo algo y dijo — Emmmm… Tu madre es Moira, ¿No es así? — Y Darkón sonrió.
Gene aún estaba en blanco. Un nerviosismo extremo se apoderó de él. ¿Cómo Darkón osaba pronunciar el nombre de su madre?… Luego la pantalla cambió y dejó ver una sala blanca y muy iluminada.
En ella, la silueta de una mujer estaba sentada en una camilla.
Gene la reconoció de inmediato. Era su madre Moira, despierta y respirando.
Moira, al otro lado de la pantalla, sintió sorpresa y se exaltó cuando se iluminó la gran pantalla de la pared y en ella, estaba el rostro de Gene, su hijo. Pero parecía grande, maduro.
Moira dijo. ¿Gene? ¿Gene eres tú? — Y mientras se acercaba a la pantalla que mostraba el rostro de su hijo, Gene comenzó a llorar y se acercó para acariciar la pantalla tactil: —¿Madre? ¿Madre estás despierta? —
Luego la cara de Darkón volvió a aparecer y dijo: — La hemos curado Gene ¿Acaso no es lo que querías? El informe de tu tutor es claro, quieres hacer tu propia guerra personal contra la Calindra, ¿No es así? Ven con nosotros, te dejaré ver a tu madre.
— S.. sí, sí… haré lo que sea… — Respondió Gene.
Darkón dijo. — Pues bueno, tú no eres un traidor para mí, ni para ninguno de los koratak. Sólo te defendías, ¿no es así? Pero si hay un traidor frente a nosotros hoy. Y es una gran oportunidad para demostrar que estás de mi lado. Gene ¿Quieres ver a tu madre, no? — Y Vladdi extrajo un puñal de uno de sus bolsillos ocultos. Lo tomó por la hoja y se lo extendió a Gene. Darkón continuó: — ¿Sabes que ese Pondaror es un traidor, no es así? Los Pondaror desde ahora en adelante son todos traidores, pero en especial, éste. — Gene rechazó a Vladdi y le mostró su propio puñal oculto bajo su camisa a la altura de su cadera. — Mátalo. Mátalo y se te serán perdonados todos tus pecados. — Gene no podía con la conmoción. Sentía que su vida había dado un vuelco. Darkón había curado a su madre.
Con los ojos vidriosos, Gene se acercó al cuerpo famélico de Obnet. Pisó la posa de sangre roja intensa del suelo. Se metió la mano debajo de la camisa y cuando estuvo lo suficientemente cerca apretó los dientes, pero sus ojos estaban llenos de algo que no era rabia, más bien se acercaba a la compasión, a la culpabilidad y acertó una cuchillada entre las costillas de Obnet. Éste se retorció y en medió de un grito de dolor, su cuerpo se desplomó cayendo sobre Gene. Quien lo dejó en el suelo con suavidad.
— Bien.. bien… — dijo Darkón: — Vladdi, vengan ahora mismo, traten a Gene como el invitado de honor que es — Y Vladdi cortó la comunicación presionando otro botón. — Bien señor…— Dijo Vladdi en un tono de marca burla haciendo una reverencia invitando a Gene a salir. Gene caminó hacia una silla, cogió el trapo que estaba colgado sobre ella, se limpió la sangre y salió por la puerta. Luego de un par de segundos, todos salieron de la cabaña.
Un sonido punzante llegó de pronto a los oídos de Obnet. Pestañeó y se aclaró la garganta. Vió de sorpresa unos grandes ojos grises que lo miraban con un extraño semblante. Aquel ser tenía la piel azulada y un arcoiris fragmentado rebota en su piel. Obnet lo cogió por el cuello. Lo lvantó sin problemas mientras se ponía de pie. El ser de piel azulada se agarró de la mano de Obnet para no quedar colgado del cuello. — Pero que… ¿Qué ha pasado? — Y analizó sus últimos recuerdos. En
ellos veía al Sporo abrasándole y clavándole un puñal entre las costillas mientras se desangraba. Pero ahora no sentía dolor. Soltó al piel azulada y se tocó el vientre. El corte del laser ya no estaba. En seguida se revisó la herida del puñal del Sporo y encontró clavado en el mismo lugar algo que le desconcertó. En vez de una hoja afilada entre sus costillas, encontró un tubo redondo clavado. Lo sacó y cinco pequeñas gotas de sangre lo acompañaron y pensó. — ¿Qué es esto? ¿Un regenerador celular? ¿Acaso el Sporo me ha salvado?