Un paso hacia adelante
La cámara imperial de Grimmor estaba iluminada por tonos tenues. Cada cosa que brillaba desprendía un poco de calor. Las paredes curvadas de metal opaco resonaban con un zumbido constante: el pulso vital de la nave de los Kantorianos. Como un gran corazón latiendo en cada
instante.
Grimmor estaba sentado en su sillón imperial. A su costado, un valde de agua en el que remojaba un paño y se lo pasaba, húmedo por la cara.
Pasaba su pequeños y gordos dedos por su mentón y su nariz como reflexionando sobre la vida.
No hablaba. Respiraba lento. Con el rostro hundido entre arrugas.
Cruzaba sus pequeños pies buscando comodidad.
— Grimmor — El emperador escuchó una voz seca, sin sentimientos. Era Ranku, su Shidorl:
— Dummur a llegado. Quiere verte. —
— Tss… Ya era hora — exclamó Grimmor.
Pulsó unos botones en su reposabrazos y su sillón comenzó a flotar lentamente. Se dirigía a su robot, quien lo esperaba con el rostro abierto. Frío, inerte.
Salió caminando con su traje de robot por el pasillo central. Al final, en una habitación poco iluminada, lo esperaba Dummur, miembro del Gran Consejo Shidorl del Super cúmulo de Shunti.
Grimmor, el emperador entró y lo saludó: — Dummur. Amigo. Que alegría verte de nuevo. — Extendió una mano de su robot para presionar un botón sobresaliente en la pared. Las luces se encendieron un poco más.
Grimmor por dentro del robot, apagó sus filtros de luz nocturna y abrió su visera. Dummur vió dos pequeños ojos azules de bebé que lo miraban inquisitivos.
— El plan ha llegado a su siguiente nódulo. La nave Uzkar V de los koratak debe caer. Es un eslabón necesario. Un sacrificio funcional. Es el siguiente movimiento del plan. Esto nadie lo sabe. Debes actuar rápido. Ahora mismo. Es el momento oportuno, Darkón no estará, su Shidorl tampoco. —
Grimmor levantó una pequeña mano dentro de la cabeza del robot y presionó con dedos temblorosos un botón verde. Luego su delgada voz, amplificada por todas partes y rincones fue convertida en una voz gruesa y ronca: — Atención. Les habla Grimmor. Su emperador. El ascenso es inevitable. Nuestra raza y especie prevalecerán —
Tanto Grimmor com Dummur pudieron oir los gritos efervescentes de los que escucharon el mensaje.
La voz llegó incluso a los niveles más bajos del planeta, dónde personas calvas y delgadas dejaron de dar paladas de carbón y piedra y levantaron sus manos en señal de excitación.
El pequeño emperador Kantoriano miraba fijamente a Dummur. Presionó el hueso detrás de su oreja y dijo: — Karkrauft. Si. Soy yo. Si… Uzkar V. Te enviaré las coordenadas a penas me sea posible. Prepárate para salir. Si… un momento. —
Grimmor miró al Shidorl y antes que pudiera decir algo, el Shidorl respondió: — Setenta y tres — Grimmor le dijo a Karkrafuft: — Deben ser Setenta y tres los tripulantes. Si… si.. confío en tí… Mmm… un momento — Entonces Grimmor miró de nuevo al Shidorl. Dummur le dijo: — Hay un Sporo. Deben traerlo vivo. —
El emperador frunció el ceño: — ¿Un Sporo? —
Entonces le dijo a Karkrauft: — Si. si… un Sporo. Deben traerlo vivo —
El salón volvió al silencio después de un rato.
Grimmor, aún dentro de la cabeza de su robot, caminó lentamente hasta el centro de la sala. La mirada de su cuerpo metálico estaba fija, pero dentro de él, sus pequeños ojos arrugados destilaban dudas.
Dummur seguía ahí. Parado con las manos agarradas bajo sus mangas. Sus ojos marrones pestañeaban poco. Su respiración era tranquila.
Grimmor quería una información más.
— Dummur… — dijo el Emperador, su voz amplificada resonando en cada pared de la sala — Háblame de los Telikitas.
Silencio.
Solo el murmullo del sistema de circulación de humedad en el robot de Grimmor. Luego, la voz.
— ¿Por qué ahora? — preguntó Dummur.
— Porque encontramos algo. — respondió Grimmor. — Unas inscripciones… en un planeta fronterizo, cerca del cúmulo Vanataris de Shaka.
— No eran nuestras. No eran koratak. Ni de ninguna civilización cercana. —
— Estaban… vivas, en la roca. Respiraban. Nuestros visores pudieron detectarlas.
Dummur comenzó a caminar y se acordó de aquella vez cuando confabulaba con Jaden y dijo: — Brair-369. Ahí, en aquel planeta, bajo arena y roca. Hay una colección gigantesca. Pero por sobre todas, una invaluable literatura escrita por los antiguos Baditsabas. Si quieres saber más sobre ellos. Debes ir ahí. —
Grimmor asintió con lentitud.
Dummur lo miró con una sonrisa contenida.
El pequeño Grimmor dijo: — Encontramos textos tallados en cúpulas de cuarzo. Geometría imposible. Lengua curva, no lineal. —
— Creemos que algunos de sus textos se esparcieron. Que antiguos pueblos los llevaron a planetas adyacentes… como semillas que no sabían que estaban sembrando. —
El Shidorl respondió: — Gladius primero. El padre de Darkón. Explotó el planeta hace varios ciclos. Cometió atrocidades difíciles de recordar, Emperador Grimmor. Exterminó las almas de los Baditsabas sin saber la calamidad que cometía. —
— Los Telikitas… los Telikitas… — Dijo Grimmor inquisitivo.
— Los Telikitas caminan entre nosotros. Hace mucho, pero mucho tiempo. — respondió el Shidorl, se paró en seco y dijo: — Pero no eran como nosotros. —
Grimmor abrió los ojos para mirar bien las reacciones del Shidorl y dijo: — La pulsera —
El Shidorl se sorprendió. Entrecerró los ojos y dijo levantando un dedo: — La cúspide de su tecnología —
Grimmor se irguió dentro de la cabeza de su robot, alerta.
— Un anillo extenso que rodeaba la muñeca como una espiral viva. Tecnología telar. Con ella, plegaban el espacio. Solo necesitaban alzar la mano… y pensar. En seguida el universo obedecía. No, se reconfiguraba. La realidad no era para ellos una ley, sino una sugerencia. El universo no era más que una continuidad perpetrada sólo por su buena voluntad. —
Grimmor no habló por un momento. Dentro de su cápsula, sus dedos pequeños se entrelazaron. El sudor que salía de ellas cayó con lentitud al fondo.
— ¿Y por qué se ocultaron? ¿Por qué nadie los ha visto en milenios? —
— Porque llegaron al límite. —
— Cuando el poder de crear ya no sacia… solo queda entender. Eligieron la autoreclusión. Para buscar la verdad última. No fuera del universo… sino en su borde. —
Grimmor miró al Shidorl con muchas más preguntas en su cabeza. — Un momento más… tengo muchas más preguntas para ti… —