Ahí en el fondo
Acadio del cuadrado luego de enfundarse en su traje de entrenamiento, se sentó para comenzar su meditación. En ella, usó el Khandú y avanzó cinco segundos al futuro. En él, se puso de pie y tomó posición de pelea.
La seta ya había entrado en su sistema. El Fagocitador ayudó a que comenzara más rápido, así, en pleno peak de euforia y excitación se liberó de lo casual y logró estirar su técnica.
En su visión de 5 segundos al futuro usó su Khandú de nuevo y avanzó tres segundos más y en la última visión pudo avanzar 1 segundo más. Todo gracias a la seta.
En ese futuro del futuro, nueve segundos antes, una explosión lo arrojó lejos mientras entrenaba.
Se golpeó contra una pared.
Sus blancos cabellos se deslizaron por el aire contrayéndose por el fuego. Aunque su cuerpo era fuerte, su arma más efectiva era la experiencia de los años. Su espalda quedó destrozada sin la ropa de Nihilo negro, pero no perdió la calma. Ahogando su dolor, mirando la habitación, calmado, volvió al ahora.
Se despertó de la visión, retrocedió al presente y salió corriendo.
Salió por el pasillo rápidamente para accionar un botón de emergencia en una pequeña sala. De inmediato las alarmas inundaron todo: — Estamos siendo atacados. —
Gya se despertó por el sonido de las alarmas. Enseguida escuchó una explosión.
Abrió la mica de la entrada y vió estrellas fugaces dentro de la nave-ciudad. Estrellas brillantes y fatales, que anunciaban muerte y destrucción.
Corrió al armario, sacó un cuadrado metálico y salió.
Mientras caminaba por el andamio y las estrellas fugaces destrozaban todo a su paso se presionó el cuadrado metálico contra el pecho. Una serie de nano robots comenzaron a trepar por su cuerpo envolviéndola en su traje de batalla de Nihilo negro.
Se agachó y presionó unos botones en ambas rodillas. Una explosión de gas acusó la apertura de un mecanismo, se encendieron tres luces verdes que iban subiendo por su pantorrilla metálica: — Es ahora o nunca — se dijo.
Carantos cayó al suelo desde la silla donde dormía. Su bata negra con manchas de sangre le impidió moverse en el aire y su espalda chocó con el frío concreto.
Se asustó y levantó las manos como buscando ayuda de una madre invisible.
Despabiló y se tranquilizó: — Las alarmas. ¿Nos atacan? —
Miró al Sporo. Parecía desmayado.
Se asustó y se encorvó mientras se ponía de pie. Una explosión lo asustó.
— Maldición nos atacan. —
El Sporo parecía que se despertaba.
Otra explosión.
No tuvo más alternativa que salir.
Corrió por el pasillo hasta el exterior del domo y vió luces que surcaban los cielos de la nave ciudad, destruyendo todo y trayendo en ese réquiem, una triste canción de dolor.
Quiso correr pero una explosión lo sacudió. Saltó cuando la vió con su Khandú, pero la onda expansiva no le dió chance de reaccionar, era como si fuera con efecto retardado. Justo en el límite de su habilidad.
— ¿Los Kantorianos? — Pensó cuando sintió que su Khandú podría no servirle del todo: — Maldición, tiene un retraso de cinco segundos. Mi límite —
Tastabilleó y vió en su visión que ya era muy tarde. Tres robots Kantorianos llegaron del cielo y aterrizaron rodeándolo. En seguida se prendieron tres puntos rojos de las mirillas de las armas de los Kantorianos.
Carantos vió que no lo matarían si se rendía. Estratégicamente, para tener algo más de tiempo, cayó de rodillas y puso las manos en su espalda.
Cuando fue maniatado y dejado acostado en el piso, llegaron dos más.
Con dificultad miró arriba cuando escuchó las órdenes que uno le daba al resto.
Vió que ese robot era diferente, tenía sobre sus hombros, incrustaciones de oro endurecido y una pequeña capa de piedras presiozas de color blanco uqe caía sobre media espalda.
— Ahí adentro está el Sporo, tráiganlo — Dijo Grimmor y miró a Carantos que estaba en el suelo con sus pequeños ojos de niño viejo y le asestó una patada en la cabeza que le hizo perder el conocimiento.
— ¿A quién crees que estás mirando? — le dijo.
Karkrauft entró dando grandes zancadas metálicas. Corrió por el pasillo con una habilidad única, dada por los años de práctica dentro de su robot.
Encontró al Sporo atado a una cruz de concreto.
Caminó hacia él y mientras le salía del brazo un cuchillo de fuego rojo que ajustó con una pequeña rueda con su otra mano haciéndolo delgado y filoso.
Cortó las cadenas que lo ataban como si fueran mantequilla y el Sporo cayó al suelo.
Karkrauft lo agarró con una mano como si se tratara de un cuerpo sin vida y salió con él.
A fuera el Emperador de los Kantorianos lo esperaba con la guardia real. Cuando lo vió salir con el Sporo dijo: — ¿Y para esto se hacen tanto problema? — Y se agachó para mirar al Sporo más de cerca — ¿Quien eres Sporo? —
Gya los acechaba de cerca. Ocultaba su presencia como la mejor de las cazadoras.
Vió que tenían a Gene y a Carantos, el médico real. Para los koratak Gene no representaba nada, menos que nada, el solo hecho de pensar en salvarlo era un despropósito, en cambio Carantos era dueño de tanta información que en estos momentos valía más muerto que vivo. Era una pieza invaluable en el imperio koratak.
— Te salvaré cueste lo que cueste Gene — Dijo Gya mientras los miraba desde la oscuridad.
Un rato después, el Sporo despertó con un espasmo. No podía moverse.
Estaba dentro de una cápsula semi translúcida, tumbado de lado. Todo era oscuro, salvo los destellos rojizos que rebotaban por fuera.
Una pequeña luz intermitente marcaba su pulso. Un leve zumbido se colaba por el líquido.
— ¿Dónde… estoy? — pensó.
Sus músculos no respondían, pero estaba despierto. Su mente aún era ágil… ardía.
Sintió la vibración de los pasos metálicos del robot que lo cargaba. Podía escuchar los sonidos exteriores como si estuviera debajo del agua.
Gene reconoció la silueta. Aquella marcha precisa y afilada.
Sintió el vaivén del cuerpo oscilando sobre los brazos fríos del Kantoriano.
Enseguida cerró los ojos y salió de su cuerpo.
Y en ese instante, su proyección astral emergió de su pecho como un soplo de luz en la sombra. Invisible.
Silencioso.
Como una sombra hecha vapor.
Gene desdoblado miró el mundo a su alrededor como si fuera un sueño hecho de humo negro. Y vio la espalda de su captor.
Vió el aura de su titiritero en su interior, en la parte superior del pecho y la cabeza, embutido dentro del robot. Una luz tenuemente amarillenta en forma de niño regordete.
Sintió nervios. Se paralizó y un golpe seco de las murallas derrumbándose lo llevó al recuerdo de la tortura que Carantos le hacía. Recordó cuando tocó la pantalla tácitil en su modo astral.
Se acercó corriendo al robot de Karkrauft, se impulsó por el aire y empujó su pierna derecha desde un costado con todas sus fuerzas. Aunque no fué suficiente, su ímpetu pudo más. La punta del pie del Kantoriano resbaló. Fue como una corriente invisible que lo hizo trastabillar.
— ¡Tch! — gruñó Karkrauft al perder el equilibrio — ¿Qué…? —
El guerrero erró un paso, luego otro y tropezó violentamente.
En su caída, soltó la cápsula que se deslizó por el suelo y chocó contra el muro con un estruendo seco.
El cuerpo de Gene rodó dentro del recipiente. Pero ahora, su proyección astral estaba al lado del panel de control.
Gene se giró, miró los botones con atención, y reconoció uno con un triángulo invertido. Lo había visto antes, en simulaciones de emergencia.
Sin dudarlo, extendió la mano astral y presionó el botón.
¡CLACK!
El cierre de seguridad de la cápsula se destrabó. Un vapor blanco escapó por las rendijas. Las luces internas se apagaron.
El cuerpo de Gene regresó en un destello a su forma física.
Tomó una gran bocanada de aire.
Y salió corriendo.
Sus piernas temblaban, pero la adrenalina era más fuerte. La cápsula giró tras de él mientras se impulsaba por el pasillo iluminado por explosiones lejanas.
— ¡Alto! — gritó Karkrauft poniéndose de pie de un salto.
Pero antes de que pudiera alcanzarlo Gya apareció desde las ruinas en llamas.
Su armadura de Nihilo negro relucía con reflejos azulados y anaranjados.
Su piernas metálicas tenían encendidas cinco luces verdes, su cabello ondeaba por el viento caliente y sus ojos… sus ojos eran los ojos de una depredadora.
Se interpuso entre Gene y Karkrauft.
— ¡Aléjate del Sporo! — rugió con voz seca, como nunca antes.
Sacó de su cintura un pequeño bolso de tela y se lo arrojó al Sporo.
Gene se frenó en seco detrás de ella. Karkrauft los miró de frente..
El Sporo tomó el bolso y vió en su interior cinco regeneradores celulares y una pantalla táctil. De inmediato supo el plan y los miró.
Por un segundo, tres destinos se encontraron frente a frente en un pasillo cargado de tensión y fuego.
Karkrauft activó sus cuchillas ardientes. Gya sacó de uno de los bolsillos de la cintura, una pequeña seta, alzó el brazo y se la metió por el fagocitador. Presionó unos botones al costado de su rodillas, las tres luces verdes se volvieron rojas.
Y Gene, jadeando, comprendió que el escape… había comenzado.