El beso en la mejilla
— ¿Qué haces, para dónde vas? — Le dijo Gya a Gladius agarrándolo del brazo.
Gladius la miró y con un brusco giro se soltó. Se detuvo y la miró.
Gya dijo: — Es decir. ¿Qué vas a hacer ahora? Debemos estar juntos. Este asunto con los Pondaror es tanto tuyo como mío. Puedo ayudarte en lo que sea. — Gladius la miró de pies a cabeza. — sígueme — ordenó.
Ambos caminaron rápido por el pasillo. — Mi padre está inubicable. No lo he podido encontrar. No contesta su comunicador. Aunque quizás ya se ha enterado de lo de Obnet. —
Llegaron a un habitáculo iluminado con muchas pantallas y una gran consola de comandos al fondo. Dos operarios con auriculares, flotaban en sus sillas presionando botones y lanzando comandos de voz.
Gladius rodeó la mesa central y tomó asiento. Sacó su pantalla táctil.
Gya se sentó a su lado e hizo lo mismo, como si fueran compañeros de aprendizaje.
Gya miraba su pantalla y de reojo miraba a Gladius. Éste muy concentrado en su pantalla, presionaba botones. Varios hologramas salieron de la mesa, proyectándose en el aire.
Gya Observó que Gladius dirigía el holograma a través de la galaxia hacia la frontera con los Pondaror. De rojo titilaban las flotas koratak situadas a la sombra de los planetas cercanos asentadas en naves que parecían rocas espaciales. De lejos se dibujaba una pequeña línea roja muy tenue que separaba el lado koratak del lado Pondaror.
Gladius dijo: — Bien. Aún no hay indicios de los Pondaror en la frontera. —
Gya presionó un botón y proyectó las imágenes de Obnet saliendo sonriente por las puertas de la montaña junto a Grimor.
Gladius la miró con enfado y se fijó en sus grandes ojos verdes que veían atentamente el video. Gya se levantó el pelo con la mano y lo puso tras la oreja.
Se mordió el labio inferior muy sutilmente. Luego lo apretó fuerte. — Mira — dijo. — Su cara. —
Gladius miró entonces la proyección. Ésta hacía zoom a la cara de Obnet.
Gya detuvo el zoom justo en frente de la cara del Pondaror y dijo: – Ahí. En la sien. Todos lo sabrán. La cicatriz característica del Pondaror. — Gladius la miró y dijo: — Sí… claro, se notaba muy poco, pero la viste, ¿no? Era una cicatriz desde hace mucho tiempo. — Pues si… — Respondió Gya. Soy una gran observadora. Ahora esa cicatriz ¿Donde está? — Dijo y posó su mirada en la boca de Gladius al mismo tiempo que se mojaba los labios.
Gladius la miró detenidamente. El filo de su rostro era realmente armonioso. Todos los koratak tenían una piel pálida, pero aquella parecía de cristal.
— El video de Rayken. Ahí está la prueba —
Gladius pestañeó. Tardó un segundo en volver de sus pensamientos. Enseguida miró su pantalla táctil, la presionó y surgió un segundo video holográfico. En él, un shidorl de ropas blancas con detalles dorados salía de la cámara llevando consigo un frasco de electroglass y dejando atrás la conversación entre Rayken y Obnet.
— Ahí está. Es el frasco. — Gladius retrocedía y avanzaba la escena para cerciorarse.
— ¿Lo ves? es un clon. El verdadero Obnet murió en manos del Sporo. — Y Gya puso su mano sobre la de él y le dijo mirándolo directamente a los ojos: — ¿Lo ves? Está todo bien. —
Gya no soportó la mirada directa de Gladius y miró abajo esbozando una leve sonrisa.
Volvió a recoger su pelo detrás de la oreja y lo miró de nuevo: — Ya es tarde — dijo. — Mañana a primera hora buscaremos a tu padre —
Gladius apartó su mano mirando abajo y se puso de pie. Miró a Gya que permanecía sentada todavía.
Sus ojos parecían estar conectados.
Gladius avanzó un paso. Gya lo miraba fijamente.
Otro paso.
Gladius quedó muy cerca de ella y finalmente se puso de pie.
Quedaron muy pegados. Casi podían respirar el aire del otro.
Gya aceleró la respiración y un pequeño quejido escapó de su boca cuando Gladius la agarró del cuello con su mano derecha.
Pero ella no dejó de mirarlo.
Gladius se acercó un poco más.
Quería sentir su olor más de cerca.
Apretó un poco más la mano. Gya no se inmutó. Siguió clavando aquellos ojos. Puñales de jade sobre la mirada perversa de Gladius.
Gladius la tomó por la cintura y junto su pelvis con la de ella. Relajó la mano de su cuello y le agarró la nuca.
Le susuró al oído: — Ahora. Aquí mismo — Gya le respondió con un susurro mucho más aireado: — Cuando quieras y donde quieras — Y gimió de falso placer frente a la cara de Gladius.
Éste miró atrás. Los operarios hacían su trabajo. Realmente estaban solos, nadie si quiera se atrevería a mirar. Pero retrocedió.
— Vamos — Dijo y salió caminando.
Gya lo siguió dando grandes zancadas.
Entraron a un elevador. Bajaron entre besos y caricias.
La puerta se abrió y salieron como si nada ocurriera.
Gene en su habitación hacía cálculos. Gya había dicho a la media noche, tenía que calcular en qué momento sería eso. Presionaba su pantalla táctil buscando información numérica.
Por otro lado, sus observadores, al otro lado del monitor donde se proyectaba su imagen, no decían nada. Sólo miraban y presionaban grandes teclados, registrando lo que veían.
— Lo he encontrado — pensó. — Eso es en exactamente… ufff veinte minutos — Quedaba tan poco… Entonces Gene se fue al baño. Tomó una ducha y se preparó para dormir.
Jugueteó un rato con la pantalla y a la hora adecuada, faltando solo tres minutos, se puso en posición de dormir y se desdobló — Lo he hecho otra vez — pensó.
Caminó hacia la izquierda. Debía encontrar a Gya lo más rápido posible. Dijo que estaría cerca, pero dónde.
Pero Gya ya había llegado.
Sintiéndose culpable, no de haber tenido que utilizar su cuerpo como un arma de esa forma, sino de haber tocado a quien tanto odiaba. Muy por lejos, prefería matar, que estar cerca de Gladius.
Cuando por fin Gene encontró su habitación, entró sin medir consecuencias atravesando la pared de humo con su proyección astral y la vió entrando al cuarto de baño.
Encima de la mesita al costado de la cama había un papel abierto.
Gene lo leyó: Alpha-354
Lo tengo, pensó. Pero antes de volver a su cuerpo, giró y no pudo evitar ver a Gya desnuda, sentada en la tina de loza, mirándose al espejo. Aquella imagen hizo que lo escrito en el papel se grabara con sangre en su memoria.
Parecía triste. El vapor que despedía el agua caliente, le daba un toque sútil de misterio.
Gya se tocaba los labios, recordando cómo besaba a Gladius.
Sentía nauseas. Pero al mismo tiempo, este torrente animal que aún persistía en la especie le hacía dudar. Este encuentro con lo prohibido. El encuentro frente a frente con la muerte. Podía haberlo hecho. Al menos intentado. —¿Que fue esto? Ni si quiera pensé en matarlo, estando tan cerca. — Se dijo para si misma. — Se hubiera dado cuenta. Seguramente puede ver hasta cinco segundos al futuro. Tiempo suficiente para matarme de vuelta. No pude haberlo hecho. — Pensaba e intentaba alivianar su pena.
Su dedo bajó hasta su mentón. Las imágenes se repetían en su memoria: Gladius. Un ser entrenado para la guerra, brusco, varonil, fornido. La sostenía como si nada. La apretaba sobre su pelvis mientras le respiraba en la nuca.
Se sacudió la cabeza. Se arrancó esos recuerdos. Luego su mano bajó hasta su cuello.
La piel del sector estaba algo enrojecida y le ardía. La presionó y las imágenes volvieron.
Su estómago se revolvió.
Esta vez las náuseas fueron más. Se encorvó hacia adelante y vomitó.
Gene, por su parte, jamás le confesó a Gya lo que vió ese día.