Golpes del destino

Luego de los tres días de preguntas sin respuestas. Gene estaba cansado. Sin ánimos, tenía hambre y sed. solamente se sentía bien luego de cada dosis del regenerador celular. Pero luego de unos minutos, comenzaba todo de nuevo. En un ciclo sin fin.

Renacimiento y muerte.

Gya entró con Gladius como invitada. Quería ver su reacción y no pudo ocultarla.

La cara de espanto que puso al ver al Sporo con la cara deformada y lleno de sangre casi la delata.

— Si no fuera tan sádico y mirara al Sporo con tanta dedicación, Gladius hubiera notado mi expresión — Pensó Gya luego de volver a poner la cara fría.

Se acercó por detrás a Gladius y apoyó el mentón en su hombro y le dijo: — Así que aquí tienen al Sporo —

Gladius sin mirarla asintió con una sonrisa sádica.

Carantos ya se preparaba para intentar sacarle respuestas de nuevo: — Tenemos invitados Sporo. No te vayas a desmayar ahora — Susurraba al odio de Gene balanceando el látigo.

Gene lo escuchó y abrió el ojo que tenía menos hinchado. Entre sombras y figuras borrosas logró ver a Gladius quien lo observaba afanosamente con los ojos brillantes y mostrando los dientes en una gran sonrisa.

Atrás de él, una figura esbelta, conocida, lo miraba por encima del hombro de Gladius. Reconoció esos ojos, grandes y verdes.

Era Gya.

Gene gritó: — ¡AAAHHHH! ¡AAAHHHH! — Emitiendo sonidos de sollozos.

Gya no podía hacer nada. Sólo mirar. Tenía los ojos muy abiertos, tratando de comunicarle algo al Sporo que jamás pudo.

Gene comenzó a llorar sintiendo pena de su estado y de la situación de Gya. No podía hacer nada. Tenía al asesino de su hermano en frente, pero en la sala habían dos koratak además de ella, ambos usuarios expertos del Khandú. No podía hacer nada.

Entonces Gene comenzó a golpear su cabeza en contra de la cruz de piedra.

Emitía sonidos mudos, pero un patrón de tres golpes comenzó a notarse: — Pum… pum pum —

Lo hizo otra vez: — Pum… pum pum —

Así siguió un rato, sacándose sangre de la parte trasera de la cabeza.

Carantos enfurecido, lo golpeó con el látigo: — Pum… pum pum — Gene seguía golpeándose la cabeza, escribiendo el patrón en el aire: — Pum… pum pum —

— Deja de hacer eso, enano!!! — Rugió Carantos bajando el látigo con fuerza sobre el torso desnudo de Gene.

Gya no respiraba, no pestañeaba, no podía hacer nada. Su petrificada quietud demostraba su miedo. Su inseguridad.

Gladius, incluso, sentía cada latigazo que Gene recibía en leves apretones que las manos de Gya, inconscientes, le daban.

Fueron siete latigazos los que aguantó Gene antes de perder el conocimiento.

Carantos fue corriendo a la mesa lanzando el látigo al suelo con rabia: — Maldito Sporo — Tomó el regenerador celular y sin hacer ningún ruido, corrió de vuelta y se lo enterró en la pierna izquierda.

Algunos sollozos y respiraciones agitadas, revelaban la falta de ejercitación de Carantos.

Gladius miró a Gya y le dijo: — ¿Qué ocurre? No me digas que sientes empatía por el Sporo —

— No digas tonterías. Sólo estoy un poco… — Y lo miró de manera cómplice: — Acalorada —

Se miraron a los ojos por un rato y salieron de la habitación.

Aquella tarde estuvo tan cerca, tan cerca de ver la contraseña personal de Gladius, que se lamentaba en cada arcada que antecedía a una bilis roja oscura.

Vomitaba en su cuarto de baño intentando expulsar la sensación de placer oculta que su genética le hacía sentir.

Y la culpa.

Estaba plenamente consciente de los placeres de la carne. Del plan: — Maldito bastardo. Pero no puedo dejar que desconfíe de mí… — Se miró al espejo directamente a los ojos y recordó la cara de Gene. La absurda y poco habitual situación del Sporo golpeándose la cabeza contra la cruz de piedra.

Un recuerdo besando a Gladius le hizo vomitar de nuevo.

Cuando ya no hubo más que regurgitar. Se enjuagó los dientes y le limpió la cara.

Se sacó sus ropas y caminó hacia la cama y: — Pum… pum pum —

Gya quedó paralizada: — Pum… pum pum —

Giró su cabeza. El sonido provenía de la pequeña mesita al lado de la cama.

La tomó y la arrastró hacia el centro de la habitación.

De nuevo: — Pum… pum pum —

Recordó la cara de Gene y aquel sonido seco que inundaba el aire. El patrón de los golpeteos: — ¿Gene? — Dijo Gya incrédula.

De nuevo: — Pum… pum pum —

¿Gene, eres tú?: — Pum… pum pum — los tres golpes estaba fueron más insistentes.

Gene la miraba desde su proyección astral. La veía embutida en un aura amarillenta.

— ¿Me escuchas? —

Nada…

— No puede escucharme, según recuerdo. — Pensó Gya. Rápidamente devolvió la mesita a su lugar. Fué a su cómoda. Sacó papel, lápiz y escribió:

— Un golpe para sí y dos golpes para no — Dejó el papel en la mesa.

— Pum —

— Sí… dijo sí… a ver… —

Entonces Gya recordó el Método Sackberth, similar a su antecesor, para comunicarse mediante señales cortas. En el papel escribió: — Sackberth, 4/29/25c4 — y susurró. El método. Si.. seguido de la fecha actual… debo sacar la cuenta — Y sacó su pantalla táctil. Apretó unos números y escribió el total en el mismo papel y dijo: — Esto le dará las coordenadas correctas. Vamos Gene… Dime que sabes el Método Sackberth —

Luego de un momento Gya por fin respiró y pudo pestañear.

Se escucharon dos golpeos cortos, dos largos, seguidos de tres cortos. que significaban hola

Gya dió vuelta el papel y escribió: — Gene… Gene ¿cómo estás haciendo esto? ¿Cómo estás? ¿Qué te están haciendo? —

Pasaron un par de segundos y los golpeteos respondieron: — Herido. Sueño. Hambre. Mamá. Escapar. —

Gene podía ver los rasgos faciales de Gya. Estaba triste.

Se sentó en el suelo escribiendo más cosas: — ¿Cómo haces esto? —

— No sé… —

— ¿Está Carantos contigo ahora? —

— Durmiendo —

Gya escribió: — Te voy a sacar. Y voy a sacar a tu madre. Olvida la misión. —

Y pensó: — Yo le sacaré la contraseña a ese bastardo y, si no puedo, ya no me queda nada… No voy a perder a Gene tampoco. —

Gene golpeteó la mesa con un nudillo de su proyección astral diciendo: — La tengo. Escríbela —

Entonces Gene le dió los dígitos a Gya.

Gya soltó una lágrima.

— Bien — dijo. Y escribió: — Sólo espera un poco más, planificaré tu escape. No volverás a sufrir así, Gene. No mientras yo respire. —