El segundo encuentro

Gene bajó con Vladdi luego del aterrizaje. El sonido de la compuerta principal hizo que el recuerdo del fatídico descenso con Galarik, antes de su huída, volviera a su mente. Pero las cosas ahora eran diferentes. Iba a ver a su madre.

Salieron girando a la izquierda para encontrarse con el galpón principal. Los Sporos iban y venían ocupados en sus asuntos, solo un par por aquí y por allá lo miraron. Gene les parecía extraño. Su cara finamente vellosa estaba sucia. Sus ropas no eran las de un soldado, pero su cuerpo si lo era. Caminaba junto a Vladdi, un General Supremo y era escoltado por varios militares koratak Puros.

Tomaron un móvil antiguo para desplazarse rápido al edificio central, lugar del trono del Emperador.

Gene miraba los lugares de la nave-ciudad con ojos despreocupados, hundido en sus pensamientos. Recordando la cara de su madre en el video de la pantalla táctil. Se aferraba al barrote al lado de su asiento, pensando en cómo sería ese primer encuentro. No hablaba con ella hace años.

Llegaron al edificio principal. Se alzaba lujurioso entre los demás. Hecho completamente del negro metálico del hierro quemado.

Frente a él, la puerta principal. Grandiosa. Opulenta.

Pasaron por el portal que se abrió. Adentro lo esperaba Gladius con su guardia personal, Icosae del círculo y también estaba Gya.

Gene se tensó e intentó pensar en otra cosa. Nadie podía saber su historia con ella, la hermosa Generala koratak Gya.

El carro se frenó y los koratak se bajaron. Gene los siguió. Vladdi se adelantó y le dijo algo a Gladius. Éste se acercó a Gene y dijo: — ¿Eres Gene, no es así? — Gene asintió.

En ese momento Gladius chocó sus talones metálicos e hizo el saludo koratak, levantando ambos puños y juntándolos en medio.

Todo se paralizó. El estruendo de los pies metálicos de Gladius fue ensordecedor. Todos miraron atentamente y guardaron silencio.

Gene recordó aquella vez en la que juró jamás volver a hacer ese saludo. Pero ahora estaba presionado. Ya había hecho esperar a Gladius un par de segundos y era un usuario experto del Khandú. Sin duda sabría lo que pasaría.

Gene se resistió. Sintió como una gota de sudor le abría un poro de su cabeza. Quiso hacerlo, pero su cuerpo se resistía.

Otro segundo.

Gene miró instintivamente a Gya. Ésta lo observaba con sus ojos verdes abiertos de una forma alarmante, como diciendo: — Muévete… !Ahora! —

Gene miró a Gladius e hizo el saludo. El choque de sus talones metálicos, aunque muy por debajo del martilleo que provocó Gladius, tenía ímpetu y poder.

Gladius se relajó y le hizo una seña para avanzar. Gene asintió y caminó adelante.

Gene era un muy buen observador. En un rápido vistazo vió como Vladdi caminaba con él. Icosae se les unía en frente. Atrás quedó Gya caminando al costado de Gladius.

Mientras caminaba, el sudor comenzaba a caer por su rostro. Por suerte los finos vellos le hacían disimular aquello, pasando desapercibido.

También sentía una punzada en la nuca. Sentía como los ojos de cuchillo de Gladius se le clavaban en el craneo. Dudó unas cuantas veces antes de girarse y encontrarse con aquellas cuencas llenas de odio. Mirándolo fijamente.

Después de dar la vuelta, por el pasillo de la derecha, llegaron a un elevador.

Subieron en silencio. Poco a poco la mente de Gene fue recordando todo el plan trazado. No podía equivocarse. No podía tener contacto más con Gya. Había que seguir el plan.

Pensaba que la actitud de ella había sido perfectamente disimulada. Era una actriz nata.

Salieron del elevador, siete pisos más arriba: — Hey Sporo, por aquí — Dijo la juguetona boca de Vladdi.

Gene caminó junto a Vladdi e Icosae. Gya y Gladius fueron por la derecha.

Gene miró. Pero Gya no volteo, no hizo ningún gesto. — Una actriz perfecta — pensó Gene cuando la vió hablando afablemente con el asesino de su hermano.

— Es aquí — Dijo Vladdi. Presionó un botón en la pared y la mica protectora se abrió: — Espera aquí… Te vendrán a buscar más tarde — Y Gene pasó a la habitación.

La mica se cerró detrás de él. Una fuga de vapor acusó el cierre hermético con llave desde el exterior. — Encerrado. Lógico — murmuró.

Entró y se sentó en la litera. Era suave y cómoda. Se hecho de lado. Luego se recostó de espaldas. Repasó el plan.

— Salir sólo por la noches. Espiar al enemigo. Dejar pistas a Gya. Entrenar para aumentar mi distancia en metros. Repetir. — Pensó en utilizarlo ahora: — ¿Y si alguien viene a matarme?... No.. no puedo. Me observan — Y miró las paredes. Luego disimuló. — Me están observando de seguro. Quieren que les muestre lo que puedo hacer – Y recordó las palabras de Gya: — No te matará

mientras le seas útil. — No debo dejar ninguna pista. Estaré así, un día o dos, tres a lo mucho. — Pensaba: — Debo romper mi record de treinta metros. Debo alejarme aún más. De seguro Gladius no está tan cerca. Pero ¿cómo averiguarlo?... De seguro Gya sabrá que hacer.

Pasaron varias horas. Gene no durmió, ni se relajó lo suficiente. Se mojaba la cara de vez en cuando. Pero no se puso en posición de meditación ni se desdobló.

Cuando realmente tuvo sueño se acostó pensando que ya todos dormían. Adentro de la habitación no se podía ver el exterior. Vió la hora en su pantalla táctil y marcaba la mitad de la noche de su planeta. Se sacó lo harapos y se acostó debajo de las tapas.

Pero no durmió, se puso de lado acomodando su cuerpo y se desdobló al instante. Atravesó la mica de la puerta convertida en humo y entró al pasillo principal. No había nadie. Había calculado bien.

Caminó a la siguiente habitación y entró, vacía. Salió al pasillo y repitió el procedimiento varias veces. Estaba en un ala vacía. Seguramente para invitados. No había nadie más que él.

Se devolvió. entró a su habitación y su cuerpo estaba tal cual lo había dejado. Entró en él. Se movió fingiendo un movimiento natural del cuerpo y volvió a salir.

Caminó en dirección contraria.

Nada. No había nadie. Todo estaba desierto, pero sabía que lo observaban. Podía sentir muchas miradas cuando estaba en su habitación. Aquella noche, recorrió todo ese piso sin encontrar señales contundentes. Solo uno que otro guardia cuidando las entradas.

Llegó hasta donde su límite se lo permitió. Caminó hasta que ya no pudo más. sintió como si una fuerza lo estuviera jalando hacia atrás: — Lo intentaré de nuevo mañana — Dijo y volvió a su cuerpo. Se movió de nuevo y finalmente se durmió.

— Ya no puedo hacer nada. — Dijo Gya y se echó el pelo tras la oreja.

— Debes venir a la central conmigo. Los Pondaror han tomado partido ya. El primer ministro se ha declarado neutral mientras no se sepa el paradero de Obnet. Están tirando toda la responsabilidad sobre nosotros. —

— Pues claro. Murió por nuestra mano… es decir, bueno, por la mano del Sporo — Gya miraba a Gladius con sus grandes ojos verdes.

— ¿Has mandado tropas a la frontera con los Pondaror, no? — Si, ya están alineadas y escondidas. —

— Bien — Respondió Gladius.

Gya dijo: — Mi traslado aún no está listo. Pernoctaré en la torre del Sporo. Si quieres le doy un vistazo… — Y Gya sonrió — O un par de golpes para que esté más cómodo —

Gladius también sonrió. Pero un tumulto lo desconcentró.

Vió que varios corrieron por el pasillo y salió de la habitación para mirar.

Todos corrían a un monitor.

Gladius salió y quedó impactado por las imágenes. Sus ojos no postañeaban.

Su boca se entreabrió.

Detrás llegó Gya. Rápido. Su pelo corto y liso ondeaba con cortas ondas sobre el viento que desprendía. Miró por sobre el hombro de Gladius al monitor y quedó paralizada por las imágenes.

Era Obnet. Salía caminando con Grimmor en el planeta Kantor. Las imágenes eran claras y bien definidas. Obnet, el mismo que había sido asesinado por Gene en el planeta Caiobos. Caminaba entre los vivos.

Gladius y Gya se miraron fijamente. Encontrando el reflejo del otro en sus ojos. — Un clon — Dijo Gladius y caminó raudo por el pasillo perdiéndose entre la gente.

Gya aprovechó el tumulto y corrió lejos a la torre de Gene.

Cuando llegó, corrió con su pantalla táctil en la mano. presionó algunos botones para desactivar las grabaciones de la habitación y abrir la puerta.

La mica hizo un sonido sordo muy rápido y lo vió. Ahí estaba Gene sentado en su cama mirando con sorpresa a la puerta.

— Gya — Gritó Gene y saltó de la cama para ponerse de pie.

— Shhh callate. Debemos ser rápidos. Dame tu pantalla táctil. —

Entonces Gya tomó la pantalla táctil del Sporo y la juntó con la suya.

Un pitido anunció que el traspaso de información estaba completo.

— Te he compartido la dirección de la torre de Gladius. Debemos ser rápidos y cautos. Y yo más aún, debo aguantar mis ganas de golpearlo en la cara. —

— Pero ¿cuál es su habitación? — preguntó Gene.

— Aún no lo sé. — Gya suspiró y cerró los ojos: — Hoy lo acompañaré. Tendré la información y te la daré. — Gene miró los ojos de Gya, y estos se curvaban denotando un sentimiento de pena.

— Hoy a la media noche. Anotaré en un papel el número de la habitación de ese bastardo de Gladius. Debes entrar a mi habitación y leerlo. Con este dato, podré entrar cuando duerma y matarlo. Debes decirme también a que horas se duerme. Su rutina, todo lo que puedas. —

Ambos se miraron asintiendo con seguridad.

Pero había algo más en los ojos de Gya. Ella misma lo sentía incrédula: — Eres lo único que me queda de mi hermano. — pensaba mientras miraba a Gene: — La contraseña que necesito es porque oculté tus pasos, porque te salvé a pesar de las órdenes del emperador. Ahora necesito ocultar mis huellas —

Gya después dijo: — Darkón quería matarte al principio, luego supo lo de tu neurodivergencia y comenzó a interesarse en ti… — Y comenzó a caminar a la salida.

— Mañana te trasladarán. No se a donde. Lo más probable es que lo veas mañana. Al Emperador —

Gene la miraba pensativo: — Está bien. Analizaré la información. Cuando lo encuentre. Esperaré a que entre. Veré su contraseña personal y la memorizaré. Pero… Necesito un favor tuyo —

— Sabes que puedes decirme. Si puedo lo haré… —

— Quiero ver a mi madre. Sé que está viva. Darkón la ha curado de la Calindra. Quiero verla. — Los ojos del Sporo se llenaron de lágrimas y caminó junto a ella: — Quiero verla, por favor, por favor… por favor quiero verla… —

Gya le acarició la barbilla. — Lo haré… lo arreglaré. —

Después de un silencio. Gene se limpió las lágrimas y dijo: — Una última cosa más. — Gya lo miró desinteresadamente saliendo de la habitación.

— Obnet — Pronunció el Sporo. Y poco a poco los grandes ojos verdes de la koratak comenzaron a abrirse.

— Obnet — Prosiguió Gene — No está muerto. Le enterré el regenerador celular que siempre llevo conmigo. No lo maté… está vivo. —

Gya no podía creer lo que escuchaba: — ¿Quién es este Sporo? ¿Cómo ha osado desobedecer así al emperador más temido del universo? — Y sonrió con elegancia.

— Bien entonces. Todo sigue de acuerdo al plan. Prepararé una nave. Escaparemos cuando lo mate. Tu madre vendrá con nosotros. ¿Sabes rezar Sporo? Reza para que todo salga bien. —

Pero el Sporo la miraba con algo más en la mente. — Ghilian — ser repetía.